Hombres desaparecidos y tumbas sin identificar en Cuba

Opositores en Santa Clara luego de muchos años de búsqueda pudieron determinar que en algunos de esos osarios reposan restos de caídos en combate en el Escambray

Hombres desaparecidos, tumbas sin identificar y fosas comunes en cualquier lugar de las montañas de la antigua región Escambray forman parte de las páginas inconclusas de la Historia de Cuba de las últimas cinco décadas.

Pero la tarea de compilar las verdades para componer sin omisiones la Historia es difícil por una razón central: la falta de voluntad de los fundamentalistas cubanos para decirle a los familiares de los que murieron en combates en el Escambray o que fueron fusilados en esa región, dónde están los restos de los fallecidos.

Mario Miranda alzado contra el régimen de Fidel Castro murió en un enfrentamiento con la “Milicia Revolucionaria” en un punto conocido por El Dátil en Guanayara zona montañosa de la Región Escambray el día 4 de enero de 1961. Aún su familia no sabe dónde está sepultado. Han realizado todo tipo de preguntas y nunca han encontrado respuestas de las autoridades cubanas.

Gabriel Miranda hermano de Mario residente en Trinidad, declaró que su familia denuncia al gobierno cubano por no haberle dado nunca confirmación de la muerte del insurgente, ni el lugar donde está sepultado.

“Queremos que la opinión pública conozca de esta etapa de dolor que hemos vivido desde 1960 hasta la actualidad”, dijo el expreso político que también se alzó en armas en la zona de Trinidad en 1960 y cumplió prisión en cárceles cubanas.

Según recuerda Gabriel Miranda el día del enfrentamiento en El Dátil donde estaba su hermano, murieron todos los “alzados” y la milicia lo informó así. Luego dejaron los cadáveres en el cementerio de Trinidad para que los sepultaran y aunque la familia buscó entre los muertos y realizó todo tipo de indagaciones nunca encontró respuestas de las autoridades locales.

Explica Gabriel que ante el silencio oficial decidieron hacer pesquisas por cuenta propia en el cementerio de Trinidad y lo único que pudieron conocer es que en ese lugar sí hay muchas tumbas pero no están identificadas y que en ese cementerio no existen controles que indiquen a quienes pertenecen las fosas sin identificar.

Gabriel con más de setenta años trabajó en el cementerio de Trinidad por un tiempo y dice que aprovechó la oportunidad para revisar el lugar. Tenía la esperanza de encontrar algún indicio de su hermano pero lo que ha podido confirmar es que no son la única familia que no ha cerrado ese capítulo de dolor que se escribió en Cuba en los primeros años de la llegada al poder de Fidel Castro.

“Ya sólo nos queda contar la historia de nuestra familia para que el mundo entero conozca esto que ha ocurrido dijo el expreso político cubano, alzado en el Escambray en los primeros meses de la llegada al poder de la dictadura más larga de América Latina.

Cinco décadas de silencio y dolor.

Las historias de familias cubanas que nunca han podido saber dónde fueron sepultados los restos mortales de los que fallecieron en combates o fueron fusilados en los primeros años de la llegada al poder del Ejército Rebelde comandado por Fidel Castro, es extensa.

Los nombres de aquellos que aún pueden considerarse desaparecidos porque no ha habido confirmación de la muerte también conforma una extensa lista pero durante cinco décadas el gobierno cubano ha echado paletadas de silencio sobre el tema y cientos de familias cansadas de indagar y buscar el lugar donde reposan los seres queridos han decidido dejar la página inconclusa, algunos porque se han sentido impotentes ante el silencio oficial o la evasiva de las autoridades del MININT, otros por miedo a represalias y el resto porque en han fallecido.

Cinco décadas de silencio es tiempo suficiente para que capítulos de historias no contadas, ni publicadas, corran el riesgo de pasar inadvertidas.

En los primeros años de la llegada al poder de Fidel Castro se fusiló en Cuba en cualquier lugar y después los restos mortales de los aniquilados fueron enterrados en los cementerios más cercanos a los lugares del fusilamiento. De igual manera se procedió con los caídos en combates o enfrentamientos guerrilleros en el Escambray y en otras regiones del país.

Lo más común era que las autoridades no informaban dónde habían sepultado al fusilado o muerto en combate y eso llevó a los familiares a vagar por los distintos cementerios para averiguar si sus seres queridos estaban allí. Muy pocos pudieron obtener información o localizar las tumbas de los sepultados, en ese momento.

Algunos entrevistados dijeron que al cabo de muchos años fue que recibieron información oficial de dónde estaban los restos mortales de los seres queridos y otra parte ha denunciado que nunca fue informada.

