El Presidio Político de Isla de Pinos: Un libro imprescindible para entender a los presos plantados de Cuba

La lectura de El Presidio Político de Isla de Pinos de Ramiro Gómez Barrueco (Manino) es imprescindible para entender por qué a pesar de los años de prisión, de torturas y de abusos del castrismo los presos políticos plantados conservan el amor por Cuba y el deseo de ver libre el país donde nacieron.

El Presidio Político de Isla de Pinos sale a la luz meses después de que Barack Obama lanzara en su precario español el jQue bolá! como frase madre de todas las conciliaciones y le pasara por encima al rastro de sangre y dolor que han dejado los hermanos Castro y su séquito de adoradores en la isla, para anunciar lo del restablecimiento de relaciones entre la Dictadura y su gobierno.

No sé si el ex presidente Obama, ni sus asesores en el tema Cuba (insisto en destacar el nombre de Ben Rhodes), ni los que se sumaron en esos años de conversaciones y mediaciones secretas para que se hiciera el “milagro”, conocen bien una parte de la Historia de Cuba que la Dictadura ha intentado sepultar.

Pero si sé con exactitud que mi generación (la que nació a finales de la década de 1950 y la que fue llegando después) no conoce la verdad de lo que hizo el castrocomunismo para llegar a donde está.

Por eso, para ambos grupos, sugiero la lectura del libro de Manino, para que profundicen en el conocimiento de los hombres que enfrentaron al Aparato Represivo y que hicieron la historia del presidio político plantado y para que entiendan del valor e hidalguía que anida en ellos.

Cuba: militares, fiscales y médicos por el crimen, el secuestro y el intento de extorsión

Militares, médicos, fiscales y algún que otro dirigente comunista estuvieron por más de veinte días en Holguín participando en una componenda espantosa contra una hulmilde familia que reclamaba su libertad inmediata apelaron a la intimidación al secuestro, el  crimen y no faltaron intentos de extorsión, chantaje o como prefieran los lectores para doblegarlos .

El valor de esa familia ante el monstruo sacó a la luz pública otra de las tantas páginas de indignidad que firman los que se suman a acciones como esas.

No apruebo las huelga de hambre, lo he dicho, pero no me limitan a  dejar de reportarlas y de denunciar a las bestias que obligan al ser humano a tomar decisiones de ese tipo.

La familia Leyva ha escrito una página de valor admirable. Quiero dejarlo escrito aquí y les propongo a los que suelen componer páginas sobre la historia de la resistencia cubana de los últimos años tenerlo en cuenta.

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Aqui les dejó lo que escribí ayer cuatro horas antes de que los sicarios de la dictadura le dieran la libertad a tres jóvenes (dos de ellas mujeres nacidas el 3 de octubre de 1989 y uno varón de 33 años de edad).

Nacieron en la etapa de la bobería esa del hombre nuevo y otras idioteces y mamertadas como dice mi amigo Armando de Armas pero no se embelesaron  ni un instante. Ante ellos me inclino.

Madre de jóvenes en huelga de hambre califica de componendas las acciones que la seguridad del estado y la dirección de salud de dos hospitales de Holguín mantienen alrededor del caso de sus tres hijos en grave estado de salud por una huelga de hambre que realizan desde el 7 de marzo para exigir su libertad.

Maidolis Leyva madre de las hermanoas gemelas Anairis y Adairis Miranda y Fidel Batista, dijo que ayer estuvo en los hospitales Lucía Iñiguez y Vladimir Ilich Lenin de Holguín buscando información sobre sus hijas y los médicos se negaron a dársela alegando que “solo el Ministerio de Interior es el que puede hablar con ella”.

La mujer dijo que si algo les sucede a los hijos “además de Raúl Castro y el delegado del MININT en Holguín ella responsabiliza a los que dirigen la Salud Pública”.

Clamó desesperada por su derechos “a saber de ellos, a verlos, a darles un beso y que no los tenga secuestrados”.

En el hospital Lucia Iñiguez fue una doctora la que se negó a entregarle un reporte mientras que en el otro centro hospitalario un médico que no le quiso decir el nombre quien le negó a informarle.

En el caso del otro hijo, Fidel Batista, la madre tampoco ha tenido mucha información. Dijo que el jueves lo pudo ver delejos y“me gritó que seguía su huelga de hambre y que le hiciera llegar unas medias porque tenía llagas en los pies que le hacían las esposas”.

Después de eso lo único queha sabido por una doctora que le “habló en mala forma” es que él estaba casi deshidratado y que en cualquier momento caería en un estado de semi inconciencia”.

A juicio de Leyva  lo que están haciendo con ella es una de las más grandes violaciones de derechos humanos y enfatizó que “encima de no dejarlos ver un teniente coronel, “un esbirro llamado Daniel” le dijo que Anairis está “como un vegetal”.

Los tres hermanos iniciaron la huelga el 7 de marzo y desde ese momento hasta ahora la madre solo pudo ver a Anairis hace dos semanas cuando un oficial del MININT la invitó a que le exigiera a la hija dejar la huelga y ella le pidió verla para juntas darle respuesta.

En ese momento Anairis reiteró su decisión de no deponerla a menos que le dieran la libertad, que es uno de sus reclamos.

A la gemela Adairis la pudo ver el pasado fin de semana luego de que los oficiales le pidieran a la madre firmar un documento que los autorizara a darle alimentación forzada a los hijos y ella solicitara verla. Se lo permitieron y tras explicarle a la hila lo que querían los militares la joven reiteró su decisión de seguir la huelga.

La madre y sus tres hijos todos activistas del Movimiento Cubano Reflexión y que insisten en su inocencia fueron detenidos en noviembre del pasado año dos dias despues de la muerte de Castro y los acusaron de “difamación de instituciones, organizaciones y los héroes y mártires de la República de Cuba” y “desorden público”.

Mes y medio después los juzgados y condenados a un año de privación de libertad con internamiento los hijos y a uno de reclusión domiciliaria Maidolis Leyva quien quedó a cargo de dos nietos, hijos de Adairis.

Los tres hermanos apelaron la sentencia pero el tribunal provincial de Holguín no les conedió la libertad.

Amnistía Internacional (AI) llamó el viernes a una Acción Urgente por la liberación “inmediata e incondicional” de los tres opositores cubanos en huelga de hambre a los que consideró “presos de conciencia”.

También pidió a las autoridades cubanas a que se abstengan de aplicar medidas para castigar a los huelguistas o de obligarlos a poner fin a una huelga de hambre, lo que constituiría una violación de su derecho a la libertad de expresión y pidió acceso a profesionales de la salud calificados que brinden atención médica en cumplimiento de la ética médica, incluidos los principios de confidencialidad, autonomía y consentimiento informado.

