Tiempo de Contar : Luis Israel Abreu (Rojillo) y el deber cumplido

En #TiempoDeContar les presento a Luis Israel Abreu un cubano ejemplar que completó un ciclo de 66 años de lucha ininterrumpida por la libertad y la democracia en Cuba.13731587_1066487443389228_3635935429975545514_n

Nació  el 25 de agosto de 1932 en Buenavista, barrio de Remedios, provincia de Las Villas. En 1951 se mudó para Santa Clara donde obtuvo el título de Contador Profesional en la Escuela de Comercio de dicha ciudad. Al terminar sus estudios en 1955 matriculó Ciencias Comerciales en la Universidad Martha Abreu de las Villas.

En esos años de estudiante en la Escuela de Comercio conoció a Ricardo Vázquez y Diego Francisco Talavera, ambos pertenecían a los movimientos de resistencia creados en esa época. Sin embargo su registro de amigos se amplió cuando se unió al  Movimiento 30 de Noviembre y más tarde en la prisión. 

En el Presidio Modelo de Isla de Pino compartió los años duros de la lucha y de prisión. A ellos la sangre impregnada en los instrumentos que usaron los carceleros para “castigarlos” en los campos de trabajo forzado los unió para siempre, por eso más tarde en el exilio cuando volvieron a encontrarse no necesitaron firmar pactos de amor y entrega a la isla esclava. Lo adquirieron en su torrente sanguíneo como una marca de ADN.

Fue un cubano muy querido  y  apreciado por todos.

Su inicio en la búsqueda de la libertad y la democracia en Cuba quedó marcada el 10 de marzo de 1952 cuando salió junto con los demás estudiantes, a protestar por el Golpe de Estado del general Fulgencio Batista. Desde entonces, en una forma u otra, se mantuvo en la lucha por la democracia del país.

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Calle Cuba en Santa Clara antes de 1959

En 1956, al producirse el asalto al Cuartel Moncada, Abreu se lanzó a la calle en Santa Clara con otros estudiantes de inmediato comenzó la persecución contra él. Fue en esa fecha que se incorporó al Movimiento 26 de julio y pasó   a la clandestinidad. En esa etapa sufrió persecución y arresto y en mayo de 1958 salió hacia el exilio en México. Regresó a Cuba en enero de 1959, una vez que Batista salió de la isla y el Ejército Rebelde tomó al poder. 

De nuevo en Santa Clara, se incorporó al Gobierno Revolucionario como Coordinador Estudiantil Provincial en la antigua provincia de Las Villas pero antes de finalizar ese año fue expulsado  por sus críticas al rumbo comunista que tomaba la Revolución. 

También fue expulsado en el mismo año de sus empleos en el Gobierno Provincial y en el Ministerio de Comunicaciones y de la Universidad Martha Abreu de las Villas.

El 13 de marzo del 1960 Abreu participó en la fundación del Movimiento Revolucionario 30 de Noviembre “Frank País”. Lo nombraron Coordinador Estudiantil en la provincia de Las Villas. Estuvo varios meses en la clandestinidad realizando las acciones del movimiento pero en febrero de 1961 lo detuvieron y trasladaron a la prisión de la Fortaleza de la Cabaña. Fue condenado a 12 años de prisión.

En abril de 1962 lo trasladaron para el Presidio Modelo en Isla de Pinos donde junto a sus compatriotas fueron víctimas de vejaciones, atropellos y torturas.

El Plan de Trabajo forzado en Isla de Pinos.

En el horrendo Presidio Modelo el régimen comenzó a aplicar a mediados de 1964  el Plan de Trabajo Forzado, la etapa más sombría y violenta que vivieron los presos políticos en ese lugar enclavado en la Isla de Pinos al sur de la antigua provincia de La Habana. En rechazo a esa forma de explotación y esclavitud se negaron  a trabajar y fueron golpeados sin piedad.  

Según los argumentos del régimen ese plan de trabajo tenía como principal objetivo incluir a los reclusos a un proceso de “rehabilitación” pero en un país donde no hay justicia ni respeto al ser humano las definiciones nunca van acompañada de su significado.

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Presidio Modelo en Isla de Pinos

Luis Israel Abreu fue uno de los miles de cubanos que  llevaron a las cárceles en la primera década del sesenta a enfrentar  tuvieron que enfrentar las injusticias y arbitrariedades de un régimen oprobioso.

Al dar inicio el Plan de Trabajo Forzado Camilo Cienfuegos  a finales del año 1964, dividieron a los miles de presos políticos que allí se encontraban en bloques y brigadas de trabajo.

