Escambray: Cheíto León, Reinaldo Miravalles y el hombre de Maisinicú

El hombre de Maisinicú un filme hecho por la dictadura para rescatar la memoria de Alberto Delgado, el cubano que entregó a Castro las cabezas de más de una decena de alzados en el Escambray contra el comunismo, contó con la participación de Reinaldo Miravalles, actor de larga data en el mundo artístico de la isla y que interpretó a Cheíto León.

La escena del filme más recordada por los cubanos fue aquella en que Miravalles (Cheíto León) se encarga junto a los insurgentes de su guerrilla de pedirle cuentas a Alberto Delgado sobre el destino de Julio Emilio Carretero, Maro Borges, Zoila Águila, la niña de Placetas y los demás alzados.

Ellos intentaron salir del país rumbo a los Estados Unidos con la colaboración de Alberto Delgado que en apariencia era un amigo pero que en esencia trabajaba para el G-2, devenido luego en Seguridad del Estado. Todos  fueron detenidos por los militares castristas nada más el barco se alejó de las costas cubanas, conducidos a La Cabaña y fusilados semanas después.

Entre los planes de Delgado y el G-2 cubano estaba que más adelante salieran Cheíto León y una decena de hombres alzados junto con él para arrestarlos en alta mar. Las huestes militares habían acordado   proceder de igual forma que con los anteriores pero el plan no se pudo realizar.

Cheíto un joven campesino de 22 años sospechaba de Delgado. Acordó una clave de comunicación secreta con Carretero que salió antes para que cuando llegara a los EEUU le avisara. La clave nunca se dio y se dio cuenta de que habían sido traicionados.

Los hombres de su guerrilla decidieron pedirles cuentas al traidor

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Una escena del filme cubano

Para los cubanos la escena del filme donde Reinaldo Miravalles (Cheíto) le pide cuentas a Delgado por la traición, se convirtió en una gran revelación cuando fue presentado en los cines de la isla y luego en la teelvisión cuando se acercaba la fecha de la muerte del traidor.

Todos celebraron al histrión por la vehemencia con que hubo de pedirle a los que estaban con él que tocaran, hirieran o accionaran la soga con la que ejecutaron al hombre que entregó a los compatriotas.(Semanas después de la ejecución de Delgado fusilaron en la Cabaña al grupo que comandaban Carretero y Maro Borges) y llevaron a prisión a la Niña de Placetas.

El filme y la actuación de Miravalles consiguieron que los cubanos creyeran sin lugar a dudas que  Cheíto León y los alzados eran “bandoleros” que asesinaban a sangre fría y que los delatores como Alberto Delgado interpretado por otro que también murió años atrás (Sergio Corrieri) eran los modelos a seguir.

Los medios de difusión en manos de la Dictadura por más de medio siglo

Esta semana cuando los medios en Miami dieron la noticia de la muerte de Miravalles escuché a algunos conocidos míos que por esa época vivían en la isla traer a tema de conversación la escena de El hombre de Maisinicú donde un actor cubano interpretó al joven campesino.

No sé, ni me interesa averiguar cuáles fueron las fuentes consultadas por el equipo encargado de dirigir y hacer el guión del filme, tampoco a qué alzados entrevistaron los creadores del personaje de Cheíto León y de los hombres que supuestamente mancillaron el cuerpo del traidor.

Años después escuché las palabras de los otros cuando comencé a investigar sobre esos sucesos ocurridos en el Escambray y que en la isla han sido llevados al cine,  la televisión, el teatro y la literatura.

Cheíto León, el hombre que conocí a través de las palabras de los otros

cheitojoseleon_jimenez_cheitoPor los días en que terminé en Miami de escribir mi libro Escambray, la historia que el totalitarismo trató de sepultar conversé con exiliados que fueron en la isla colaboradores de los alzados y conocieron a Cheíto y a su hermano ambos murieron en el empeño de impedir el afianzamiento de criminales en el poder.

Escuché anécdotas de uno de los hombres del grupo que se encargó de la ejecución de Delgado. Le pregunté por la escena de El hombre de Maisinicú y si ellos habían sido entrevistados por el equipo de realización del filme para recrear aquel momento.

“Las cosas no fueron así”,  me dijo.

Negó que eso hubiera ocurrido durante la ejecución del traidor y menos que Cheíto los obligara a todos a “pinchar” el cuerpo de Delgado y a “darle soga”pero me recordó que quien tiene el poder y los medios de prensa “pinta” las cosas como mejor le conviene.

Luego me explicó que semanas después de esa acción el grupo enfrentó a los milicianos. Unos fueron arrestados en las montañas donde se habían refugiado y  Cheíto con 22 años de edad murió en un combate (también en un filme cubano de esa época -Río Negro- hay una escena   que recoge la muerte de un alzado y está muy  cercana a la forma real en que murió).

El último comandante de los alzados en el Escambray

II

Sergio Corrieri, otro actor que se fue hace unos años, logró con su actuación en ese filme que los cubanos asimilaran a  Alberto Delgado el que traicionó a los que luchaban contra los Castro, como el hombre perfecto y leal a la “justicia revolucionaria”.

La justicia, que en más de medio siglo nunca ha sido justa ni meridiana en la isla.

La justicia que criminaliza la opinión del inconforme y del que piensa diferente a la junta militar.

En las últimas dos décadas de mi vida me he visto involucrada por mi propia decisión e interés en el tema del Escambray y la lucha armada contra el totalitarismo, y la versión de las víctimas que aún viven.

He entrevistado a decenas de personas que fueron víctimas de la Cruzada Maldita que vivió esa región y he sostenido conversaciones con hijos, esposas, hermanos, sobrinos y compañeros de lucha de los cubanos que se alzaron en armas contra el poder en un momento en que esa era la opción contra los regímenes nefastos.

Cheíto León era campesino muy joven cuando comprendió que la única forma de enfrentar a los  comandantes que se instalaron en el poder Habana era la lucha armada, por eso tomó el único camino posible en aquella época -las montañas del Escambray.

El campo de batalla de los alzados fueron las montañas del Escambray. Ese era su territorio  y allí no había lugar para los traidores. En algunas ocasiones tomaron la justicia por sus manos para ejecutar a quienes los entregaron a los bandidos con traje militar. 

Yo no los juzgo. Cada tiempo tiene sus medidas. 

Fue cierto que, en muy pocas ocasiones, los alzados pidieron cuentas al traidor que no hubo tribunales ni justicia, ni respeto a la ley. Pero como tampoco los hubo para los compañeros de Cheíto fusilados en La Cabaña luego de la traición de Delgado. Ni para las decenas de cubanos que el esa época pasaron por el paredón en todo el país.

Siempre recuerdo las palabras del compatriota de Maro Borges acerca de que quien tiene el poder absoluto es el traza las reglas de su juego para desvirtuar al oponente…por siglos ..

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Autor: Idolidia Darias

Es la frontera transparente donde no hay jerarquías ni distancias, solo la memoria de una nación a la que sigo atada por los lazos del arcoíris.

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