Cuba: 50 años atrás sin internet ni teléfonos celulares

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Una gran parte de los cubanos que enfrentaron la Dictadura en la década del sesenta eran menores de 33 años (la edad de Cristo Rey) y también una notable cantidad de ellos eran mujeres, incluyo las que conspiraron y ejecutaron acciones contra el régimen y las madres hermanas y esposas de los opositores, que no fueron al monte, ni realizaron acciones públicas pero se dedicaron a apoyar y colaborar con los hombres de la familia a riesgo de las detenciones y del acoso a los hijos menores.

Por aquellos años en ningún lugar del mundo el oprimido tenía las vías para dar a conocer su realidad con solo accionar un dispositivo electrónico, pero eso no quiere decir que las personas no se hayan opuesto, ni hayan enfrentado los sistemas opresores (insisto en no torcer camino ni a la izquierda ni a la derecha).

Pero hoy los tiempos son otros, como otros son los recursos que tienen los seres humanos para contar su realidad y abogar porque se haga justicia y se imponga la verdad.

Ahora que en todos los sitios digitales y en todos los teléfonos celulares  y leo o escucho sobre Venezuela donde la cifra de personas muertas en las protestas sigue subiendo no puedo dejar de apelar a la MEMORIA CUBANA. 18447266_415783778820477_455487243597654046_n

Y es que quiero dejar constancia de lo que me contaron mis cubanos sobre la época en que en laisla no había Internet, ni teléfonos celulares, ni videocámaras al alcance del más común de los humanos para graficar los hechos.

Recuerdo las palabras de Estrella Cuéllar cuando me contó cómo las huestes militares en la isla confinaron y allanaron su casa en varias ocasiones a pesar de que su esposo Osvaldo Ramírez llevaba meses  alzado en el Escambray contra los bandidos que  tomaron el poder. Cuenta que los milicianos solían llegar  a su casa en Sancti Spiritus a cualquier hora y sin decir qué buscaban o por qué del allanamiento  rompían almohadas, colchones, revolvían vitrinas, calderos, escaparates y se iban dejándolo todo así. Los4  hijos de Osvaldo y Estrella, menores de edad todos, fueron asediados en varias ocasiones por esos militares cuando salían para la escuela. . Les quitaban las maletas con sus libros para revisarlos hoja por hoja. Vigilaban la casa todo el tiempo. Los seguían a donde quiera que fueran. En todas partes los señalaban como los hijos del “bandido”.

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Mujeres del presidio histórico cubano

En la década del 60 siglo pasado no había forma de graficar esas acciones por eso nadie se enteraba. Los pocos vecinos que alcanzaban a ver aquello no abrían la boca para defender puesto que eso los señalaba  como cómplice de la familia blanco del terror policial.

Durante los años que Osvaldo Ramírez estuvo alzado ella lo pudo ver una sola vez porque burló la vigilancia permanente pero sus hijos nunca más lo vieron. Cuando fue abatido por los milicianos tampoco le permitieron hacer un funeral  y a la familia nunca le dijeron dónde fue sepultado.

Amparo la esposa de Plinio Prieto andaba huyendo por otra provincia con dos hijos menores de edad  para evitar represalias contra ellos porque su esposo se habían alzado en el Escambray  contra los bandoleros vestidos de verde olivo.

Desde que el se fue al monte no lo pudo ver  más. Supo que le hicieron un juicio sumario en Santa Clara el 12 de octubre de 1960  y lo fusilaron esa misma noche en el paredón de La Campana, Manicaragua, junto a otros 4 hombres que también habían decidido  luchar contra el régimen comunista que anunció Fidel Castro nada más llegó al poder .

Porfirio Ramírez fusilado junto a Plinio Prieto en La Campana apenas cumplia 23 años cuando lo llevaron al paredón. Su esposa Clarita y su hijito recién nacido no pudieron  despedirse de él.

Olguita la viuda de William Morgan (fusilado en Cuba) sufrió humillaciones cárcel y torturas por  conspirar contra la Dictadura y apoyar a su esposo.

La lista de fusilados en la isla es inmensa. A ninguno le dieron derecho a un abogado, ni a un juicio justo. Los sobrevivientes de aquella jornada negra recuerdan que las noticias de los que la Dictadura hacía con ellos le llegaba a la familia meses después.

No había teléfonos, nadie podía sacar fotos, ni tomar videos. La televisión y la prensa del régimen solo publicaba lo que creía conveniente y como no había redes sociales ni cámara fotográficas era difícil publicar y que en dos minutos los informes volaran por el mundo entero.

Los jóvenes y su tiempo

Cientos de cubanos que se enfrentaron al totalitarismo eran muy jóvenes, entre ellos hubo menores de edad y se desconoce la cifra exacta de los que la Dictadura Cubana ordenó fusilar o ir a la celdas tapiadas con apenas 18 años.