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Cary Roque: ¡Esta noche de horror no empezó ayer!

Les comparto un post de Cary Roque una colega que estuvo muchos años en cárceles cubanas por oponerse desde el primer momento a la sombra bárbara que se instaló sobre nuestro país.

Esta es una foto, de una de las muchas protestas de madres y mujeres cubanas allá por los años 59-60, cuando los fusilamientos eran el pan nuestro de cada día, los juicios sumarios, las condenas ilegales de 30, 20 años, eran expedidas contra una sociedad que jamás se habia enfrentado a semejante barbarie.
Que esta noche de horror no empezó ayer…..!!!!!
En honor a tantas madres, hermanas, esposas, hijas que sufrieron el dolor, sin solidaridad mundial, sin más compañia que su propio dolor!.17553627_10153836887637609_543989777206962529_na laspuerteas de seis decadas de escenas como esas en cuba

Y  los invito a estar hoy al tanto de la situacion de los tres jóvenes cubanos en huelga de hambre por su Libertad que están en sala de penados de hospitales de Holguín y se niega a recibir alimentación intravenosa.

Viernes 1 de abril tuitazo en solidaridad con Anairis Adairis Miranda y Fidel Batista

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Presentan a opositora un manual de comportamiento ante un acto de repudio

Un representante del régimen comunista en Holguín le comunicó a la opositora Maidolis Leyva el manual de comportamiento que ella deberá asumir el martes 21 de marzo durante un acto de repudio que le van a realizar en las instalaciones de Educación municipal.

Así las cosas en Cuba.

El pasado jueves durante su intervención en el programa Cuba al Día la opositora Maidolis Leyva relató que un juez de ejecución de ese municipio le entregó una citación para que estuviera el martes 21 a las 5 pm en las instalaciones de Educación porque la van a presentar ante un público elegido por ellos “como lo que es, una contrarrevolucionaria”.

Ademas el juez le adelantó que allí estarán funcionarios de distintas organizaciones comunistas del munipio, presidentes de varios CDR ,jefes de sector de la PNR , ex combatientes y dirigentes de las circunscripciones del Popular quienes le expresarán el criterio que tienen de ella y “que no podrá refutar porque la podrían mandar para la prisión a cumplir el año de sanción que le impusieron el pasado mes de febrero.

Maidolis dijo que entonces le preguntó al juez de ejecución -“Usted está citándome para darme un acto de repudio? y él le respondió “Tómelo como quiera”.

En noviembre del año pasado durante los días de duelo por la muerte del Dictador, la vivienda donde vive Maidolis Leya y sus tres hijos las gemelas Anairis y Adairis Miranda Leyva y Fidel Batista Leyva y dos nietos menores de edad, fue vandalizada por las turbas y lo permitió y alentó la policía presente en el lugar.

Le tiraron piedras, basura, cubos de salcocho. Le gritaron todo tipo de improperios.

Luego todos fueron golpeados al momento del arresto en el que también se llevaron a los niños presos. Después que los adultos fueron introducidos en el centro de detención y tortura conocido por El Anillo, también les dieron golpes y les exigían que dijeran ‘Viva Fidel’ ‘Viva Raúl’, pero ellos se negaron gritando consignas antigubernamentales.

Más tarde la niña intentó suicidarse porque laobligaron a mostrar devoción al Dictadir recién fallecido y liberaron a Maidolis para que se hiciera cargo de los nietos, no sin antes acusarla al igual que sus tres hijos por el supuesto delito de “difamación a los mártires de la Patria y desorden público” durante los funerales del Dictador.

En enero luego de que los tres hermanos estuvieran todo ese tiempo en los calabozos fueron trasladados al tribunal en el que le celebraron el juicio.

A  los hermanos los sancionaron en ese juicio a un año de cárcel mientras que a la madre leimpusieron el de un año pero en reclusión domiciliaria y deberá encargarse de sus dos nietos.

Los tres hermanos apelaron la sentencia pero en el juicio que le celebraron en febrero les fue ratificada la sancinó. Debían entrar a la cárcel en marzo, sin embargo no lo habían hecho porque realizaron una segunda apelación y estaban esperando que el abogado presentara las alegaciones.

La pasada semana los tres fueron de nuevo arrestados y los trasladaron a la cárcelsin esperar el resultado de la apelación.

La familia ha sostenido todo el tiempo que contra ellos se realizada una vendeta politica porque son opositores.

De más está señalar que son inocentes de todos los cargos que se les imputan y por los que en realidad debieran responder los militares y los juristas que son quienes han violado sus propias leyes.

Si quieres escuchar declaraciones de Maidolis Leyva el programa Cuba al Día haz clic aquí

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Otra injusticia en Holguín

En la provincia de Holguín reside el doctor Eduardo Cardet quien cumple ahora mismo en la cárcel por delitos que nunca cometió y al que casi una decena de vecinos en el propio tribunal le hicieron algo que no tiene diferencia con un acto de repudio.

Se presentaron al juicio para acusarlo ‘por encargo’ puesto que ni el cometió las acciones por las que lo acusaron y menos estaban allí varios de  los supuestos testigos.

Pero así ha sido siempre en Cuba. La ley y la trampa la hacen los que mandan.

II

Para no perder la memoria 

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Durante las entrevistas que realicé para mi libro Escambray la historia que el totalitarismo tróto de sepultar recogí testimonios de campesinos quienes me contaron de los horrendos actos de repudio a los que asistía la gente cuando los milicianos citaban a la sin derecho a réplica, y que consistían en presenciar los juicios que le hacían a las personas que se oponían a la instauración del comunismo  en el país.

Recuerdo también el relato de un señor de Jibacoa, en la zona montañosa cercana a Manicaragua, quien me contó de la vez que citaron a todos los que vivían en aquel caserío para que presenciaran el fusilamiento de unos hombres que al parecer se habían alzado contra el régimen. Me dijo al parecer porque en aquellos años no se averiguaban mucho cuanto de verdad había en una delación.

Pero el hecho… (de fusilar de distintas maneras)  … se repite,  como dijera en su carta de despedida a Fidel Castro el asesino del Sur Ernesto Che Guevara, otro de los criminales que llamó desde el  Escambray al festín de muerte y sangre contra los campesinos y lo llevó después a La Cabaña donde los disparos de los fusiles sonaban a  toda hora.

 

 

 

 

 

 

 

 

El Caballo de Mayaguara y sus crímenes en Escambray

Gustavo Castellón el Caballo de Mayaguara fue uno de los bandidos en la región  Escambray encargado de hacer el trabajo sucio que le ordenaron los comunistas desde que se instalaron en el poder en 1959.

