memoricidio: la ultima batalla

Memoricidio: «puro y duro».(1) Censura y desaparición de la Historia en la era digital

Por Idolidia Darias / Florida / USA  /

Julian Assange y el peligro de una historia que puede desaparecer con un clic / Memoricidio «puro y duro».

En 2013, mientras permanecía refugiado en la Embajada de Ecuador en Londres, Julian Assange lanzó una advertencia que, más de una década después, adquiere una inquietante actualidad: la digitalización de la información no solo transforma la manera en que conservamos la historia; también puede facilitar su desaparición.

Assange establecía entonces una diferencia fundamental entre los archivos físicos y los digitales. Un documento impreso, un periódico o un expediente almacenado en papel pueden ser destruidos, pero su eliminación absoluta resulta mucho más difícil cuando existen copias, registros o testimonios dispersos. El mundo digital, en cambio, introduce una vulnerabilidad distinta: cuando un archivo desaparece de los servidores, cuando una página deja de existir o cuando un registro es modificado, puede resultar extremadamente difícil demostrar que alguna vez estuvo allí.

La preocupación no se limita a la desaparición física de un documento. El verdadero riesgo, según la advertencia de Assange, reside en la posibilidad de alterar la memoria colectiva sin dejar huellas visibles para el ciudadano común. Si determinada información deja de estar disponible, puede comenzar a instalarse una nueva realidad en la que aquello que fue documentado termina siendo presentado como inexistente.

La idea evoca inevitablemente el universo de George Orwell y su célebre concepto de controlar el pasado para controlar el presente. La diferencia es que, en la era digital, esa operación ya no requiere necesariamente destruir archivos en enormes depósitos ni reescribir manualmente los periódicos. Puede bastar con eliminar un enlace, modificar una base de datos, retirar una publicación o hacer inaccesible determinado contenido.

La advertencia cobra especial relevancia en un momento en que buena parte de la memoria contemporánea se encuentra alojada en plataformas privadas, servidores, redes sociales y grandes bases de datos cuya permanencia depende de decisiones técnicas, empresariales o políticas.

Una fotografía de Assange acompaña en redes sociales la reflexión sobre aquel pronóstico de 2013, convertido hoy en motivo de debate sobre censura, centralización de la información y vulnerabilidad de los archivos digitales.

El asunto plantea una pregunta incómoda: si una sociedad depende cada vez más de registros digitales para conocer su propio pasado, ¿qué ocurre cuando esos registros pueden desaparecer sin que quede una copia accesible que demuestre que alguna vez existieron?

Más que una discusión tecnológica, se trata de una cuestión de poder. Porque quien controla los archivos no necesariamente controla solamente la información: puede terminar teniendo una influencia decisiva sobre aquello que las futuras generaciones podrán recordar como verdad.

(Continuación Cuba: el laboratorio de una batalla por la memoria. La experiencia cubana ofrece un terreno particularmente revelador para estudiar esta cuestión./ De los libros prohibidos al algoritmo / ¿Qué ocurre con la memoria del exilio cubano? / La paradoja cubana / El memoricidio perfecto).

Otros temas que pueden relacionarse de acuerdo con grok (Analiza el concepto de revisionismo histórico digital / Investiga la tecnología blockchain para archivos inmutables / Evalúa el impacto de la desinformación algorítmica).

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