19030552_428917680840420_5198935724397123729_nLas historias de ellos se fueron conociendo mucho tiempo después y aún queda la asignatura pendiente de hacer que la conozcan con detalles todos los cubanos, no importan donde estén.

Para mí es importante recordar siempre que en Cuba sí hubo rebeldía y corrió mucha sangre. Lo escribo en mi blog. Lo publico en mis redes sociales. Le cuento a todo el mundo cada historia que ellos me cuentan  a mí y las llevo a la web para ponerlas a la misma altura de las que se publican en tiempo real ahora. 

Ese es el tributo mayor que puedo ofrecer a los que me contaron las  historias que ocurrieron cuando era una niña y a mi padre que siempre estuvo claro de lo que significó el comunismo y la llegada de los militares al poder en Cuba.

A veces escucho a la gente hacer comparaciones de la forma en que actúan los pueblos en este siglo y lo que ocurrió en Cuba y se habla de que este o aquel pueblo “no está hecho de la misma pasata”. y aunque no busco polemizar no me queda de otra que recordar las palabras de las víctimas y escribirlas para no perder la memoria, la memoria cubana.

(Fotos tomadas de la página de Facebook de Luis Infante, preso político cubano al que agradezco infinitamente su ayuda cada vez que acudo a él para luchar contra el olvido).  

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Volver al Escambray no fue fácil

Antes de 1959 José de Asís vivía en una finca de su  propiedad en el macizo montañoso de Mayaguara, entre Meyer y Condado, antigua región Escambray. Pertenecía a la Reserva Militar que tenía el ejército del país en aquel momento aunque nunca lo llamaron a filas.

carretera-a-topes-de-collantesNo tuvo simpatías ni vínculos con los que se alzaron contra Batista antes de 1959 y al principio del triunfo de la revolución tampoco se  unió a ningún grupo de los que   se alzaron contra Castro. Asegura que no quería saber nada de aquello ni para bien ni para mal, solo se interesaba trabajar y echar para adelante a su familia pero lo que le pasó en 1961 lo obligó a determinarse contra el régimen.

Cuando lo conocí en 2001 vivía en el campo muy cerca del municipio de Manicaragua en una casita precaria. Estaba casi ciego. Apenas veía figuras borrosas  frente a él.

“No  puedo ver tu rostro, solo veo tu silueta frente a mí pero me dijeron que eres de fiar y te quiero contar lo que enfrenté.

Cuenta José“En 1961 fui apresado y llevado a un calabozo en Condado, Trinidad, acusado de colaborar  con los alzados. Estuve allí 14 días en una celda y las condiciones eran torturantes, era muy bajita, no me podía parar pero cuando intentaba acostarme tampoco me podía estirar lo suficiente porque el espacio era reducido,  para colmo la luz encendida todo el tiempo y la puerta tapiada. Me decían que ellos me iban a demostrar que yo era colaborador y traían personas para que me identificaran y acusaran pero ninguna me identificó como tal, no hubo un testigo que dijera algo que me ibicara como sospechoso, por eso al final tuvieron que soltarme  pero los muy descarados y criminales esperaron a que fuera de noche y me bajaron de un carro en un lugar del que yo no tenía idea ni me pude orientar en medio de la oscuridad. Me senté debajo de un árbol y esperé el  amanecer.

Para intentar orientarme empecé a caminar por un camino pero tampoco sabía  hacia qué lugar de la zona me dirigía, luego de un rato encontré personas que me pudieron dar una idea y entonces me orienté.

Por esos abusos decidí colaborar con los alzados y escogí ayudar a  Leonel Martínez (ese alzado fue de los últimos que mataron. Era un hombre excelente y le ayudé todo lo que me fue posible y no me agarraron,  ni sospecharon de mí”.

Recuerda José que por aquellos años hubo casos de alzados que no tenían buena reputación, “pero eran pocos”.

”La gente comentaba de un tal Pata de Plancha (no recuerda su nombre) que acabó en esas lomas, hizo de todo”. Sin embargo Tomás San Gil era muy buena persona, respetable, decente, valiente  de buena estima por todos y de una familia íntegra. A él le decíamos Tomasito y sé que se metió en la  lucha por convicción pues tenía muy buena posición económica y no les iba mal ni a él ni a su familia así que pienso que luchó porque en Cuba no hubiera comunismo. Yo conocí de vista a  Cheíto León  pero no tuve amistad ni relación, no tengo criterios de él ni a favor ni en contra. Lo que sí oía de él en toda la zona de Trinidad es que era muy valiente y peleaba duro”.

Para José aquella etapa en el Escambray fue muy difícil y confusa, No se sabía quién era en realidad cada persona que se acercaba a otra. “Lo mismo caías en manos de alzados que de la milicia pues si ayudabas a  los alzados la milicia te apresaba pero si ayudabas a la milicia los alzados se celaban de ti, te creían chivato, informante y la situación se complicaba. También algunos campesinos se hacían pasar por colaboradores y si tú te unías a ellos para colaborar te delataban con la milicia y el G-2 como le llamaban cuando aquello a la  Seguridad del Estado. En aquellos montes nunca  se llegaba a saber qué camino era más confiable y seguro”.