Un individuo que  cometió todo tipo de abusos y crímenes en la región Escambray en la década del sesenta.

Un ser despiadado al que le asignaron la misión de dar caza a los insurgentes que se alzaron en armas en el Escambray y que el alto mando del país denominó BANDIDOS para descalificarlos.

Una bestia que desde el momento en que decidió ponerse al servicio de Fidel Castro y la hornada de seguidores que formaron el ejército rebelde, enriqueció su historial con asesinatos y violaciones de todo tipo.

Uno de los tantos que la dictadura convirtió en héroes a través del brazo armado tipico de los sistemas totalitairos: entiéndase la televisión, el cine y la asignatura de Historia que se imparte en las aulas cubanas.

El-Caballo-de-MayaguaraNo les cuento más del Bandido en el Escambray. Son sus propios testimonios los que me llevaron a hacer lo comentarios anteriores.

Su verdadera esencia fue revelada por él mismo en los testimonios que dieron vida al libro escrito por Osvaldo Navarro titulado El Caballo de Mayaguara.

Allí -El Caballo- relata sus andanzas en el Escambray en la época en que decidió “cazar y matar” hombres alzados en armas para evitar que avanzaran en la ofensiva  contra los que estaban en el poder.

Les comparto algunas de las anécdotas que le contó a Osvaldo Navarro.

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Edición consultada para este artículo

(Aunque hay frases que pueden ser consideradas obscenas y de mal gusto  no se hizo ningún cambio pues la verdadera esencia de muchos de los hombres-milicianos y oficiales que participaron en esa lucha hablan por la propia boca de ellos).

…Pero un día me enredo en combate con el gallo aquel y cuando lo veo delante de mí, le digo: ‘Te cogimos en un cerco arriba de un palo, el gobierno revolucionario tuvo una consideración contigo, y te volviste a alzar. A título de lo que habías hecho antes y lo que has hecho ahora te ganaste los grados de capitán. Tú eres el asesino de Valentín Alonso, y de su hijo, y de Ricardo Díaz. Pues te cagaste en tu madre cabrón’. ‘Cogí el FAL, hice así: raaaaaas, un rafagazo, y voló en el aire. El peo tiene que haberse oído en Santa Clara’.‘Y díceme después el comandante Tomassevich: “Caballo la orden es de cogerlos vivos”. Y dígole ‘Yo lo sé, comandante, pero con este no me pude contener’.

…Pero no era ese mi estilo, porque cogí a muchos de ellos heridos, que me decían: ‘Acábame de matar, Viejo e mierda, comunista e mierda’. Y yo les decía: ‘No, que te maten los tribunales. Si eres un asesino no te salvas, pero si no, seguro que te condenan, pero yo no tengo que matarte’.

…y el mondongo se le cayó para el suelo y le daba brinquitos. Y cuando llegó a donde estaba, me decía: ‘comunista, el coño de tu madre, hijo de puta, acábame de matar’. Y como ya venía   medio ciego por lo del asesinato del miliciano, le dije:’Y te la arranco cabrón’. Había una clase de frío en aquellas lomas. Hice así: Brrrrrruuu, con la  FAL, y le salió humo del pelo, de la neblina que había.

…me dan la orden de agarrar a un individuo que venía de   Fomento y entraba hasta La Redonda. El hombre no pedía dinero. Lo suyo era llevarse maíz, yuca, boniato, plátanos y cosas así, pero estaba afectando la zona. Me dijeron: ‘Caballo tú que andas por ahí, mira a ver si te empatas con ese ratero…y si tienes que ahorcarlo, lo ahorcas…’

…Cogí al tipo y me lo llevé para abajo de unas  matas que había. Le puse una soga en el cuello y la tiré por encima de un gajo con la idea de ahorcarlo. Recuerdo que me eché para atrás  sobre el caballo en que andaba con la idea de cumplir la orden que me habían dado. Pero el hombre traía un niño, un niño como de diez años. Y cuando le puse lo soga al cuello, que lo iba a levantar, el niño se abrazó llorando y le dijo: Ay papito o algo así. Aquello, como padre al fin y como hombre de buen corazón, me llegó al alma.

  (Otro de los testimonios de Gustavo Castellón en el libro «El caballo de Mayaguara»  del escritor Osvaldo Navarro editado en Cuba por la Editorial Letras Cubanas en l984.)

.Porque mucha gente no sabe que en aquellos tiempos había una confusión muy grande. Y eso no lo he visto en la mayoría de lo que se ha escrito y en las películas que se han hecho  en el Escambray. Hay algunos que pintan la cosa muy sencilla y ven nada más que la parte linda. Bien se ve que no estaban  aquí. No creo que sea yo el más  apropiado para estar analizando lo que pasó. Yo hablo a grandes rasgos. Pág.93.

.Al principio, aquí no se sabía quién era quien .Lo mismo se te alzaba un campesino, que un terrateniente, que un oficial del Ejército Rebelde. Y había que estar muy claro para saber dónde estaba el hijo de puta. Se cometían muchos errores, porque casi nadie sabía como había que hacer las cosas, y porque hubo quienes se equivocaron medio a medio respecto a lo que era la Revolución y se la quisieron coger para ellos. Y aquí en el Escambray se hicieron atrocidades. Hay que decirlo: se hicieron atrocidades. Pág.94

.Yo recuerdo siempre el caso  que se dio en una familia que tenía cuatro hijos, uno de ellos había pertenecido  al Ejército Rebelde y fue licenciado sin ningún motivo, recibió muchas humillaciones. Pues el muchacho se alzó contra la revolución. Entonces los otros tres hermanos eran revolucionarios y participaron en la limpia, con un valor tremendo. Y me parece que fueron ellos mismos los que cogieron a su  hermano ¡Que tragedia! Yo digo que eso se pone en una película y hace llorar. La lucha entre aquellos hermanos y los padres sufriendo…Pág.94

.Aquí hubo momentos en que había más de cincuenta mil hombres sobre las armas, porque Fidel dijo que si una aguja se perdía en el Escambray, había que encontrarla. Pag.97

El ‘Caballo de Mayaguara’ narra cómo fue el combate donde el y sus hombres masacraron a    11 hombres alzados en Sabanas del Moro cerca de Manicaragua. Para  capturarlos el caballo contó con miles de milicianos.

Pues bien, veo a Porfirio Guillén que estaba allí disparando, le apunté y le tiré como de costumbre, parado en firme, y le di como tres tiros. El tipo se caía y se paraba, se caía y se paraba otra vez. Botó el M-3 y se repuso. Dígole a Luis Barrizonte ¿Qué tiene ese hombre que no se cae? Y fue dando tumbos hasta la punta de caña donde Evaristo Cabrera lo remató. Pág.-105.

