Por Yuli D / Florida / USA La batalla política puede durar cuatro años. La batalla cultural puede durar una generación.
¿Escenario orquestado o duda razonable?
El caso de Lindsay Clancy sigue acaparando titulares. La prensa no ha cesado de transmitir cada minuto de este horripilante juicio y deja a los espectadores a la sombra del veredicto. Doce personas no han podido determinar bajo qué circunstancias ocurrieron los hechos, lo que genera creciente preocupación en la sociedad estadounidense.
Algunos se preguntan «¿adónde hemos llegado?»; otros justifican la muerte de tres criaturas inocentes con el pretexto de una depresión posparto.
No deja de espantar que una madre elimine con sus propias manos la vida de sus hijos sin embargo este acto antinatural y desalmado debe abrir un debate más profundo, desde la salud mental hasta la imposibilidad del sistema de justicia para condenar lo evidente.
Quienes no creemos ciegamente los escenarios que la matriz nos presenta debemos mirar más allá de las fronteras para entender qué se prepara detrás de la cortina.
Hace tres años casi nadie sabía de este suceso; hoy es tan mediático que no se deja de hablar de él y en redes sociales los usuarios elaboran teorías dándolas por ciertas, como si se tratara de un juego de Nintendo.
¿Cómo una tragedia local se convirtió en un asunto de interés nacional?
Esto podría analizarse como un escenario psicológico organizado que permitiría al Estado controlar fenómenos naturales como la maternidad, la familia y el confinamiento involuntario, además de ampliar de forma lucrativa el complejo psiquiátrico-farmacéutico.
Las mujeres estamos diseñadas de manera natural para afrontar la crianza, con todos sus retos; Sin embargo, con casos como este se crea un precedente en el que «las hormonas» pasan a ser las protagonistas de la vida familiar, ellas deciden todas las de la mujer y lo más preocupante es que el sistema buscará un ejército de expertos para justificar cualquier comportamiento, inclusive el asesinato de tus propios hijos.
Cuando se comienzan a ver los seres queridos como una amenaza, se activan mecanismos dentro de la dinámica familiar que ejercen una transformación devastadora atacando la propia unidad de la familia.
El matrimonio, los hijos y el propio entorno de privacidad y protección se convierten en buscar en ambientes que deben ser supervisados por entidades gubernamentales en virtud de la salud mental, lo cual podría abrir una ventana gigante hacia un mayor intervencionismo del estado, una familia dividida y compuesta por individuos cuya salud mental está “ostensiblemente debilitada” es mucho más proclive a la manipulación y por tanto más fácil de gobernar ya que los implicadosán protección en entidades del gobierno diseñadas con esos “fin”.
La construcción de una narrativa centrada únicamente en la comprensión de la victimaria, cuya culpabilidad está fuera de discusión, por haber sido previamente admitida, es el marco perfecto para que el aparato corporativo y de inteligencia enfoque todo su potencial en desarrollar sistemas de vigilancia y detección psiquiátrica de madres, esto serviría para canalizar a cada mujer dentro del sistema farmacéutico creando millones de clientes, sin dudas un negocio embarazada altamente lucrativo.
Por otro lado se podrían utilizar los algoritmos para desarrollar y predecir “perfiles de riesgo” de las madres, convirtiendo un acto natural como la maternidad y el parto en una métrica controlada por contratistas en defensa tecnológica. El aumento de clínicas especializadas en tratar “la salud de la mujer” durante esta etapa garantiza que el agotación normal que implica el proceso de embarazo y parto se convertirá en algo patológico que necesita ser tratado y medicado.
Todos estos elementos nos pueden conducir a la creación de proyectos de ley, apoyados por cabilderos y grupos de derechos civiles que “diligentemente” buscarán la forma de convertir la crianza en una categoría clínica, supervisada por el gobierno, despojando a la familia de su autonomía natural, todo esto en virtud de la salud pública.
Intentar justificar las acciones de esta mujer bajo el pretexto de la » salud mental» es la mejor manera de instaurar un orden de cosas que solo contribuyen al caos y la distorsión de los valores y principios morales que deben regir la sociedad.
Normalizar el crimen y patologizar experiencias como la maternidad y la crianza de los hijos es la mejor herramienta para ir construyendo un mundo distorsionado, regido por expertos y algoritmos, con Dios fuera de la ecuación, la aparente solución de los problemas vendrá de la mano del estado:
-hoy creamos la crisis y mañana te devolvemos la aparente solución.
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