En diciembre de 1971 José  fue citado junto con otros campesinos para Trinidad. Allí los rodearon muchos milicianos armados con carabinas y los obligaron a subir a camiones que se usaban para transportar vacas y que salieron con rumbo desconocido. Ninguno tenía noción de lo que estaba pasando ni por qué aquellas medidas de seguridad extrema. Todo el tiempo los militares que montaron en cada carro les apuntaban con las carabinas.  Al cabo de muchos kilómetros se dieron cuenta que iban para Santa Clara.

Ya en esa ciudad les dijeron todo tipo de ofensas, les insistieron en que nunca podrían regresar al Escambray pero jamás hubo una frase sobre el futuro inmediato de ellos.

Los pusieron en fila. A ambos lados estaban los combatientes armados y así sin poderse mirar unos a otros los hicieron subir al  tren y así los mantuvieron todo el viaje. “Eran muchos guardias y milicianos con unas armas que nunca  había visto, dijo José..

maxresdefaultEl tren emprendió viaje hacia el Occidente y un día después a José y a un grupo de campesinos que nunca había visto les ordenaron bajar en un lugar totalmente desconocido.

“Aquello era una prisión cercada, como un campo de concentración. Yo un día dije que preso no trabajaba  y un teniente me dijo que yo no era preso, entonces le respondí pues  me voy pa’ Trinidad y me dijo que ni se  me ocurriera porque de allí no podía salir”.

En el tiempo que estuvimos allí fuimos todos  muy rebeldes, teníamos discusiones con los guardias.

José recuerda que meses despues de estar allí se presentó algo inesperado para un grupo de ellos. Sedieron cuenta que los habían puesto en una circunstancia similar a la que viviían pero en otra región del país.

Recogieron a 25 hombres y los trasladaron para Miraflores que queda al norte de Morón en la antigua provincia de Camagüey. Era una zona donde sólo había mosquito y jejenes. No tenían rejas ni alambradas los barracones pero el mismo sistema de prisión se mantenía.

“Hubo algunos que se fugaron de allí pero los atraparon y metieron en celdas de castigo varios días, Cuando los devolvieron al albergue parecían otras personas, muy delgadas y con muestras de haber pasado algo muy terrible.

En Miraflores también tuvieron que trabajar haciendo los edificios de apartamentos en medio de aquellas zonas despobladas. Les decían que esas serían las casas de ellos y sus familias.

“En Trinidad no me quedó nada, la finca me la quitó el Gobierno Revolucionario, la casa se la dieron a unos orientales. Sacaron de allí y mi esposa que leugo se fue conmigo a Miraflores cuando terminamos de hacer las casas. Mis hijos  se quedaron  viviendo en Manicaragua.  “Mis padres y hermanos que vivían cerca de mí en las montañas murieron. Solo te cuento que yo no vi más a mi madre desde el 1971 en que me sacaron del Escambray hasta el día que ella murió, porque vivir en un lugar tan intrincado como Miraflores con todos los problemas de transporte que hay en Cuba era difícil. A veces nos daban un pase por tres días y  te demorabas tanto en llegar que ya era la fecha del regreso y entonces caías como ausente y te sancionaban. La única vez que vi a mi madre después que me sacaron del Escambray fue en su entierro. Cuando me avisaron de su gravedad partí para allá pero  no alcancé a verla con vida”.

Por eso volver nunca fue fácil pero algo logré

430072_478032562217062_576553469_nEn 1975 la dictadura en Cuba ordenó la división administrativa de tal forma que dejó de existir la Región Escambray y la dictadura anunció que ya se habían eliminado los focos insurgentes que denominaron “bandidos”.

El pretexto por el que supuestamente sacaron de allí a miles de campesinos -decían que para protegerlos de los alzados contra Castro- ya no estaba sin embargo ninguna de esas familias pudieron regresar a las fincas y caseríos donde vivieron.

Jose intentó regresar a su  antiguo terruño pero el lugar más cercano que encontró  fue en el municipio de Manicaragua en una ranchito que le ayudó a levantar un cerca del barrio de La Carranchola. Y allí se asentó en 2001.

En esa casita lo conocí y ya estaba casi ciego. Apenas veía figuras borrosas  frente a él.

“No  puedo ver tu rostro, me dijo, pero te quiero contar lo que enfrenté y por lo que  le cogí todo el odio del mundo al sistema comunista desde los primeros años cuando  fusilaron al esposo de mi hermana que se llamaba José R. Tápanes. “Lo que hicieron con  mi cuñado fue un crimen, yo diría que renombrado. Lo acusaron de algo que él no hizo, mi cuñado lo negaba e insistía en que era inocente, pedía que buscaran pruebas que lo inculparon y no aparecían las pruebas, sin embargo un oficial  al que le decían ‘El Magnífico’ y que recuerdo que el  apellido era Milanés, lo mandó a fusilar. Un mes después se cogió preso al hombre que había cometido el delito del cual acusaban a Tápanes y lo confesó todo, entonces en el juicio dijeron: -Pues liberen a José Tápanes  que es inocente. Alguien dijo: -No, a él lo fusilaron hace un mes. Después supe que la sanción o  castigo que aplicaron al  ‘Magnífico’ fue un ascenso”.