Los reportes oficialistas dicen que: Gustavo Castellón murió el 22 de abril de 1991 con grados de Mayor de las FAR.  Un forista me escribe y dice que la fecha de muerte fue en 1981. 

“Los vecinos dicen que el Caballo se suicidó allí en su casa de Cumanayagua y que murió en la miseria y el olvido”.

II

Otros testimonios del bandido que aparecen también en el libro de Navarro fueron republicadas en el periódico Escambray  de la provincia de Sancti Spiritus.

Aquí les comparto  el enlace   Escambray  y  un segmento.

517228044973707ccccccccccccccccccccccc…Por eso, cada vez que me enredaba en combate con ellos, le decía a mi tropa: “Muchachos, no dejen ni las raíces de los criminales estos”. Pero también, porque cada vez que decía esto, ya tenía uno de aquellos muchachitos míos agonizando o muerto. Y cuando nosotros tirábamos cuatro relinchos en las lomas esas, la gente comentaba: “Por ahí va la gente del caballo”. Je, je. Y eso era cagarse.

(…)
Todo eso tuvo que hacerlo el Caballo de Mayaguara, porque eran tiempos muy difíciles aquellos y la lucha era a muerte. Nosotros luchábamos contra salvajes, porque aquellos no eran hombres. Allí no había el más mínimo sentimiento humano. Que nadie sabe lo que hubiera pasado en este país si ellos hubieran logrado un triunfo, aunque fuera por poco tiempo. No me imagino cuántos cubanos hubieran muerto en sus manos. Eso deberían saberlo los muchachos nuevos y los que vengan después que quieran saber lo que pasó en el Escambray.

Ayer leí en la prensa oficial que la Televisión Cubana va a presentar por estos días la serie televisiva La otra guerra inspirada en ese caballo.

 

 

Damas de Cuba contra la Dictadura: “En la batalla moral y humana siempre fuimos superiores”

A las Damas de Cuba, madres, esposas, hijas, novias, hermanas de insurgentes que nunca aparecieron en titulares de diarios ni sus fotos cubrieron las redes sociales porque en la década del sesenta los medios de prensa funcionaban de otra manera, mis respetos y veneración.   

De mi libro Escambray: La historia que el totalitarismo trató de sepultar.

Moraima Caballero. El comunismo quiso destruir a los hombres y mujeres del Escambray en todos los sentidos pero no pudo porque ni perdimos la fe en Dios, ni  destruyó el amor y la unión de mi familia. En esa batalla moral y humana siempre fuimos superiores. 

Natural del poblado de Sancti Spíritus. Muy joven se casó y se fue a vivir a una finca en el campo en la zona  cercana a  la carretera que une a Sancti Spíritus  con Trinidad.  Era una finca próspera, propiedad de la familia del esposo. En 1960 su esposo, su suegro y cuñados que vivían en la finca de la familia  comenzaron a ayudar  a los hombres que estaban alzados en las montañas contra el régimen tiránico recién instaurado.

Les enviaban comida y otros avituallamientos fundamentalmente a Osvaldo Ramírez y los hombres de su grupo que aunque no  venían hasta la misma casa sí las recogían en puntos determinados que señalaban, así evitaban ser vistos o caer en alguna emboscada de la milicia.

Las mujeres de la familia no estaban enteradas de los detalles porque nunca los hombres les daban información para evitar futuras represalias del régimen pero  sí ayudaban con la preparación de las comidas y los envíos que se hacían desde la finca a los alzados

  De esa etapa Moraima cuenta:

Un  13 de octubre de 1963 llegaron y citaron  a los hombres de mi familia para que se presentaran en  Sancti  Spíritus,  según los que citaron  ‘era para tomarles  una declaración’.  Las mujeres nos quedamos en la casa que además rodearon  los  milicianos  para mantenerla en constante cerco y vigilancia. Yo estaba embarazada de  cinco meses de mi hija Magali  y además tenía otra  niña de tres años que se llama Gladis.

Como pasó el tiempo y no regresaban ni teníamos noticias de ellos, ni sabíamos  qué podría estar pasando yo decidí ir a  Sancti Spíritus  a indagar por mi esposo y por los demás. Fui a ensillar un caballo para llegar  hasta el pueblo e inmediatamente un guardia de aquellos se ofreció para ir conmigo, ensilló otro caballo para acompañarme  y yo me negué, le dije que iba sola y regresaba sola, así lo hice, pero de todas formas él fue tras de mi,  vigilándome.

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Trinidad

Me enteré que los habían llevado para la cárcel del  Condado cerquita de Trinidad y entonces preparé y les  llevé una jaba con lo indispensable para aseo y ropas para cambiarse.

En aquel lugar me atendieron,   recogieron la jaba  y todo pero nunca se la entregaron. Tampoco me dieron explicaciones.

A ellos en Condado los torturaron sicológicamente. A mi  suegro lo desnudaban y le daban un muñeca para que la cargara y se paseara con ella delante de todos, a mi suegro un hombre mayor de mucha vergüenza verse obligado por los guardias a hacer tal acto lo afectó muchísimo, eso fue horrible, humillante, vergonzoso. Me enteré de todo esto que te cuento mucho tiempo después cuando pudimos reunirnos mi esposo, mis hijas y yo.

Pasaron  días y días, nosotras seguíamos en aquel estado de control y vigilancia, los milicianos ni se movían de los alrededores  y el día  11 ó 12 de noviembre, no recuerdo exactamente, vino hasta la casa un carro de milicianos y el que parecía el jefe les habló a  los demás que estaban allí  y aunque no pude escucharlo todo sí oí cuando dijo: ‘estas mujeres tienen que ir a coger la guagua que viene a buscarlas, a las buenas o a las malas’.

Dejé mi casa con todo, juegos de muebles, ropas,  utensilios de cocina, animales, vacas, cerdos, gallinas, una casa de ordeño en la que además hacíamos quesos, un pilón de maíz repleto debido a las abundantes cosechas que se recogían   en la finca, una arboleda frondosa llena de todo tipo de frutas, en fin, una finca envidiable No supe qué fue de aquellos.  Nunca más me permitieron volver  a aquel lugar.

Todo quedó en manos del gobierno. Estaba en marcha el famoso Plan Escambray que consistió en eso, en robarles  descaradamente a los hombres y mujeres de bien hasta la sonrisa, convertirlos en  cautivos y reducirlos a un estado de pobreza absoluta.

Nosotras no entendíamos qué era lo que nos iba a pasar, yo,  embarazada y con la niña chiquita apenas atiné a coger unas ropitas para ella por si no nos regresaban en el día. En medio de aquel desconcierto tampoco sabíamos qué nos esperaba en el futuro.