En indagaciones con familiares de fusilados y muertos en combate, han relatado que recuerdan muy pocos casos en que entregaron los restos del fusilado para que le dieran sepultura.

Con los fusilados y los que caían en los combates en el Escambray se procedía de una manera similar: los cadáveres de los insurgentes o fusilados eran recogidos en las zonas donde caían y los llevaban al cementerio, siempre en horario nocturno y allí los sepultaban. Como los sepultureros desconocían datos del muerto procedían sin identificar las tumbas lo que hace suponer que cuando eran varios los cadáveres se dificultaba mucho más determinar exactamente a quién podría pertenecer.

También existieron decenas de familia que no recibieron información del Cementerio donde sepultaron a los insurgentes hasta pasados varios años y otras fueron informadas de que en la tumba les habían incluido un seudónimo de ahí que la familia del alzado Pedro González cuando iba al cementerio rendía tributo ante una lápida que tenía otro nombre porque sencillamente la seguridad del estado les impuso esa condición: decir donde estaba pero usando un seudónimo.

Ese es uno de los capítulos de dolor que las familias implicadas en Cuba no han podido cerrar.

Y es una historia de sufrimiento que apenas conocen las actuales generaciones por el marcado interés del gobierno extremista de imponer Otra historia para justificar los crímenes, los asesinatos, y las extensas páginas de nombres de desaparecidos por haberse enfrentado al poder totalitario.

Sobre este tema y las declaraciones de Gabriel Miranda que fueron publicadas en Marti Noticias:

Muchas familias de la zona del Escambray no han encontrado aún los restos de sus familiares muertos en combate o fusilados durante la confrontación civil que tuvo lugar en la década del 60 en esta región central de Cuba.

La tarea de compilar las verdades para componer sin omisiones la historia, es difícil por una razón central: las autoridades cubanas jamás han explicado a estas familias donde están los restos mortales de quienes murieron en lo que el régimen bautizó como “lucha contra bandidos” y que en realidad fue un alzamiento popular contra Fidel Castro y su propuesta comunista.
Mario Miranda, alzado contra el régimen de Fidel Castro, murió en un enfrentamiento con la “milicia revolucionaria“ en un punto conocido por El Dátil, en Guanayara, zona montañosa de la región del Escambray el día 4 de enero de 1961. Su familia aún no sabe dónde está sepultado. Han realizado todo tipo de preguntas y nunca han encontrado respuestas de las autoridades cubanas.

Gabriel Miranda, hermano de Mario, residente en Trinidad, declaró que su familia denuncia al gobierno cubano por no haberle dado nunca confirmación de la muerte del insurgente, ni el lugar donde está sepultado.

“Queremos que la opinión pública conozca de esta etapa de dolor que hemos vivido desde 1960 hasta la actualidad”, dijo el expreso político que también se alzó en armas en la zona de Trinidad en 1960 y cumplió prisión en cárceles cubanas.

Según recuerda Gabriel Miranda, el día del enfrentamiento en El Dátil, donde estaba su hermano, murieron todos los alzados y la milicia lo informó así. Luego dejaron los cadáveres en el cementerio de Trinidad para que los sepultaran y aunque la familia buscó entre los muertos y realizó todo tipo de indagaciones, nunca encontró respuestas de las autoridades locales.

Explica Gabriel que ante el silencio oficial decidieron hacer pesquisas por cuenta propia en el cementerio de Trinidad y lo único que pudieron conocer es que en ese lugar sí hay muchas tumbas pero no están identificadas y que en ese cementerio no existen controles que indiquen a quiénes pertenecen las fosas sin identificar.

Gabriel, con más de setenta años, trabajó en el cementerio de Trinidad por un tiempo y dice que aprovechó la oportunidad para revisar el lugar. Tenía la esperanza de encontrar algún indicio de su hermano pero lo único que ha podido confirmar es que no son la única familia que no ha cerrado ese capítulo de dolor que se escribió en Cuba en los primeros años de la llegada al poder de Fidel Castro.

“Ya sólo nos queda contar la historia de nuestra familia para que el mundo entero conozca esto que ha ocurrido, dijo el expreso político cubano, alzado en el Escambray en los primeros meses de la llegada al poder de la dictadura más larga de América Latina.

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Autor: Idolidia Darias

Es la frontera transparente donde no hay jerarquías ni distancias, solo la memoria de una nación a la que sigo atada por los lazos del arcoíris.

4 comentarios en “Hombres desaparecidos y tumbas sin identificar en Cuba”

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