“Hace unos meses fusilaron en la Habana a tres jóvenes porque se llevaban una lancha y querían irse para Estados Unidos, eso fue por gusto. Cuando aquello también fusilaban por gusto. Hay mucha sangre en el ambiente. Cuba es un charco de sangre inocente. A mí a veces me dicen que no hable, que me  mantenga en apariencia tranquilo, yo no puedo, no admito que me manden a callar. Aquí el año pasado cuando la firma esa que inventaron para contrarrestar el Proyecto Varela me hervía la sangre en el cuerpo viendo a esa gente bajo agua ir a firmar y a desfilar. Una mujer vino aquí a preguntar  por qué yo no iba a firmar ese papel y mi hijo le contestó: Mi padre está lúcido y tiene razones para decir y hacer, ve y pregúntale, habla con él. Cuando la muchacha vino le dejé bien claro es que yo no le firmo papeles al comunismo”.

“Mis hijos han sufrido toda mi historia, a uno de ellos que consiguió trabajo en Planificación Física en Manicaragua lo sacaron cuando se enteraron que yo era ‘gusano’ y me habían llevado a los pueblos cautivos. Otro de mis hijos sufrió un trauma muy grande cuando vio que a mí me llevaban preso para Pinar del Río y nunca se repuso de aquello, lo atormentó siempre la visión que tuvo de aquellos carabineros apuntandonos  y amenazandonos y se volvió obsesivo con esa idea, yo sé que su razón se afectó mucho hasta que un día se suicidó, luego murió mi esposa en parte la mató la tristeza y el dolor”. 

Volví al Escambray

Las palabras de los hombres del Escambray  para no perder la memoria cubana

Contado por los cubanos a los que la Dictadura calificó de bandidos, traidores y contrarrevolucionarios solo por oponerse a un régimen que demostró ser criminal, nefasto y corrupto desde el primer día.  

Ramón siempre vivió loma arriba en Jibacoa, a unos 20 kilómetros de Manicaragua. Tenía una casa y una finca para el cultivo del café y frutos menores. Sabía donde quedaba cada cueva y vuelta del río. Aquel lugar era su vida, decía siempre que hablaba de cuando fue feliz allí.

Pero en 1959 los rebeldes llegaron al poder y poco tiempo después todo cambió para el hombre y su familia. En 1961 se lo llevaron preso, lo acusaban de contrarrevolucionario, pero nunca le presentaron una prueba ni un testigo que asegurara tal cosa. Todo fue “de palabra y dedo” como ocurrió en Cuba desde que los rebeldes llegaron a poder.

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Jibacoa (foto actual)

El hombre nunca estuvo de acuerdo con la llegada al poder del Ejército Rebelde y colaboró en todo lo que pudo con los que ya en 1960 andaban alzados por el Escambray y desde luego eso lo convirtió en un sospechoso que los milicianos debían neutralizar.

Cuenta que cuando estuvo en manos del G-2 vio cómo a su lado fusilaron otros tres hombres y aunque no supo los argumentos de los milicianos para matarlos no le quedaron dudas de que era porque había sospechas sobre ellos con que se iban a alzar o ayudaban a los demás a hacerlo.

Por aquellos años los milicianos cumpliendo órdenes de sus jefes solían montar a los detenidos en carros jaulas y llevarlos a cualquier lugar en las montañas para fusilarlos o armar un simulacro de fusilamiento con el propósito de dar escarmientos y aterrorizar a la población.

Los paraban en pequeños grupos uno al lado del otro y les disparaban para que los demás vieran aquello hasta tanto llegara el turno del siguiente.

Me contó Ramón que a él cuando estuvo detenido  lo llevaron hasta la cortina de la presa Hanabanilla, por Jibacoa, junto con otros tres hombres. Lo dejaron al final de la fila y vio cómo s  fusilaron a los demás. Cuando llegó su  turno detuvieron los fusilamientos y lo montaron en el carro jaula  para regresarlo  a donde estaba preso.

Nunca supo porqué no lo fusilaron.

De los que fusilaron ese día supo el nombre de dos: Melquíades y  Serafín Otero.  Del otro no obtuvo ninguna información. Ellos no tenían delitos ni habían cometido tan graves como para fusilarlos. Los tres parecían tener menos de 30 años.

Con pesar describió al tercer fusilado como “un muchachón joven, fuerte, buen mozo como de 18 año”.

Así pasó con muchos en aquella época, no le presentaban ni una prueba de nada pero los acusaban y lo mataban. Les decían traidores, alzados y luego las descargas de los verdugos les segaban la vida.