Nos montaron en la guagua y cada rato hacían una parada y montaban gente, yo veía que aquello no terminaba, por fin llegamos a Sancti Spíritus pero parece que mi madre ya estaba enterada de lo que iba a suceder o alguien le había avisado y estaba allí esperándome, llorando  la pobre, pidiéndole a los guardias que me dejaran a mí pues estaba embarazada y con la niña,  pero nada, siguieron con nosotros para la Habana para un reparto llamado Miramar, un lugar que había sido de residencias de personas que tenían un buen nivel de vida en Cuba y abandonaron el país cuando llegó el comunismo.

Eran casas de lujos y estaban en un barrio que había sido ‘selecto’ pero desde luego nosotras no éramos turistas, todo cercado, custodiado y con régimen penitenciario de permisos pedidos y pases para salir o para recibir vistas.

Desde que entramos allí pasamos a un régimen de  prisión. No estoy segura pero creo que éramos como  trece o catorce familias en total. A mi suegra, mi cuñada, la niña y yo nos reunieron en la misma casa con otras personas más que incluso yo no conocía,  aunque la casa por fuera era de lujo, adentro el sistema era de albergues, la comida la cocinaban en otro lugar y nos la llevaban a repartir allí.

Como ya te conté yo sólo llevé lo indispensable de ropa para la niña pero el resto de las mujeres no llevaban nada más. Mi hija Gladis  no comía casi y yo como tenía en mi casa condiciones la alimentaba  muy bien buscando siempre cocinarle lo que a ella le gustara pero en aquel lugar la comida era la misma para todos y desde luego pésima. Yo veía lo delgadita que se ponía, por mi parte, embarazada, sin una ropita para cuando tuviera el bebé, ni un paño para arroparlo, en fin, nada.

Mientras, desde Sancti Spíritus mi mamá comenzó a hacer todo tipo de gestiones para sacarme de allí y llevarme para la casa de ella, pero  no lo permitieron. Por esa fecha  no teníamos idea de dónde estaba mi esposo, ni mi suegro,  y mucho menos él sabía cual había sido mi destino.

En enero  de 1964 yo le dije a Omara la responsable de nosotras  en la prisión de Miramar  ‘creo que estoy de parto, apúrate y búscame un carro’. Me fui para la enfermería porque  de allí no podíamos salir si no era con un permiso, empezaron las demoras con el carro de ambulancia  y por fin llegó pero di a luz en la ambulancia, después   me llevaron al hospital,  me tiraron en una cama, sin un pañal, sin una ropita, solita allí.

Las demás mujeres del albergue empezaron a presionar a la jefa para que buscara  algo con qué vestir a la recién nacida y  entre todas buscaron  y me mandaron lo que pudieron porque ellas tampoco podían salir de allí. Mi otra niña se quedó sola en el albergue de Miramar, gritando  sin mí,  entonces al día siguiente le pedí al doctor que me diera el alta porque me  preocupaba mi otra hijita. Como la recién nacida estaba saludable y sin problemas convencí al doctor. Tuve que salir del materno con la misma ropa que fui a parir, sin dinero, sin nada más. Busqué un taxi que me llevó al albergue donde pedí dinero para pagar el viaje. Después mi mamá me mandó ropitas y lo que  pudo conseguirme y más o menos fui remediándome.

Ya por esa fecha supe que a mi esposo y a todos   los hombres que habían caído presos  los tenían en una prisión en Sandino  provincia de Pinar del Río. Supe que desde Condado los trasladaron para allá, sin ropas, sin nada más, sin el conocimiento de sus familias, sin una explicación. Tanto ellos como nosotros nos convertimos en una propiedad privada del comunismo. Fuimos los humanos que el famoso  Plan Escambray convirtió en esclavos modernos.

La recién nacida era muy sana pero a los tres meses empezó con fiebres. Llamé a una amistad que vivía en la Habana y le pregunté que si tenía alguien médico de confianza que pudiera ir allí donde estábamos para que sin que nadie notara que era médico me la observara. Así hicimos, él se puso ropa civil y metió los equipos de médico en una jaba cualquiera y fue  como un visitante más. Me atendió la niña y vio que tenía un poco de bronquitis,  la niña hizo  alergia a la penicilina y no le pudo poner una, no teníamos más  medicamentos, esa noche no dormí velándola y al día siguiente le dije a Omara la jefa de nosotras  ‘veo la niña muy mal’.

La llevaron al médico y me dijeron ‘hay que ingresarla y desde luego yo no podía estar en el hospital porque en esa época eso era prohibido, tuve que dejarla allí y regresar al albergue pero cuando fui por la mañana del día siguiente no aparecía mi niña, nadie sabía donde estaba ni me podían explicar donde la tenían,  luego de muchas averiguaciones supe que la pasaron para otro hospital y el doctor que me vio no me dio esperanzas de vida para la niña, me la trajeron en un estado que daba lástima, me dejaron con ella allí y así poco a poco con cuidados esmerados la fui salvando y como a los 15 días le dieron el alta

Después supe que a mi esposo,  suegros y cuñado cuando  los sacaron del Condado  los llevaron hasta Sandino y los tuvieron vestidos de presos y en  albergues de presos  todo  el tiempo que estuvieron en Sandino

Como  yo sabía ya donde estaba mi esposo  me escapé de Miramar  con las dos niñas y se las llevé al padre para que las vieran, claro, cuando yo llegué al campamento en Sandino ya la policía sabía que yo iba para allá y me estaban esperando, ellos  llamaron a la Habana y dijeron que yo estaba allí, me reuní dos horas con él  y luego regresé para la Habana, donde recibí el correspondiente regaño.

39645-fotografia-mEn agosto del 64 nos dijeron que en Sandino estaban haciendo 300 casitas para que en el futuro nos fuéramos para allá, que íbamos a tener oportunidades mediante una selección. Aquel  pueblecito quedaba  pegado a la costa, distante de donde yo vivía en Sancti Spíritus. Desde luego en la primera selección ni a mi suegra ni a mi cuñada le dieron casas.

La casa que me dieron era en un edificio y los muebles eran rústicos, de mala calidad,  una litera en un cuarto y una cama en el otro, una mesa y cuatro sillas, dos o tres  platos un fogoncito y unos calderos.

