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Oposición Cubana: De la Lucha a la Descredibilidad

Redacción / Florida / USA

La oposición convertida en espectáculo: entre la propaganda del régimen y la crisis de credibilidad del anticastrismo.

Hay momentos en que una causa política comienza a perder fuerza no porque sus adversarios hayan conseguido derrotarla, sino porque quienes dicen defenderla terminan convirtiéndose en parte del espectáculo que la desacredita.

En las últimas semanas han circulado en redes sociales numerosas críticas dirigidas contra determinados sectores de la oposición cubana, medios de comunicación vinculados al exilio, activistas, artistas y organizaciones que participan en el debate sobre el futuro de Cuba. Algunas de esas críticas son razonables y apuntan hacia un problema que merece ser investigado: la distancia creciente entre el discurso de libertad que una parte del exilio proclama y las agendas, lenguajes y alianzas que algunos de sus representantes han adoptado.

Otras, sin embargo, recurren a insultos, descalificaciones morales, referencias religiosas o ataques contra personas por su orientación sexual o condición social. Ese lenguaje no sólo resulta injusto cuando pretende convertir a grupos enteros en culpables colectivos; además, puede terminar alimentando precisamente la narrativa que dice combatir.

Y ahí aparece la pregunta verdaderamente incómoda: ¿Qué ocurre cuando una lucha legítima por la libertad pierde su capacidad de distinguir entre oposición auténtica, activismo legítimo, oportunismo político, propaganda, financiamiento institucional y simple espectáculo mediático?

La respuesta no puede encontrarse en otra campaña de insultos. Exige examinar cómo se ha construido durante décadas el ecosistema de la oposición cubana, quién lo financia, qué objetivos tienen sus diferentes actores, qué discursos se premian, cuáles se marginan y, sobre todo, qué imagen de Cuba y de los cubanos termina llegando al mundo.

El problema no es la diversidad de la oposición

Una primera distinción resulta indispensable. No todo opositor cubano piensa igual. Tampoco todos los medios independientes reciben dinero extranjero. No todos los proyectos financiados por Estados Unidos responden a una misma agenda ideológica. Y no existe evidencia suficiente para afirmar que una estructura única controle a toda la oposición cubana.

Precisamente por eso, hablar de una gigantesca conspiración perfectamente coordinada puede resultar tan poco útil como negar que existen intereses, incentivos y mecanismos de financiamiento capaces de influir en el ecosistema opositor.

El fenómeno es bastante más complejo.

Desde 1996, Estados Unidos mantiene programas destinados a promover los derechos humanos y el cambio democrático en Cuba. Un informe de la Government Accountability Office (GAO) publicado en 2006 señaló que, entre 1996 y 2005, USAID había otorgado 40 subvenciones o acuerdos de cooperación por unos 65,4 millones de dólares, mientras que el Departamento de Estado había concedido otros fondos. Los programas incluían asistencia humanitaria, capacitación, información, apoyo a periodistas independientes, activistas y organizaciones de la sociedad civil. (GAO)

Una auditoría posterior de la GAO señaló que entre 1996 y 2008 el programa de USAID para Cuba había otorgado aproximadamente 83 millones de dólares en subvenciones a organizaciones no gubernamentales y universidades. También documentó problemas de supervisión y casos de uso indebido de fondos. (GAO)

Esto no demuestra que la oposición cubana sea una creación de Washington. Tampoco demuestra lo contrario.

Lo que sí demuestra es algo mucho más concreto: desde hace décadas existe una infraestructura institucional de promoción democrática alrededor de la cuestión cubana, con dinero público estadounidense, organizaciones intermediarias, proyectos, contratos, beneficiarios y mecanismos de supervisión.

Por tanto, investigar sus resultados, prioridades y efectos políticos no constituye una teoría conspirativa. Es una cuestión legítima de rendición de cuentas.