El trece de julio en La Ceiba, Escambray, veintiún guerrilleros fueron asesinados. Todos habían estado presos por más de dos años en el presidio de Isla de Pinos y trasladados a Las Villas para su ejecución.

Aldo Chaviano, sobreviviente, recuerda la masacre con dolor. Primero fusilaron a dos, el resto con las manos atadas fue situado frente a un farallón. Recuerda que tres camiones alumbraron en lugar y que el fuego de fusilería no se hizo esperar, sesgando la vida de diecinueve hombres.  Tomado de “1963: El año del cuero duro”, un artículo escrito por el expreso político cubano Pedro Corzo.

Fusilaban todo el tiempo

Ramón asegura que era un  escarmiento a los que se rebelaron y a las familias que les ayudaban. Casi siempre las ejecuciones las hacían por la noche.

“Una vez convocaron a una fiesta en Yagunal, más arriba de Jibacoa, en el Escambray y cuando todos estaban en una explanada esperando que empezara la música trajeron a 5 hombres y los fusilaron delante de todo el que estaba allí sin importar niños, ni mujeres”. Otra noche hicieron lo mismo en Cuatro Vientos, reunieron al poblado pero a ellos si le pidieron que se quedaran para que vieran un fusilamiento. Simplemente decían que eran alzados y que por eso se hacía la ‘justicia revolucionaria’, dijo Ramón.

Las descargas de los fusiles en las montañas se oían mucho más de noche y el miedo cundió la región.

Después de varios meses preso a Ramón le hicieron un juicio en la Audiencia de  Sta Clara. Su causa era la 50 de 1962  y lo sentenciaron a 10 años. ¿Por qué, por contrarrevolucionario”, dijeron mis verdugos. ¿Quién me acusó? –Nadie. ¿Qué pruebas presentó el abogado? – Ninguna.

La frase que dijo un negro que estaba en el juicio “lo condenamos por convicción” no la olvidó nunca.

Terminó el juicio, le dictaron sentencia y para los calabozos hasta que llegó la orden de traslado a la cárcel. Estuvo en varias prisiones: Sta Clara, Sagua,  Remedios y los Arabos y pasó mucho tiempo sin ver a  mi esposa e hijos porque cuando ella iba a visitarlo a una prisión ya lo habían cambiado para otra sin avisarle.

Estuvo 8 años en prisión. Regresó a su casa en las montañas pero la alegría le duró muy poco. Fue citado para presentarse en Manicaragua y los encargados de avisar no le supieron decir el motivo de la citación.

Hicieron una recogida de hombres en  todo el Escambray.

Muchos años después varios de los que fueron citados aquel día (15 de diciembre de 1971) contaron los detalles a los periodistas que intentaron rescatar la memoria cubana de esa etapa triste de la historia de Cuba.

Tanto a Ramón como a decenas de hombres les ordenaron subir a unos camiones. Iban custodiados por militares y luego de reunirlos en las afueras de Santa Clara. con los que trajeron de otras regiones   verificaron los nombres en una lista. Les dijeron que los iban a trasladar hacia otras provincias por que eran personas desafectas a la revolución. Los montaron en un tren que los llevó hacia lo desconocido en un viaje que duró unas 36 horas.

Eran más de mil nombres en la lista que tenían los militares y  los transportaron como animales peligrosos bajo régimen de vigilancia absoluta.

Las familias que dejaron en las casas no los  vieron regresar aquel día y tampoco tuvieron noticias hasta muchos días después de que los dejaran en los sitios más apartados de Pinar del Río.

Los ubicaron en barracones rodeados de alambradas donde dormían por la noche y salían a trabajar por el dia en las labores que les asignaron los encargados de aquella aberración jurídica y humana contra hombres inocentes.

Ninguno de esos hombre fue acusado, ni juzgado a pesar de que los llevaron allí en contra de sus voluntades. Los obligaron a vivir en cautiverio y les prohibieron autodenominarse presos.

Los jefes (una especie de carceleros) les decían que no eran presos y no los  dejaban salir de allí excepto si les daban permiso o “pase”.

Trabajaron en lo que se dispuso ya fuera en la agricultura,  en granjas agropecuarias y en la construcción de edificio de apartamentos. Años después  las familias de casi todos pudieron ir a vivir a los pueblos cautivos en las casas que ellos mismos construyeron por orden del gobierno.

A todas las familias que el gobierno llevó por la fuerza a Pinar del Rio les confiscó sus propiedades. Ramón se quedó sin la finca que tenía en JIbacoa y cuando su esposa e hijos fueron a unirse con el la casa pasó a manos del estado.

Siempre dijo que le dolió  más que lo obligaron a vivir en Pinar del Río que los 8 años de prisión injusta que cumplió, por eso después de 1990 trató de regresar a su terruño.