A todos los hombres de esa recogida  no le hicieron juicios,  ni los acusaron de nada,  directo como te dije a Sandino. La finca de nosotros tenía mucho café, mucho arroz,  todas las cosechas, la tierra, la casa con todo lo de adentro  pasó a ser propiedad del gobierno por obra y gracia del Plan Escambray. Mis tres hermanos que eran del mismo pueblo de Sancti Spíritus también cayeron presos,  se llaman Ovidio Caballero (le echaron 10 años),   a Orlando (12 años)  y a Orestes  (9 años). También te puedo decir que los detalles los supe después, en la época que mis hermanos cayeron presos ya yo estaba cautiva en Miramar y mi esposo cautivo en Sandino.

Mis hermanos tuvieron relaciones de ayuda y colaboración con Tomas San Gil, Julio Emilio Carretero y  Osvaldo Ramírez. Realmente no sabía  mucho porque los hombres no nos daban detalles para protegernos, ellos decían ‘mejor no estés al tanto para evitar que tomen represalias’. Yo me enteré de eso muchos años después, pero  para los detalles tendrías que hablar con ellos. Los hombre nos protegieron sin embargo el final fue que nos hicieron cautivos a todos, mujeres y hombres,  nos reconcentraron y un poco más, un poco menos fuimos torturados y vejados igual.    Cuando decidimos irnos del país no teníamos ni carta de libertad, ni sanción, ni sentencia, ni nada que nos permitiera demostrar que éramos presos políticos. Tuvimos que demostrar que  éramos cautivos pero para eso primero la embajada americana inició una investigación y ya cuando estuvo todo listo  nos procesaron y pudimos venir como refugiados políticos a este país.

Hay algo que quiero que sepas, en esos  pueblos cautivos que obligó construir  la llamada revolución mediante trabajos forzados de los propios campesinos que arrancaron del Escambray  ni se les permitió construir una iglesia. Nos  impusieron una actitud atea, sin embargo mi hija y yo pusimos nuestras casas al servicio de él que  iba hasta allí para hacer los grupos de oración así como celebrar las misas y las jornadas religiosas que comprende la iglesia católica. Empezamos como diez personas, después éramos  veinte, se llenaba la casa, hasta los médicos de los  consultorios iban. En el 2001 cuando yo me fui de Cuba  ya las misas se hacían en otra casa al aire libre,  se llenaba el patio, los alrededores, eran  muchísimas persona. Nunca les permitieron a las autoridades religiosas  fabricar un templo ni nada.

Yo nunca perdí la fe. Mi  hija Gladis fue bautizada en Sancti Spíritus pero como Magali nació estando yo presa en cuanto me dieron un permiso o pase temporal para viajar a Sancti Spíritus  la llevé a la Iglesia de allí y también la bauticé.

El comunismo quiso destruir a los hombres y mujeres del Escambray en todos los sentidos pero no pudo porque ni perdimos la fe en Dios, ni  destruyó el amor y la unión de mi familia. En esa batalla moral y humana siempre fuimos superiores.

Buscando el Escambray que dejaron mis padres

Verena salió del aeropuerto de Santa Clara y un vaho tibio con olor a asfaltil derretido le golpeó el rostro cubierto por la crema  que se había esparcido en las mejillas para evitar el azote del rubio insular. Iba al Escambray a buscar lo que sentía latir en el corazón de sus padres y  se adelantó resuelta hasta un grupo de personas  que estaban aplaudiendo y gritando vivas a los recién llegados para enfrentar lo que se presentara.

De ellos un joven con la piel negra y brillante del sudor fue el primero que se le abalanzó para abrazarla y darle un beso.  De momento no supo qué hacer ante un “moreno cubano” a quien no conocía y  que le expresaba simpatía, pero permitió el abrazo porque sintió miedo a que la tildaran de racista o a que el gesto llamara la atención de algunos mirones.

Amigos en Estados Unidos le habían advertido que los del  cuerpo secreto de la inteligencia siempre merodean los aeropuertos y se mantenían atentos a cualquier gesto de los visitantes para “darle seguimiento”.

Cuando le entraba el miedo sentía un frío muy grande que le bajaba desde la nuca hasta el huesito de la alegría. Fueron sus padres Josefina y Ramón quienes le aseguraron que cuando se siente algo así  no se puede hacer nada más que respirar profundo.

“El miedo paraliza”, le decía la mamá a menudo, cuando le contaba sobre los años que vivió en el Escambray.

img-20160316-wa0013Estaban de moda los viajes a la isla después de décadas de hostilidades entre los gobiernos de EE.UU y Cuba y Verena sabía que la gente hacía recibimientos efusivos a todo el que oliera a “yuma”.

Decidió pasar el trecho de la llegada sin llamar la atención. Quería ir a los lugares de los que tantas veces les habló su mamá Josefina y su papá Ramón.

Ambos dejaron Cuba en 1961 con ella tan pequeña que nunca consiguió registrar en su memoria ningún recuerdo. Casi todo lo que supo  de la isla y su gente lo escuchó de su mamá allá en New York muy cerca de las aguas del río Hudson, mientras esperaban que el papá terminara de trabajar en la factoría para irse juntos en el bus al apartamento.

La mamá le contaba de sus orígenes y Verena aprendió  a sentir el país donde nació desde el relato de ella, por eso cuando fue adulta y tomó el apellido del marido decidió ir a recorrer los trillos de la finca La Bermeja por donde una vez caminó Josefina, con ella en brazos  y  los sabuesos pisándoles los talones para arrestarla.

“Ramón estaba escondido en la casa de unos amigos de entera confianza en La Habana. Fue para allí porque le avisaron que lo iban a detener y llevar preso para Condado en Trinidad con los demás campesinos de la zona. Me avisó que cogiera un carro de alquiler para reunirme con él y que llevara nuestros papeles y pasaporte”.

“Yo no podía levantar sospechas porque la finca estaba vigilada todo el tiempo por los milicianos para agarrarnos en algún percance y acusarnos de ayudar a los alzados por eso esperé al amanecer del día fijado para irme. A esa hora  los milicianos se reunían en una arboleda que estaba a unos trescientos pasos de la casa para tomar el café que le llevaba mi suegra en un aparente gesto de buena voluntad pero que solo buscaba entretenerlos y escuchar sus comentarios”.

“Salí contigo envuelta en un pañal que he conservado hasta estos días. Caminé rápido por un trillo al costado de la casa, crucé el puentecito y  fui directo a la  carretera por donde circulaban algunos carros hasta Fomento”.  

“Tenía el presentimiento de  que me estaban siguiendo pero no tuve el valor de pararme, ni de mirar  atrás. Me di valor pensando que los sabuesos me relacionaban con alguna guajira de la zona que iba a un turno del médico y por eso no se apuraron mucho en seguirme.

“No sospecharon que era yo, si no me hubieran alcanzado”.