El dinero cambia la naturaleza de cualquier ecosistema político

La pregunta periodística no debería ser solamente cuánto dinero llega. Debería ser: ¿A quién llega? ¿Para qué? ¿Con qué condiciones? ¿Quién determina los objetivos? ¿Cómo se evalúan los resultados? ¿Qué discursos quedan fuera? ¿Y qué sucede cuando la supervivencia económica de una organización depende de mantener determinadas líneas de trabajo?

Aquí aparece uno de los puntos más delicados de la discusión. Un grant no convierte automáticamente a quien lo recibe en un agente extranjero ni significa que el financiador dicte cada palabra publicada. Pero tampoco puede sostenerse que el dinero sea completamente irrelevante para la estructura de incentivos de una organización.

Toda institución desarrolla prioridades en función de sus fuentes de financiamiento. Y eso ocurre en Washington, Miami, La Habana, Madrid o cualquier otra ciudad.

El propio Gobierno estadounidense reconoce actualmente la existencia de programas específicos de asistencia democrática para Cuba. La GAO publicó en 2025 un informe dedicado precisamente a los riesgos de seguridad relacionados con esos programas y confirmó que la asistencia estadounidense se canaliza a través de USAID, el Departamento de Estado y subvenciones administradas por la National Endowment for Democracy. (GAO)

Por tanto, el debate serio no consiste en repetir que «todos cobran». Consiste en seguir el dinero.

Martí Noticias: un caso diferente, pero revelador

Uno de los errores frecuentes en las discusiones de redes sociales consiste en meter en el mismo saco a medios independientes financiados mediante subvenciones y a medios que forman parte directamente de la estructura del Gobierno estadounidense.

Martí Noticias pertenece a la segunda categoría. El Office of Cuba Broadcasting (OCB), dependiente de la U.S. Agency for Global Media, supervisa Radio Martí, TV Martí y el sitio Martí Noticias. La propia USAGM define su misión como proporcionar noticias, información y análisis a los cubanos y promover libertad y democracia. (USAGM)

Por ello, resulta perfectamente legítimo debatir sobre su presupuesto, línea editorial, desempeño periodístico y eficacia. Pero hay que hacerlo con precisión.

No se trata de un «medio independiente» financiado por un grant como puede ocurrir con una organización privada. Es un medio perteneciente al aparato estadounidense de radiodifusión internacional. Y esa diferencia importa.

También existe un antecedente que demuestra que la discusión sobre la calidad editorial de Martí no es una invención reciente de las redes sociales. En 2023, Roll Call informó sobre cuestionamientos a la Oficina de Cuba Broadcasting y recordó que una auditoría independiente de 2019 había criticado determinados contenidos y problemas editoriales, incluyendo la difusión de material que la propia auditoría consideró contrario a los estándares de precisión, equilibrio e integridad periodística. (Roll Call)

Eso permite formular una pregunta legítima: ¿Está cumpliendo Martí Noticias con los estándares periodísticos que deberían exigirse a una institución financiada con dinero de los contribuyentes estadounidenses? La pregunta merece respuestas documentadas, no consignas.

Mario Díaz-Balart y la paradoja del financiamiento

Aquí aparece otra de las cuestiones que han alimentado la polémica. El congresista republicano Mario Díaz-Balart ha sido históricamente un defensor del financiamiento de los programas relacionados con Cuba. En la legislación presupuestaria correspondiente al año fiscal 2026, impulsó partidas que contemplan 25 millones de dólares para programas democráticos destinados a Cuba y 30 millones para las operaciones de la Oficina de Cuba Broadcasting, que incluye Radio y TV Martí. (Congressman Mario Diaz-Balart)

Es decir, existe efectivamente una conexión institucional entre Díaz-Balart y el financiamiento de esas estructuras.

Pero una cosa es documentar esa relación y otra muy distinta afirmar que el congresista «financia el wokismo» o que deliberadamente utiliza dinero público para imponer una determinada ideología de género sobre los cubanos.

Esa segunda afirmación requiere pruebas específicas que no aparecen demostradas por el simple hecho de financiar Martí Noticias o los programas de democracia para Cuba.