Sabía que a su finca no podía hacerlo pero al menos intentó vivir en Manicaragua, sin embargo  a las 72 horas de estar viviendo en una casa que consiguió  allí se le aparecieron unos personajes vestidos de civil pero que todos sabían eran de la Seguridad del Estado y le dijeron que tenía que virar a Pinar del Río.

Le montaron todo en un camión y otra vez para atrás. Estuvo unos días en el pueblo cautivo viviendo en la casa de un hijo y de pronto una mañana se levantó con la resolución de regresar.

“Dije que aunque fuera preso mil años  volvía al Escambray … y volví”.  

Los “regulados” por la Dictadura

En menos de un mes he tenido acceso a una lista de personas a los que la #DictaduraCubana les impidió de forma arbitraria e ilegal salir de Cuba y les comparto un post de Lía Villares quien fue victima de una golpiza por parte de los #militarescubanos
Lía Villares (en dos ocasiones junio 19 y el 26 ),Kirenia Yalil Núñez, María Elena Mir Marrero, Wilfredo Vallín,Amado Calixto Gammalame,Boris González Arenas, Alexei Gámez, Rafael León Rodríguez, Regina Coyula, Hildebrando Chaviano, Erick Alvarez, Henry Constantin, Sol García Basulto, Joanna Columbié, Marthadela Tamayo, Juan Madrazo, Jorge Amado Robert Vera, Fernando Palacios, Berta Soler
José Daniel Ferrer, FéLix Llerena, Sayli Navarro, Yusleidy Romero (fue citada por la policia para informarle que no le permitirian viajar a México), Roberto de Jesés Quiñones (fue notificado de que no le permitirán viajar enjulio)
Otra crónica del #sinderecho
Escrito por Lía Villares horas después de que la liberaran.  

Cuando la muchacha me hizo mirar a cámara y me pidió que me echara para atrás que había un “problema” con mi pasaporte, calmadamente me cambié, saqué mis carteles y me paseé por todas las puertas de salida diciendo que era una ciudadana cubana sin derechos. “Porque no”, fue la respuesta a gritos que me dio una funcionaria de inmigración cuando pregunté reiteradas veces que me dieran una sola razón lógica que explicara la negativa a mi salida.


Habían allí más activistas, al menos cuatro, a los que habían prohibido igualmente viajar en el mismo vuelo a Cancún.
Después de “alterar el orden” a las 3 de la tarde en la terminal 3 del aeropuerto, esto es: sacar un par de carteles y gritar mis derechos civiles y políticos, ampliamente apabullados, fui empujada a la patrulla 880 de la policía aeropuertaria, por la oficial 07718, una puta disfrazada de policía o viceversa, que después de jorobarme el brazo por la espalda y montarme a la fuerza, cuando una funcionaria de inmigración le dijo “métele un tapaboca” para que me callara, se dispuso a propinarme una serie de galletazos, acompañada de una mueca de placer lésbico aberrado. Le mordí como pude la mano que me arañaba la cara con unas uñas estilizadas larguísimas y pintadas de morado y le grité “perra” esquivando las galletas con mis pies, hasta que logró metérmelos también mientras cerraba la puerta de un tirón y el policía chofer hermetizaba la ventanilla. El carro patrulla arrancó y me despedí de los presentes con el signo de Libertad con mis dos manos extendidas en el cristal. Les pregunté a los policías si habían visto la secuencia de violencia femenina hardporn que evidenciaba un abuso clarísimo de autoridad y me contestaron que me callara o yo me iba a enterar de lo que era un tapabocas de verdad.Me llevaron primero a la estación del aeropuerto, con un cartel que decía policía en varios idiomas, ruso, chino, italiano, francés… evidentemente confundidos, y después de un rato me trasladaron a la de Santiago de las Vegas (telf. 7683 2116) donde me tuvieron hasta las 8 de la noche, esperando por el agente de la 21, esta vez un completo desconocido, para darme la “libertad”. Ese lo único que hizo fue ponerme una multa de 30 pesos según el decreto 141 artículo 1 G y ni siquiera me dirigió la palabra, ni a mí, ni al jefe del calabozo, el superior 1er teniente Chaveco, que estaba desesperado porque me fuera de allí porque ya lo tenía loco conque me dejara hacer mi consabida llamada telefónica, a lo cual me respondía, impasible ante mi trágica, pero no menos cierta, autodenominación de “desaparecida” y “secuestrada”, que quienes tenían que autorizarla eran los de la CI (contrainteligencia), porque yo, los “opositores”, éramos un caso especial.