“Llegué a la carretera donde me esperaba El Chino Carrascoso en su máquina   para transportarme. El día antes mi suegra les mandó aviso de que me ayudara”.

“En aquellos tiempos era frecuente escuchar que se llevaban presos a hombres y mujeres por colaborar con los alzados y en otros casos para evitar que se alzaran. El Chino corría un riesgo enorme al ayudarme porque lo podían ver como colaborador, pero era  buen amigo de mi esposo y de la familia y un anticomunista de convicción”.

“Pasamos sin contratiempos por Güinía de Miranda, Manicaragua, Santa Clara y luego todos esos pueblecitos de la carretera central hasta La Habana. Teníamos casi la misma edad  y  dos jóvenes con un bebé en brazos no llamaron la atención. Tal vez por eso nos dejaron seguir y digo tal vez porque en aquellos tiempos nunca se sabía de dónde saltaba el chivato o el revolucionario colaborador”.

“El Chino manejaba y hablaba todo el tiempo. Hacía cuentos de las veces que Ramón y él fueron juntos a los bailes de Güinía y Fomento pero yo casi no lo escuchaba”. 

“Pensaba en mis padres que ni un beso de despedida les pude dar, en mis hermanos, en mis abuelitos. En la finca próspera que dejaba atrás llena de árboles, ganado y cultivos. En la casa perfumada por las  gardenias del jardín. En las noches de guateque en que nos divertíamos muchísimo escuchando a los repentistas improvisar sus décimas al compás del laúd de Manolo. En la tierra donde habíamos estampado nuestras iniciales con el sudor del trabajo y el sacrificio heredado de los antecesores. En la mata de nomeolvides que sembré en el jardín.

11035970_1650857861796905_3771104246630794839_n“Muchos años después cuando me encontré con el Chino en New Jersey me contó  que  hablaba y hablaba para  espantar el miedo y la angustia que veía en mis ojos. Yo sabía lo que era el miedo Fina porque ayudé a mucha a gente a huir del terror“, me dijo él.

La finca La Bermeja  fue confiscada unas semanas después de que Josefina huyera.

Cuando los milicianos se dieron cuenta que Ramón no iba a volver por allí porque ya las mujeres de la casa no salían al patio a recoger  gardenias y por la mañanitas no se escuchaba el llanto de un bebé, ni Tita les llevaba café, levantaron campamento.

Un año después los abuelos de Verena salieron rumbo a España donde le concedieron asilo y la casa pasó a manos de los orientales, según le contaron en cartas a Josefina los parientes que vivían en el caserío de Potreros de Güinía.

II

Verena, con su pasaporte americano, su apellido inglés y su español casi perfecto abordó  el avión en Miami con la esperanza de que los usurpadores de la propiedad la dejaran, al menos, caminar por los trillos que una vez usaron sus padres y abuelos.

La esperaba en el aeropuerto la hija de un viejo amigo de los padres de Verena que nunca cayó preso, ni fue molestado por los milicianos en el Escambray porque siempre anduvo con discreción para no levantar sospechas y poder colaborarle a los insurgentes.

-Me llamo María del Carmen, pero todos me dicen Carmen. Dice mi papá que te tengo que llevar a la finca que era de tus padres. Eso queda lejos, así que mejor aprovechemos el tiempo, es verano y puede llover.

-También quiero ir al cementerio de Condado, a Topes de Collantes y pasar por La Campana, le espetó Verena.

-La gente viene  a ver las casas que sus padres dejaron en los pueblos, a tomar mojitos, a bailar y a mirar las ruinas en que se han convertido las ciudades pero nunca he escuchado a los que quieren saber donde están los muertos que se alzaron contra la dictadura. A nadie se le ocurre recorrer los lugares donde se cometieron las mayores vilezas”, respondió Carmen con  voz baja pero firme.

-Mis papás trabajaron muy duro en New York para sacar a los padres de ambos del Escambray y luego cuando se mudaron para Miami ayudaron a otros parientes que quisieron irse de este país, pero aquí nunca quisieron volver.

-Si, lo sé, si ellos hubieran venido a Cuba mi papá los habría recibido  como hago yo ahora. El murió recordándolos con mucho cariño y alguna que otra vez cuando veía fotos que ustedes mandaron a los primos de aquí  me contaba cómo fue que  le quitaron la finca a tu familia para convertirla en lo que vas a ver en un rato.

Cuando el carro  iba pasando por  Güinia de  Miranda Verena se dio cuenta que todavía no había sentido en el pecho  el compás exacto  que la conectara con los trillos al lado de las montañas por donde su mamá  caminó, aquella madrugada de verano, con ella  apretada al pecho y respirando fuerte para espantar el miedo.

Cerró los ojos y respiró profundo.  Quería saber si podía reconocer los lugares por el olfato como hacía su mamá.

“Cuando nosotros regresábamos de Santa Clara en el jeep de tu abuelo, le contaba Josefina,  yo cerraba los ojos y desde que olfateaba cierto olor a monte, limpio y fresco, sabía que nos acercábamos a Manicaragua”. Güinía era otra cosa, olía a fritanga y un caserío que estaba entre esos dos pueblecitos a perfume barato, como el que usaban las coristas del teatro Alhambra.

-Yo quiero hacerlo igual mami, decía Verena.

-A ver Verena, cierra los ojos y respira profundo… a qué huele este lugar?

-A perro caliente, mamá.

Josefina se reía.  “New York huele a canela tibia por la madrugada y a perro caliente al atardecer”, le dijo  un día cuando se bajaron del bus cerca de Central Park para ir a comprar los regalos de Navidad.

Verena lo intentó muchas veces en New York y lo logró, sobre todo con el olor a perro caliente cuando tenía hambre , pero ahora que recorría otros senderos en la búsqueda del pasado de sus padres no  consiguió sentir el olor a monte del que le habló la mamá.

Por más que inhaló con los ojos cerrados el viento que entraba por la ventanilla, lo que alcanzó a distinguir fue un vaho agrio. Abrió los ojos y vio unos basureros donde un perro y un mendigo hurgaban, ajenos a los ruidos del carro que cruzó a unos cinco metros de ellos.

-Estamos entrando a Güinia y de aquí en adelante el viaje se hace más difícil”, alertó Benito, el chofer.

Había muchos huecos en lo que una vez fue la carretera que conectaba ese pueblecito con Fomento y el chofer rezongó.

_Yo creo que este carro no aguanta el camino.

Pero Verena estaba conectada con el corazón de su mamá para que le  dictara emociones y no escuchó.

-“Dice mami que la finca y la casa se ven desde la carretera y que  donde hay dos palmas reales y un portón tenemos que bajarnos del carro para seguir a pie”.

Carmen sonrió.