Y precisamente ahí es donde el debate cubano necesita recuperar algo que ha perdido con demasiada frecuencia: la diferencia entre una denuncia documentada y una acusación viral.

*** AQUI ES DONDE APARECE LA NECESIDAD DE PRECISAR QUE: los interesados en el tema interpretan lo siguiente –si MDB es el que siempre pide el dinero y se ocupa en que se busquen las financiaciones para martinoticias y en ese lugar se da espacio a todo tipo de manifestaciones woke como lo puede interpretar el ciudadano comun?

¿Existe una transformación ideológica de parte del activismo cubano?

La pregunta, sin embargo, no debería descartarse. En los últimos años ha aumentado la presencia en determinados espacios culturales y políticos relacionados con Cuba de asuntos como género, identidad, racialización, feminismo, cambio climático, derechos sexuales y otras cuestiones vinculadas a las corrientes progresistas contemporáneas.

Eso puede comprobarse examinando programas, proyectos, publicaciones y organizaciones concretas.

Pero convertir esa observación en la afirmación de que todos los programas de democracia financiados por Estados Unidos están condicionados a promover una supuesta «Agenda 2030 comunista» sería dar un salto que la evidencia disponible no permite sostener.

La documentación pública sobre los programas estadounidenses muestra objetivos mucho más variados: libertad de expresión, derechos humanos, sociedad civil, acceso a información, capacitación periodística, asistencia humanitaria y preparación para una eventual transición política. (GAO)

Eso no impide investigar si algunos proyectos concretos han incorporado determinadas agendas ideológicas.

Pero habría que demostrarlo proyecto por proyecto. Ahí está precisamente la investigación que falta.

La nueva batalla no es solamente contra el castrismo

Hay otro fenómeno mucho más profundo. El régimen cubano ha aprendido durante décadas que una de las maneras más eficaces de combatir a sus adversarios no consiste exclusivamente en encarcelarlos. También consiste en desacreditarlos.

Cuando un opositor aparece asociado a corrupción, escándalos, contradicciones, privilegios o comportamientos moralmente cuestionables, el aparato propagandístico obtiene material de enorme valor.

No necesita inventarlo. Puede limitarse a reproducirlo.

Las redes sociales han multiplicado exponencialmente esa capacidad.

Un video de unos segundos puede recorrer millones de teléfonos y convertirse en una representación de toda la oposición. Una conducta individual puede transformarse en una acusación contra el exilio completo. Una contradicción política puede ser utilizada para presentar la causa democrática como una farsa.

Es lo que podría denominarse la política del descrédito por acumulación. No hace falta que todos los protagonistas sean agentes del régimen. Basta con que algunos produzcan permanentemente material que pueda ser utilizado por el régimen.

La oposición como espectáculo

Aquí aparece una de las cuestiones más incómodas de todas. Una oposición política necesita credibilidad. No basta con tener seguidores. No basta con aparecer en televisión. No basta con conseguir subvenciones. No basta con ser entrevistado por medios extranjeros. Y tampoco basta con denunciar correctamente los abusos del régimen.

Una oposición que aspire a gobernar tiene que demostrar que puede representar algo diferente.

Tiene que ofrecer conducta institucional, responsabilidad, capacidad de organización y una idea coherente de país.

Cuando la política se transforma en una sucesión interminable de polémicas, enfrentamientos personales, videos virales, acusaciones, guerras internas y escándalos, la causa termina consumiendo su propia credibilidad.

Y el problema alcanza a ambas orillas.

En Cuba, el régimen puede utilizar esas imágenes para decirle al ciudadano: «Miren quiénes son los que pretenden gobernarlos.»

En Miami, determinados sectores pueden utilizar las mismas imágenes para alimentar otra conclusión: «Toda la oposición está podrida.»Y ambas conclusiones son peligrosas. Porque ninguna describe la realidad completa.

