La censura pura y dura en la isla y la impura y dulce en el exterior

Suelo rescatar algunos post que encuentro en las redes sociales porque allí se sumergen en una especie de vorágine que los va dejando en el olvido y para encontrarlos luego en los buscadores requieren de faena. Es por esa razón que voy incluyendo en este sitio dichos textos y a la hora de acceder a ellos solo tengo que escribir palabras claves.

No es la primera vez que «rescato» algún texto de Armando de Armas. Aquí les dejo uno que publicó en Facebook este 6 de enero de 2023 y que induce a leer una entrevista que le hicieran en 2017.

Entrevista en Puente a la Vista, 2017, con motivo de la segunda edición en español de mi libro de ensayo Los naipes en el espejo.

Algunos, entre ellos el autor Amir Valle, me han calificado como un escritor atípico dentro de las letras cubanas. Releyendo ahora esta entrevista y otras anteriores, estimo que quizá no estén errados en tal calificativo:

«Mi primer texto fue un infame libro de relatos que terminé quemando; destruir el cuerpo para salvar el alma como estimaban los sabios del Santo Oficio. Luego vino La tabla, novela que finalicé en Cuba en 1990 pero que vine a publicar 18 años después en España, en 2008. He padecido la censura pura y dura en la isla y la impura y dulce en el exterior. Ya he contado en otro sitio que me crié cerca de Santa Clara; un sitio, por así decirlo, fuera del tiempo, de la historia. En el que los muertos y los vivos, la realidad y los sueños, se interrelacionaban en un maridaje sin rupturas; crecí oyendo historias de aparecidos y tesoros escondidos, de bandoleros y piratas, historias a las que se daba tanta credibilidad como a las historias de una realidad escabrosa, marcada por peleas de gallos, incestos, raptos de mujeres y duelos a machete, además del trabajo cotidiano y embrutecedor.

La historia irrumpió una noche, mi madre embarazada de mí, en que asaltaron la casa los terroristas del 26 de julio, y le pusieron una pistola en la sien a mi padre para quitarle una escopeta 16 de dos cañones; mi madre por poco aborta…

Mi abuelo paterno con ocho años fue mensajero de las tropas de Máximo Gómez durante la invasión al occidente de la isla, durante la Guerra de Independencia. Me contaba muchas historias sobre la guerra, sobre el horror de la guerra. Un hombre temible mi abuelo José de Armas, pero me regaló mi primera bicicleta, de la marca Niágara americana. Conocí otro veterano de la independencia, hizo la invasión a las órdenes de Gómez con el grado de sargento. Había matado varios hombres, en la guerra y después durante la República. Él me curó el asma, un infierno el asma, la medicina no pudo y aquel hombre, blanco y de ojos azules, que se había iniciado en la regla de Palo Monte con los congos insurrectos, me curó. En mi casa no había libros, es más, leer era una actividad sospechosa. Aunque agradezco a mi madre que me regalara Simbad el marino, relato legendario conocido debido a Las mil y una noches, obra a la que no pertenecía en origen pero a la que se incorporó entre los siglos XVII y XVIII. También un primo presidiario me regaló un libro de poemas, Duro oficio el exilio, del poeta y dramaturgo turco Nazım Hikmet Ran. Fueron mis primeros libros, además de la Biblia».

Para leer la entrevista completa ir aquí

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