Pero muy pronto en 1965 Abreu inició un plante (se negó a trabajar)y dijo a los represores: “si me golpean si trabajo y me golpean si no trabajo, pues no trabajo más” y se salió de las filas de trabajo. 

Esa actitud atrajo la furia de los encargados de custodiar a los presos  y le propinaron más de 60 piquetes de bayoneta en sus glúteos y muslos, estuvo 50 días en huelga de hambre y lo mantuvieron en calabozos de castigo hasta que en mayo de 1966 lo trasladaron  a La Cabaña.

Ese fue el precio para librarse del trabajo forzado.

CRONICAS DEL BLOQUE 19 (1)En el libro Crónicas del Bloque 19 escrito entre otros presos por Israel Abreu él precisa: “…dividieron a los miles de presos políticos que allí nos encontrábamos en bloques y brigadas de trabajo. A mí me ubicaron en un bloque de trabajo -el 19- compuesto totalmente por los jóvenes que antes de caer presos habían estado estudiando en diferentes niveles educacionales”.

 Los cronistas que compilaron las crónicas del Bloque 19 consideran que para   ese grupo de presos que mantenía un gran nivel de conciencia era más fácil ponerse de acuerdo para resistir al trabajo forzado.

Al inicio los llevaron a trabajar a las canteras de piedra de Isla de Pinos donde fueron sometidos a todo tipo de atropellos para hacerlos trabajar. Sin embargo, no lograron eliminar la  resistencia al trabajo forzado.

Una de las formas de oponerse fue a trabajar “al paso de jicotea” que consistió en hacer las labores con la mayor lentitud posible en las canteras. Los carceleros y encargados de velar los golpeaban, sin embargo ellos mantenían el ritmo lento.

 “Regresamos cada tarde a las celdas   con los cuerpos magullados y ensangrentados… La rebeldía llegó a tal punto que a los pocos días de estar trabajando el gobierno decidió no sacarnos más a las canteras hasta elaborar alguna estrategia que lograra doblegar nuestra rebeldía”, escribió el propio Abreu .

A los cinco o seis meses de aquella inactividad, empezó a correr un rumor de que  pondrían al frente del Bloque 19 a un Teniente apodado “Girón” y al Cabo Carbonell, más conocido como “Campeón” por lo fuerte que pegaba. El Teniente Girón venía precedido de gran “fama” y según sus propios comentarios, los haría trabajar por las buenas o por las malas. 

Los jóvenes se dieron cuenta desde la primera salida  que el Teniente Girón era un asesino profesional y que estaba dispuesto a llevar las cosas hasta las últimas consecuencias.

Lo primero que hizo fue cambiar el tipo de trabajo. En vez de llevarlos nuevamente a las canteras, los llevaron a arrancar hierba a los potreros, donde podrían aplicar todo tipo de tácticas sicológicas y brutales para hacerlos trabajar. 

Relató Abreu que los pusieron a trabajar en una larga fila horizontal para que el avance fuera al mismo tiempo, mientras que Girón y el Cabo Campeón recorrían la hilera de presos encorvados dándonos planazos por las espaldas y pinchando sus cuerpos con sus largas bayonetas.

Al ver que ni con esto los  hacían correr mientras arrancaban la hierba, el Teniente Girón cargó en sus brazos una ametralladora calibre 30.

“Lanzando gritos como un loco, recorría aquel potrero dándonos golpes y amenazando  con ametrallar. Aunque el Bloque 19 estaba aterrorizado, a nadie le pasó por la mente acogerse al plan de rehabilitación”. Todas las noches regresábamos al edificio sumamente golpeados y nos acostábamos pensando en la paliza del próximo día,  precisó Abreu en sus crónicas. 

Una de las anécdotas más fuertes en la que estuvo implicado su gran amigo de todos los tiempos Ricardo Vázquez ocurrió una mañana del 2 de noviembre de 1965, mientras esperaban en fila para empezar a arrancar la hierba con picos y palas.

“Vimos cómo el Cabo Campeón se le abalanzaba encima a uno de los estudiantes más jóvenes, más débiles, con un palo en la mano y lo golpeaba salvajemente”, relató. 

Ya para entonces,  a los esbirros no les importaba si trabajaban o no. Era claro que solo querían someterlos por la fuerza al “plan de reeducación”.