-Hay que cruzar una cañada primero. Ahí es donde los espíritus de La Bermeja caminan al lado de uno. Siempre que alguien nuevo va al lugar aparecen por detrás de la mata de yagruma y se mantienen ahí hasta tanto son advertidos. Luego se van buscando el monte por el palmar  que hay más arriba.

Verena pensó que era una broma, pero la seriedad de Carmen  la impactó.

-Son las almas de los muertos que hay enterrados en todo el Escambray.  Vienen a La Bermeja buscando el claro de luz donde está la mata de “nomeolvides” que sembró Josefina el día que naciste tú. Esa fue la única marca que dejó Fina al salir de Cuba. Lo hizo con la esperanza de que pudieras volver un día a tomar posesión de La Bermeja que les confiscaron por orden de Félix Torres que a su vez obedecía los mandatos de Fidel Castro. Fina quería que en el mismo lugar tú construyeras una torre de ladrillos muy  alta para subir allí a mirar los amaneceres entre montañas. Que escribieras un libro de relatos de la cruzada maldita que acabó con los sueños y esperanzas de cientos de familias de la región”, explicó Carmen.

-Cómo sabes todo eso Carmencita si nunca hablaste con ella?

-Fina y yo conversábamos a menudo  por las noches cuando a mí me tocaba la guardia nocturna en la escuela donde trabajé por varios años en  Rincón Naranjo. Es un área donde murieron por fusilamiento o por tiroteos muchos alzados a los que los milicianos desaparecieron de una forma tal que sus familias nunca pudieron darle sepultura como Dios manda, contó Carmen.

-Hay que bajarse aquí interrumpió Benito, tras sacar el carro   de la franja polvorienta  que una vez fue carretera y parquearlo debajo de una mata de guácima. Creo que es por el trillo al lado de aquella palma. ¿Las espero en el carro o las acompaño?

-Ven con nosotros, dijo Carmen.

– No estarás equivocado?… Allí falta una palma, señaló Verena.

-La cortó Avelino para hacer una casita al lado de sus padres en Mabujina, respondió Carmen.

-¿Y el portón para entrar a la finca?.

-Lo tumbó un buldócer cuando dijeron que iban a reconstruir la carretera para mejorar las vías de comunicación entre Fomento y Güinía. A veinte metros a ambos lados de la vía le pasaron aplanadoras y cuanto equipo pesado se les ocurrió, explicó Carmen.

-¿Y el puentecito que había por arriba del arroyo para llegar a la casa?

-Se lo llevó una crecida y luego la gente que vivía en tu casa lo parapetó como pudo para  cruzar a pie.

Caminaban en fila india porque el trillo era estrecho. A ambos lados los matorrales amenazaban con invadirlo todo. Carmen iba delante, luego Verena y unos metros más atrás Benito.

-La casa tenía portales alrededor, estaba pintada de blanco, el techo era de tejas color marrón, el jardín de abuela Tita era inmenso…

-¿Donde está todo eso?

-En el corazón de ellos, querida Verena. La tierra que pisas, el país que buscas sólo está en el corazón de tus padres, le respondió Carmen mientras observaba que las ramas  de los árboles  se movían  con más fuerza según avanzaban.

Allí en el claro del monte donde una vez hubo una casa se alzaba una especie de barracón pequeño con techo de zinc y paredes de tabla de palma que tenía una sola puerta donde colgaba una  cadena que alguna vez sirvió para poner  candados.

“No te angusties”,  dijo Carmen y tomó a Verena de la mano para llevarla al lado izquierdo del  rancho donde  estaba la mata de nomeolvides, cargada de flores y brillando por el sol fuerte de la tarde.

-“Nunca la pudieron eliminar, los granjeros chapeaban la zona, la cortaban y ella volvía a salir.  Tanto en días soleados como en noche de plenilunio los espíritus del monte y las almas en pena vienen aquí a  buscar consuelo. Antes la vieja Marcela desde su casa al otro lado del arroyo los veía llegar hasta el nomeolvides y les rezaba para elevar los espíritus de esos almas en pena que murieron en el Escambray y las familias nunca supieron donde fueron enterrados”.

 “Marcela murió en 1981 pero sigue rezándoles desde el sepulcro, para que encuentren la paz porque los muertos nunca se van cuando no se les hace justicia”.

“Por aquí están vagando” dijo Carmen tras  persignarse y arrancar unas flores de “nomeolvides” para ponérselas en el pelo.

Un oriental que tenía grados de capitán de la milicia pasó a ser el encargado de La Bermeja después que los abuelos de Verena  se fueron de Cuba para reunirse en New York con Ramón y Josefina.

Por orden de Félix Torres[i] se quedó al tanto de la finca que era de la revolución pero que la podía usar siempre que entregara lo acopiado a la cooperativa”.

Los pocos vecinos que quedaron por allí  enseguida se dieron cuenta que al oriental  no le gustaba mucho trabajar en el campo porque unos cinco años  después  se buscó otras “tareas con la revolución” y dejó todo abandonado.

Desde entonces La Bermeja está vacía. Queda un pedazo de cemento de lo que fue piso de la sala de la casa pero cubierto de malezas. Poco a poco la gente se fue llevando las tejas  y las tablas para componer otras casuchas lejos del “misterio y el embrujo”.

El territorio quedó libre para el cruce de las almas de las víctimas en la región. Josefina y Ramón nunca más volvieron allí y cuando los abuelos de Verena murieron nonagenarios en Miami,  les pusieron en las manos un ramillete de nomeolvides de la mata que Tita sembró en el jardín de la casita que tuvo en Hialeah.

Pie de Notas

[i] Félix Torres tristemente conocido en el Escambray por sus crímenes y abuso de poder durante la etapa de confrontación entre campesinos y la Dictadura fue nombrado comandante del Ejército Rebelde.

Era de Yaguajay, integró desde muy joven las filas del Partido Socialista Popular. En 1958 fundó un destacamento guerrillero contra el gobierno de Batista en la zona de Yaguajay y luego de la llegada de la columna invasora dirigida por Camilo Cienfuegos se unió al frente norte de las villas. Participó en algunas escaramuzas bajo las órdenes de Camilo Cienfuegos.

Más tarde tras fue nombrado Jefe del Plan Escambray y asignado a trabajar en esa zona. Confiscó decenas de fincas y propiedades (autos, camiones, casas) en nombre de la “revolución”, y ordenó encarcelar a muchos de esos propietarios  cuando se revelaban por el abuso de poder.

Muchas de las propiedades confiscadas luego las entregó a otras personas que él estimó conveniente. Los campesinos lo recuerdan  como uno de los hombres que más daño hizo en la región. Murió en 2008 con 91 años.