Al principio me molesté en preguntarle mi situación legal al oficial de guardia, otro derecho negado, a lo que indagué si tenía otra función en el calabozo además de comer mierda, después de haberlo visto flirtear con una presa, cogerse la corriente con un toma precario y bromear con los encerrados al respecto, de la manera más atolondrada posible. El joven se ofendió y llamó a la mayor Isabel Peña, según se identificó, jefa de instrucción penal, quien luego de conocer mi estatus de “CR” y decirle al muchacho que a ella nadie le llamaba comemierda de esa forma, y de leer en alta voz el cartel de mi blusa (el artículo 13 de la Declaración universal de los derechos humanos sobre la libertad de movimiento, con un tono altamente irrespetuoso), me hizo un despliegue fabuloso de chusmería y me dedicó a “pleno pulmón” (textual) y manoteo un repertorio de improperios, plagados del más forzado odio ideológico al estilo de “mercenaria, bandida, contrarrevolucionaria”… que ciertamente me dejaron atónita y con ganas de aplaudir semejante actuación, digna de una sala de teatro. Y salió indicándole al de guardia que si se me ocurría sacar el celular, me lo “incautara”.

Una tarde en una estación como esa da para escribir un guión dramatúrgico.

No pude ver ni un solo caso de delincuencia, propiamente. Le “ocupaban” o “decomisaban” o simplemente robaban 40 mangos a uno, 40 litros de cloro a otro. Una bolsa con las pertenencias de un homeless, pensando que también las vendía. Un “deudor” de multas “injustas”, que hizo trizas la nueva que le daban. Uno que “no hizo nada” y aún así le dejaron ir con una multa de 1500 pesos. Y la novia/asistente del joven policía de guardia, que nunca dijo por qué la tenían allí desde el viernes, siendo un lunes. Esa es la entretenida vida de un calabozo cubano: sin crímenes ni criminales.

Condeno una vez más la impunidad de todos los funcionarios públicos que participan y son cómplices de esta farsa, porque no creo que deba tomarse en serio la supuesta “autoridad” de estas personas, al servicio de la tiranía más larga de la región. Algún día habrá un ajuste de cuentas, no lo sé, pero deberían hacerse responsables por los secuestros y detenciones arbitrarias desde ya.

Las organizaciones que invitan a los activistas y gastan recursos en boletos que son desechados sin respuesta por los funcionarios de inmigración deben hacer una queja formal y oficial para que las indemnicen por los pasajes perdidos y haya un coste moral al menos para esta institución y quizás un freno a la hora de este actuar impune y represivo contra ciudadanos cubanos, pacíficos, defensores de derechos humanos.

Me solidarizo como una más, con todos los activistas que están siendo impedidos de salir del país, porque sé que en algunos casos esta politica del desgaste e intimidación puede funcionar y abandonarán por frustración y soledad. Pero muchos, seguiremos dando tremendo berro.

 

El Presidio Político de Isla de Pinos: Un libro imprescindible para entender a los presos plantados de Cuba

La lectura de El Presidio Político de Isla de Pinos de Ramiro Gómez Barrueco (Manino) es imprescindible para entender por qué a pesar de los años de prisión, de torturas y de abusos del castrismo los presos políticos plantados conservan el amor por Cuba y el deseo de ver libre el país donde nacieron.

El Presidio Político de Isla de Pinos sale a la luz meses después de que Barack Obama lanzara en su precario español el jQue bolá! como frase madre de todas las conciliaciones y le pasara por encima al rastro de sangre y dolor que han dejado los hermanos Castro y su séquito de adoradores en la isla, para anunciar lo del restablecimiento de relaciones entre la Dictadura y su gobierno.

No sé si el ex presidente Obama, ni sus asesores en el tema Cuba (insisto en destacar el nombre de Ben Rhodes), ni los que se sumaron en esos años de conversaciones y mediaciones secretas para que se hiciera el “milagro”, conocen bien una parte de la Historia de Cuba que la Dictadura ha intentado sepultar.

Pero si sé con exactitud que mi generación (la que nació a finales de la década de 1950 y la que fue llegando después) no conoce la verdad de lo que hizo el castrocomunismo para llegar a donde está.

Por eso, para ambos grupos, sugiero la lectura del libro de Manino, para que profundicen en el conocimiento de los hombres que enfrentaron al Aparato Represivo y que hicieron la historia del presidio político plantado y para que entiendan del valor e hidalguía que anida en ellos.

De cuando los del 26 de julio hacían acciones violentas pero no se usaba la palabra terrorismo

Cada año la Dictadura Cubana en sus medios de prensa recuerda las acciones que los integrantes del M-26-Julio realizaron para derrocar a Fulgencio Batista y alaba los métodos empleados para enfrentar a las fuerzas del orden en el país.

En aquella época en que los del 26 de julio hacían acciones  no se usaba la  palabra terrorista  los textos publicados por el régimen castrista justifican las acciones violentas con el hecho de que era necesario derrocar el sistema.

Según la visión de los vencedores  ajusticiar a tiros, hacer explotar una bomba en un lugar público, y  volar un puente era  imprescindible para derrocar al régimen.

Fueron acciones que aún alaban y defienden los comandantes históricos que siguen en el poder y los que ya murieron.

Les comparto un texto que encontré en Cubanos por el Mundo sobre una de las “lindezas” que hacían en esa época los del 26 de julio cuando la palabra terrorismo era justificada por sus protagonitas.