“ Yo no pude aguantar más tanto abuso y me acordé de aquel pensamiento de nuestro apóstol José Martí, que decía que “valía más morir de pie que vivir de rodillas. Me salí de la fila, clavé el pico en la tierra y le dije al Teniente Girón que yo no trabajaba más. Girón asombrado desenfundó su bayoneta para golpearme, pero en esos momentos vio que otro estudiante, Ricardo Vázquez Pérez, hacía lo mismo que yo, por lo que cambió su airado rostro por una expresión cínica y nos dijo que nos sentáramos a descansar para que luego siguiéramos trabajando. Se llevó al Bloque lejos, y al poco rato vino y se sentó junto a nosotros, tratando de convencernos para que volviéramos a trabajar.  Le dijimos que como que ellos nos golpeaban aunque trabajáramos, preferíamos que nos golpearan sin trabajar. Al ver que no nos pudo convencer, envió al Cabo Campeón a la Dirección del Penal para que le orientaran sobre lo que debía hacer con nosotros. Las instrucciones no se hicieron esperar”.

“Al cabo de una hora, llegaron al potrero varios “jeeps” cargados de guardias, que se parquearon a unos 100 metros de donde nos encontrábamos. El Teniente Girón le quitó el afilado estilete a uno de los fusiles Lenin y lo tomó en la mano izquierda, mientras que en la derecha empuñaba su larga bayoneta. Campeón, mientras tanto, cortó un palo de una mata de guayaba y se aproximó amenazador ante  Ricardo”.

“Nos dijeron que corriéramos hacia los jeeps pero al ver que seguíamos caminando empezaron a golpearnos sin compasión. Girón hundía el estilete en mis muslos una y otra vez al mismo tiempo que me golpeaba en la espalda con el plan de la bayoneta que esgrimía en la mano derecha. Yo sentía la punta del estilete cortando mis carnes, y los planazos cayendo sobre mi espalda pero no podíamos correr porque lo que ellos querían era que corriéramos para mostrar ante nuestros compañeros que teníamos miedo. Aún bajo la tremenda golpiza que me estaban propinando tenía ánimo para mirar hacia donde estaba Ricardo a quien golpeaban tan salvajemente como a mí con aquel largo y flexible guayabo que se curvaba en sus espaldas, levantando tremendos verdugones.

Al llegar al hospital, nos bajaron y nos hicieron caminar hacia la entrada sin importarles lo débiles que estábamos. Pero para asombro de todos yo me negué a dejarme curar alegando que ellos lo que querían era curarme para sacarme de nuevo a trabajar. Según me dijeron posteriormente, yo tenía más de 80 piquetes en las nalgas y los muslos. Las heridas que necesitaron puntos fueron más de 10. Después de la operación, me ingresaron en una de las salas del hospital donde me encontré con Ricardo. Este tenía la espalda inflamada por tantos golpes recibidos.

A la hora de la comida nos negamos a ingerir alimento. Al preguntar  por qué no comíamos les respondimos que ellos querían que comiéramos para seguir dando golpeándonos y que volveríamos a comer hasta que nos sacaran del área de trabajo forzado. 

Después de cinco días sin ingerir alimento alguno nos trasladaron para el edificio con los demás compañeros para ver si ellos nos convencían de que comiéramos. Pero al continuar en nuestra postura de no comer nos trasladaron nuevamente para el hospital para amarrarnos y alimentarnos por la fuerza. Así, entre el hospital y el edificio donde estaban recluidos el resto de los estudiantes, transcurrieron entre 40 y 50 días hasta que, una mañana, subieron Girón y varios guardias más al tercer piso donde nos tenían acostados en sendos camastros. En forma amenazadora Girón se acercó hasta donde yo yacía y dando un planazo en uno de mis brazos me ordenó que me levantara porque “hoy vas a trabajar de todos modos”, me dijo.

“Me tomaron entre varios guardias y me pusieron de pie en el trayecto que conducía a la puerta de salida donde miles de presos se arremolinaban montando en los camiones que los llevarían a los campos de trabajo forzado. Tambaleándome caminé hacia dicha salida y al llegar a donde estaba el camión que conduciría al Bloque 19 compuesto, como ya dije, de estudiantes, me negué a subir. El Teniente Girón les ordenó a dos estudiantes, a Arturo Moradiellos y al Chino Menéndez, que me subieran al camión, pero estos se negaron alegando que respetaban mi determinación a no trabajar. Con sus machetes y bayonetas los golpearon cruelmente, pero ellos resistieron. Finalmente tuvieron que subirme los propios guardias y depositarme acostado en la cama del camión. Al llegar al potrero detuvieron al camión y mandaron a bajar a los estudiantes, mientras que a mí me bajaron los propios guardias y me depositaron sobre la hierba húmeda. 