El insulto como arma de autodestrucción

Las publicaciones que dieron origen a este análisis contienen además una dimensión que merece ser examinada. En ellas aparecen expresiones extremadamente duras para describir a determinados opositores: «jineteras», «jineteros», «chulos», «delincuentes», «hijos de coroneles», referencias despectivas a homosexuales y otras categorías utilizadas como sinónimos de degradación moral.

Ese lenguaje merece una crítica frontal. No porque haya que proteger a una oposición determinada de la investigación. Todo lo contrario.

La oposición debe ser investigada, cuestionada y sometida al mismo escrutinio que cualquier otro actor político.

Pero la condición sexual de una persona no determina su honestidad, patriotismo o compromiso democrático. Tampoco lo determina su origen social.

Un opositor corrupto debe ser denunciado por corrupto.

Un propagandista debe ser identificado como propagandista cuando existan pruebas.

Un colaborador del régimen debe ser documentado como tal.

Un político oportunista debe ser confrontado por sus actos.

Pero convertir determinadas identidades personales en insultos políticos sólo consigue degradar el debate y proporcionar munición a quienes quieren presentar al exilio como intolerante o irracional.

La libertad que se pretende conquistar debe ser también visible en la forma de defenderla.

La frase de Dzerzhinsky y una advertencia histórica

En redes sociales también circula una frase atribuida a Félix Dzerzhinsky, fundador de la Cheka, según la cual habría que «crear nuestra propia oposición antes de que la oposición real se organice».

La frase aparece con frecuencia en discusiones sobre la oposición controlada, pero su atribución histórica requiere cautela. No basta con repetir una frase porque encaja perfectamente en una teoría.

Y ese detalle es más importante de lo que parece.

La cultura política cubana ha sufrido durante décadas un problema de información manipulada. Si quienes combaten al régimen comienzan a utilizar como hechos frases, cifras o documentos cuya autenticidad no ha sido comprobada, terminan reproduciendo uno de los mecanismos contra los cuales dicen luchar.

La investigación seria comienza precisamente donde termina el meme.

¿Existe la oposición controlada?

La idea de la «oposición controlada» no debe convertirse en una explicación universal. Históricamente, los regímenes autoritarios han utilizado infiltración, vigilancia, provocación, desinformación, cooptación y operaciones destinadas a dividir a sus adversarios.

No sería razonable pensar que Cuba constituye una excepción. Pero tampoco sería razonable concluir que cada opositor polémico es un agente de la Seguridad del Estado.

La existencia de infiltración no demuestra que todos estén infiltrados. La existencia de propaganda no demuestra que toda la oposición sea propaganda. La existencia de financiamiento extranjero no demuestra que todos los beneficiarios sean marionetas. La existencia de oportunistas no demuestra que no existan opositores genuinos. El verdadero desafío periodístico consiste en separar unas categorías de otras.

¿Quién representa realmente a los cubanos?

Quizás esta sea la pregunta fundamental. Porque existe una diferencia entre representar la causa cubana y representar determinadas organizaciones, programas o circuitos internacionales relacionados con Cuba.

Durante décadas se ha producido una progresiva profesionalización de la oposición. Han surgido organizaciones, fundaciones, medios digitales, plataformas, artistas, activistas, conferencistas, consultores, programas internacionales y especialistas. En cierto sentido, esto constituye una señal de madurez de la sociedad civil.

Pero también genera un peligro: que la causa termine convirtiéndose en una industria.

Una industria necesita proyectos. Los proyectos necesitan fondos. Los fondos necesitan resultados medibles. Los resultados necesitan narrativas. Y las narrativas terminan condicionando la manera en que se presenta el problema.

En ese proceso puede aparecer una perversión: el ciudadano cubano deja de ser el centro y pasa a convertirse en objeto de representación.

-Se habla de Cuba.

-Se habla en nombre de Cuba.

-Se obtienen fondos para Cuba.

-Se organizan conferencias sobre Cuba.

-Se producen contenidos sobre Cuba.

Pero la pregunta fundamental permanece: ¿qué quieren realmente los cubanos?