La historia de Urselia Díaz Báez y su bomba que provocó su muerte

Aunque Urselia Díaz Báez solamente tenía dieciocho años de edad al momento de morir, ya había realizado varios actos terroristas en lugares públicos de La Habana, donde asistía un gran número de personas inocentes, como se muestra en el libro: “Tras las huellas de los héroes,” escrito por la investigadora Nidia Sarabia y publicado en 1980 por la editorial Gente Nueva. En sus páginas se puede leer:

tarja-urselia-diaz1“Cierto día se le dio la encomienda de realizar una misión peligrosa: tenía que hacer explotar una bomba en el edificio Bacardí. Mientras, otra compañera realizaría una acción similar en el edificio de la Manzana de Gómez

Un miembro de su célula fue detenido. Los padres de Urselia, temerosos de ser delatados, consiguieron que su hija se trasladara a la casa de un familiar, pero ella accedió con tal de llevar a cabo una misión que se le había encomendado. Se trataba de realizar un sabotaje en un bar situado en las calles Ángeles y Estrella, a pocos metros de la casa de su tía, donde se escondía. Urselia llevó a cabo el mismo y se mezcló entre el público y la policía para observar el resultado de su operación.

Otro día realizó semejante operación en el Ten Cent de la calle Obispo”.

Una tarja colocada en el cine-teatro América, ubicado en la calle Galiano, Centro Habana, recuerda que el 3 de septiembre de 1957 murió destrozada la terrorista Urselia Díaz Báez -estudiante del Instituto de La Habana e integrante de los grupos de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio-, cuando le explotó la bomba que iba a poner en el cine.

El rechazo y el desprecio al difunto

Han pasado seis meses de la muerte del Dictador y crece el rechazo y el desprecio a lo que queda de él en los cubanos. En su viaje al infierno va recogiendo lo que sembró: odio, rechazo, desprecio,  miseria, pobreza, y dolor en las familias.

Los militares y los obedientes funcionarios  se han encargado de acelarar el proceso con sus acciones  rancias y cobardes.  Merecido lo tiene el difunto. 

Mientras ya algunos conocidos entraron al régimen carcelario a cumplir  sanciones  por “difamar a los mártires de la Patria (entiéndase el Dictador) que les fueron impuestas a raíz de la jornada del luto nacional por la muerte del dictador,  otros lo harán en las próximos días.

Raúl Sanchez Valerino cuenta que fue acusado de desacato por gritar Abajo Fidel, Abajo la Dictadura. Sobre él pesa una petición fiscal de 3 años de cárcel por ejercer el derecho a expresarse libremente.

 

El matrimonio de jóvenes opositores de Pinar del Río Rolando Casares Soto y su esposa Yamilka Abascal Sánchez comienzan por estos días a cumplir una sentencia de   cinco y dos años de privación de libertad  por el supuesto delito de “atentado” y “desacato” a la figura del difunto que incluso cometieron mucho antes del fallecimiento del Dictador.

En julio de 2016 el matrimonio de Abascal y Casares gritaron consignas anticastristas en rechazo a la detención injusta del joven.

Ambos fueron juzgados y condenados tres meses después de que a Fidel Castro lo introdujeron en el “seboruco funerario” (así califica el colega Pablo Alfonso el lugar donde terminaron las cenizas del viejo).

En enero de este año tres  jóvenes holguineros las gemelas Anairis y Adairis Miranda Leyva y el hermano  Fidel Batista fueron  juzgados y sancionadas   bajo acusaciones de “difamar a los mártires de la patria (la sanción se refiere a Fidel Castro)” y “desorden público” durante el duelo decretado en la isla por los funerales del exgobernante cubano Fidel Castro.

También en enero el holguinero Darío Pérez fue condenado a un año de cárcel por “difamar los mártires de la Patria”, delito comprendido en al Artículo 204 del Código Penal.

Carlos Alberto González Rodríguez, de Camajuaní en Villa Clara pintó carteles de ¡Abajo Fidel! el día 26 de noviembre en la localidad de Camajuaní, Villa Clara y recibió dos años de prisión en un juicio sumario el 4 de diciembre (el mismo día que sepultaron al Dictador). Ya cumple su condena en la prisión La Pendiente”.

Otro cubano que permanece tras las rejas desde el 30 de noviembre pasado es el Dr. Eduardo Cardet, coordinador nacional del Movimiento Cristiano Liberación (MCL, fue arrestado de manera violenta  en la localidad de Velasco, provincia Holguín.

A Cardet lo acusaron  de “atentado a la autoridad”, luego de negarse a acatar las órdenes de la policía política de mantenerse dentro de su vivienda mientras el país era reducido a la obediencia por los funerales del dictador Fidel Castro.

Cardet está hoy en la Prisión Provincial, y esta semana el tribunal provincial ratificó la sentencia de prisión que le impusieron y que deberá cumplir en una cárcel de la provincia (si los que mandan en la isla no deciden lo contrario).