Al resto de los reclusos se los llevaron para dar inicio a la jornada de trabajo. Aunque yo permanecía con los ojos cerrados, me di cuenta que el Cabo Campeón y algunos soldados más se encontraban parados junto a mí. De inmediato sentí una patada en el costado derecho mientras una voz tronaba a mis oídos diciéndome. “Arriba, levántate que vas a trabajar”. Al no responder afirmativamente, el Cabo me viró boca abajo mientras me bajaba los pantalones. Sentí entonces que colocaba la punta de la bayoneta en una de mis nalgas la que penetraba lentamente en mis carnes desnudas. Esto lo acompañaba con la frase de “Arriba, bravo, párate que vas a trabajar”. Como que yo continuaba inmutable, con los ojos cerrados, empujó la punta de la bayoneta hasta que ésta chocó con el hueso de la cadera y un dolor sin precedentes laceró mis carnes. Noté que Campeón sacaba la bayoneta de mis carnes, y un profundo silencio siguió a su gesto. Yo estaba dispuesto a soportar aquello hasta las últimas consecuencias, pues presentía que ésa era la última prueba por la que tendría que pasar.

Ricardo y Israel
Ricardo Vázquez e Israel Abreu amigos entrañables mantuvieron fuertes vínculos y nunca se han olvidado de su país

Estando en estas cavilaciones sentí nuevamente la punta de la bayoneta penetrando por la misma herida que me habían hecho mientras que la gruesa voz de Campeón tronaba: “¡Arriba, bravo, que vas a trabajar!”. Y eso fue lo último que oí, pues cuando la punta de la bayoneta chocó nuevamente con el hueso de mi cadera el Cabo Campeón, con la insensibilidad propia de un criminal profesional, le dio vuelta a la bayoneta dentro de la herida, perdiendo prácticamente el conocimiento. Cuando recuperé la conciencia me encontraba en una cama de la enfermería del penal después de haberme dado varios puntos en aquella enorme herida producida por la bayoneta de Campeón.

Después de esa cruel prueba me subieron nuevamente al camión y se dirigieron al edificio de donde me habían sacado, pero no para dejarme allí sino para recoger al otro recluso y gran amigo mío que plantó conmigo, Ricardo Vázquez Pérez, quien no tuvo que pasar por esta última prueba debido a su mal estado de salud.

De ahí nos condujeron a los pabellones de castigo donde había una docena más de reclusos que habían “plantado” al trabajo forzado, entre ellos los periodistas Alfredo Izaquirre Rivas y el Dr. Emilio Adolfo Rivero Caro, los primeros que se negaron a trabajar. Este era el requisito principal que habíamos puesto para volver a comer. Que nos sacaran del área de trabajo forzado, no importaba para dónde. 

En los pabellones, o calabozos de castigo de Isla de Pinos nos tuvieron varios meses sin recibir visitas y sin ver la luz del sol, hasta que un día nos mandaron a recoger las pocas pertenencias que teníamos y nos trasladaron para La Cabaña, prisión de terrible recordación, ya que en sus fosos habían sido fusilados cientos de cubanos por el único delito de querer libertad y democracia para nuestra patria. 

Nuestra estancia en la Cabaña no fue tampoco un lecho de rosas. Muchos jirones más de nuestra historia quedaron enredados en sus barrotes y húmedas paredes”, concluyó Abreu.

En testimonios que dio el expreso político a personas interesadas en rescatar la memoria de aquellos años, relató que estuvo en La Cabaña   con alrededor de 165 reclusos, unos por negarse a trabajar, otros por  ser líderes y el resto por “conflictivos”, no fue menos difícil. En ese lugar también sufrió golpizas y varias huelgas de hambre entre ellas una que duró 35 días.

A mediados del  siguiente año de estar allí el Ministerio del Interior quiso obligar a los presos políticos a vestir el uniforme azul de los comunes y muchos se negaron, entre ellos Abreu. A los que no quisieron aceptar el cambio de uniforme, semidesnudos, los sometieron a una larga odisea por distintas cárceles y calabozos. Les propinaron golpizas a muchos de ellos y no faltaron las  huelgas de hambre y de sed incluidas. Un año  después les fueron devueltos los uniformes amarillo de presos político.

