A propósito de las acciones de bandera negra Escambray

El tema de las acciones de bandera negra y lo que esto significó para la guerra en la zona central de Cuba contra la naciente tiranía viene a tono con varios aspectos que he desarrollado en mi libro Escambray: Osvaldo Ramírez y el camino del guerrero en la batalla desigual.

El libro que puedes adquirir vía online aborda el contexto social en el que Osvaldo Ramírez transita a partir de finales de 1950 y los primeros años de la década de 1960 y ahonda en el pensamiento político y social desde la perspectiva de un hombre residente en el municipio de Sancti Spiritus de la entonces provincia de Villa Clara.

Con un prólogo de Armando de Armas, intelectual cubano del centro de la isla y vinculado desde niño a la gesta heroica que protagonizaron con las armas y la insurgencia miles de cubanos (también su familia) ofrece algunas claves que el lector inteligente deberá usar para entender profundamente mi libro.

Los sobrevivientes de la lucha en el Escambray, la esposa de Osvaldo Ramírez y algunos ex presos políticos residentes en la isla y en Miami me ofrecieron datos e informes del insurgente que recibió responsabilidades y ‘grados militares’ del ‘Ejército Rebelde’ cuando la avanzadilla del argentino Che Guevara llegó a a la zona central de Cuba.

Los testimoniantes (campesinos) me contaron cómo Ramírez muy pronto entró en contradicción con las órdenes y decisiones de Guevara y los hermanos Castro e hizo un giro a su camino en la batalla contra los traidores.

La guerra de los sitieros isleños contra el comunismo abarcó las seis provincias de Cuba y fue la campaña militar más grande desarrollada en la isla desde 1898. Olvídense de la folclórica revolución castrista, esa fue más que nada una contienda mediática, mayormente en Life y The New York Times. ¿Recuerdan aquello de Castro bautizado como Robin Hood cubano retratado con su fusil de mira telescópica en el periódico presuntamente más imparcial del mundo? ¿Recuerdan a Herbert Matthews dejándose engañar para a su vez engañar al mundo sobre la verdadera dimensión de las huestes castristas en la Sierra Maestra en su amañado y famoso reportaje para el Times? ¿Quiénes eran los dueños de Life y The New York Times? ¿No se nos ocurre pensar que pudieron ser los mismos dueños de Castro que luego, a la vuelta de unos meses, fueron los dueños de Cuba? ¿Por ventura los mismos dueños de aquella CIA que mandó a desembarcar a la Brigada 2506 de exiliados cubanos no por Trinidad –literalmente al cantío de un gallo de las fuerzas alzadas en el Escambray con la que hubiesen conformado un frente de guerra probablemente imbatible-, como original y certeramente estuvo planeado, sino por una desolada y perdida playa en Bahía de Cochinos a unos 200 kilómetros del Escambray y, venga Dios y lo vea, con un insondable pantano preñado de cocodrilos de por medio? ¿Los mismos dueños de aquella CIA que enviaba los cargamentos de armas de modo que caían en manos de los milicianos a las órdenes de Castro y no de los campesinos a las órdenes de Osvaldo Ramírez? ¿Será por eso que Osvaldo Ramírez nunca apareció en portada de The New York Times? ¿Será por eso que The New York Times, tan imparcial, escribió más de una decena de editoriales a favor de las infaustas relaciones entre Barack Hussein Obama y Raúl Castro?

Contraportada del libro Armando de Armas: Idolidia Darias hace un aporte al esclarecimiento de los hechos relacionados con la lucha anticomunista en Cuba al publicar Escambray: El camino del guerrero…, una breve biografía a de Osvaldo Ramírez, quien llegara a ser el máximo jefe de las fuerzas rebeldes alzadas contra la dictadura en las elevaciones de la región central del país y el único guerrillero al que Fidel Castro ofreciera amnistía si decidía deponer las armas.


En ese sentido cobra capital importancia que el público conozca de la vida y el accionar de hombres como Osvaldo Ramírez, hombres sobre quienes ha caído toda la fuerza del fango de los disfuncionales medios no sólo en la isla sino en el exterior porque, va de suyo, tanto los unos como los otros, los del partido único y los de la partidocracia, se deben a los usureros que mueven el huso de la historia, histeria, desde 1789. O es que de verdad nos creímos el cuento de que la primera potencia del mundo ha tenido por 62 años a su más grande enemigo aposentado en el traspatio?

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