Francisco Javier Denis otro de los integrantes del Movimiento 30 de Noviembre también estuvo haciendo huelgas de hambres por igual exigencia pero en la cárcel Kilo 5 y Medio de Pinar del Río.

A finales del año 1969, fue trasladado conjuntamente con centenares de reclusos más al Campo de Concentración conocido por Las Alambradas en Manacas, Las Villas donde tendría que terminar su condena de 12 años, sin embargo cuando llegó la fecha establecida lejos de ponerlo en libertad, como correspondía, lo “recondenaron” a 2 años más de prisión. Cumplió en total 14 años. 

Cuando lo liberaron el 9 de marzo de 1975 fue a residir en Santa Clara donde vivía la familia. Allí estuvo cuatro años trabajando en una oficina de construcción ubicada en los alrededores de esa ciudad hasta que salió  a los Estados Unidos vía España.

Se estableció en New Jersey hasta su muerte a finales de 2018.

Siempre Cuba en sus actos y palabras 

En el  exilio Abreu dejó una marca muy distintiva de cómo el hombre aún desterrado puede hacer  por la democracia y la libertad de su país. De 1981 a 1983 fue presidente de la Unión de Expresos Políticos Cubanos, Zona Noreste. De 1983 a 1985 fue presidente fundador de la Federación Mundial de Expresos Políticos Cubanos. Por esa época también fundó tres organizaciones internacionales para luchar por la democracia con los polacos, afganos y nicaragüenses.

11850597_923827047655269_7745225293379266839_oDurante los años 1983 al 1985 cursó estudios de Ciencias Políticas en Mercy College, NY y en la Universidad de Jersey City, NJ. Y trabajó en el Departamento de Contabilidad del Racquet and Tennis Club, en New York, de 1983 al 2003 cuando se retiró.

De 1993 al 2005 fue Secretario General del Movimiento Revolucionario 30 de Noviembre “Frank País” y organizó y participó en varias protestas cívicas de gran impacto para llamar la atención pública acerca de lo que sucede en Cuba. Entre ellas, los encadenamientos en lo alto de la Estatua de la Libertad en 1988 y en lo alto del Monumento a George Washington en 1989. Además, están los encadenamientos en la puerta del Consulado de México en NY en 1993 y el de la entrada de la Misión Cubana en NY en 1994.  

Formó parte de las protestas de impacto con bloqueo a la entrada del Lincoln Tunnel y frente al centro financiero de Wall Street, ambas en 1995. Esto sin contar gestiones ante políticos en Washington y frente a la ONU y denuncias ante gobiernos y organismos internacionales.

Abreu protestó también en el 1988 encadenándose en la cerca frente a la entrada de la ONU con la boca tapada simbolizando que el pueblo de Cuba no puede moverse ni criticar. Con el mismo propósito de promover la democracia en Cuba viajó por varios países, invitado por la Fundación Nacional para la Democracia, con sede en Washington, DC. Además, dictó conferencias en las universidades de Montclair, Rutgers, Jersey City State, Miami, Princeton y Ohio.

En el año 2015 asistió al Primer Encuentro Nacional Cubano efectuado en Puerto Rico en el que asistieron más de 30 organizaciones opositoras dentro de Cuba y otras tantas del exilio. En agosto del año siguiente, 2016, asistió al Segundo Encuentro en el mismo lugar, que tuvo como resultado la creación de una coalición unitaria llamada “Congreso del Encuentro Nacional Cubano de Puerto Rico” compuesto por organizaciones opositoras de dentro y fuera de Cuba. Fue director Ejecutivo del Comité de Ayuda a los Activistas de Derechos Humanos;  Director de la Sección Cuba del Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio, Delegación New Jersey/New York y Vicepresidente de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio. Además, es Asesor de la Federación Mundial de Expresos Políticos Cubanos; de la Unión de Expresos Políticos Cubanos, Zona Noreste y del Movimiento Revolucionario 30 de Noviembre “Frank País”.

Al fallecer el 20 de octubre de 2018, Abreu completó un ciclo de 66 años de lucha ininterrumpida por la libertad y la democracia en Cuba.

(A partir  las crónicas escritas por Luis Israel Abreu , anécdotas de sus compañeros de lucha y el perfil publicado en la  Academia de la Historia de Cuba en el exilio por Enrisco).

Ismael Hernández y Francisco Denis fueron compañeros de lucha y de presidio de Abreu y participaron en la organización de acciones contra la dictadura

2 comentarios en “Tiempo de Contar : Luis Israel Abreu (Rojillo) y el deber cumplido

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