La Cuba real es mucho más compleja que las etiquetas

La población cubana no puede reducirse a «revolucionarios», «comunistas», «gusanos», «wokes», «derechistas», «exiliados», «disidentes» o «opositores».

Hay millones de personas agotadas. Personas que quieren comer. Personas que quieren trabajar. Personas que quieren reunirse con sus familias. Personas que quieren poder viajar. Personas que quieren propiedad privada.

Personas que quieren libertad religiosa.

Personas que quieren elecciones.

Personas que quieren seguridad.

Personas que simplemente quieren vivir sin miedo.

Y también existen cubanos con convicciones socialistas, conservadoras, liberales, nacionalistas, religiosas, ateas y apolíticas.

La futura Cuba no podrá construirse convirtiendo una etiqueta ideológica en requisito de ciudadanía. Tampoco podrá construirse reemplazando el autoritarismo comunista por otro sistema de exclusión.

La batalla por la imagen del cubano

La preocupación expresada en las publicaciones de redes sociales contiene, pese a su lenguaje excesivo, un elemento que merece atención: la batalla por la representación del cubano.

Durante décadas el régimen construyó una imagen del exiliado como delincuente, mercenario, mafioso, apátrida o instrumento extranjero.

Ahora, paradójicamente, algunos comportamientos protagonizados por personas que dicen combatir al régimen pueden terminar proporcionando material para reproducir esa misma caricatura.

La respuesta no debería ser esconder los problemas.

Debería ser exactamente la contraria: exponerlos.

Pero con nombres, documentos, contratos, presupuestos, fechas, declaraciones y responsabilidades concretas.

No con rumores.

No con insultos colectivos.

No con teorías imposibles de verificar.

Seguir el dinero: la investigación que hace falta

Si realmente existen dudas sobre el papel de los grants estadounidenses en la transformación del discurso opositor cubano, hay una manera sencilla de comenzar a responderlas. Seguir el dinero.

-Examinar los contratos públicos.

-Identificar beneficiarios.

-Comparar objetivos originales y resultados.

-Revisar presupuestos.

-Analizar proyectos.

-Estudiar las organizaciones intermediarias.

-Determinar quién decide las prioridades.

-Comparar los contenidos producidos antes y después de recibir financiamiento.

Investigar las relaciones entre fundaciones, medios, universidades, organizaciones internacionales y grupos políticos.

Y hacer exactamente lo mismo con el dinero procedente de Europa, gobiernos latinoamericanos, fundaciones privadas y cualquier otra fuente.

Eso sería periodismo. Y sería mucho más poderoso que cien publicaciones virales.

El verdadero dilema del exilio

El exilio cubano se encuentra ante una contradicción histórica. Por un lado, necesita modernizar su lenguaje, incorporar nuevas generaciones y reconocer problemas que durante décadas fueron ignorados.

Por otro, no puede permitir que la causa nacional sea sustituida por agendas que nada tienen que ver con las prioridades esenciales de la población cubana. La discusión no debería ser «woke contra antiwoke». Ese es un marco demasiado pequeño.

La pregunta debería ser:¿Qué proyecto político, económico, cultural y moral permitirá reconstruir una Cuba libre, soberana, próspera y plural?

Y esa pregunta obliga a discutirlo todo.

La familia.

La educación.

La propiedad.

La economía.

La religión.

La libertad de expresión.

La seguridad.

La justicia.

La inmigración.

La relación con Estados Unidos.

La memoria histórica.

La cultura.

La identidad nacional.

Los derechos individuales.

El papel del Estado.

Y, sobre todo, el límite del poder.

La libertad no puede convertirse en otro aparato de obediencia

Existe finalmente una advertencia que debería servir para todos los sectores. La oposición cubana no puede exigir libertad mientras reproduce internamente mecanismos de censura. No puede denunciar la propaganda mientras manipula información. No puede denunciar el control político mientras construye pequeños círculos de poder intocables. No puede reclamar pluralismo mientras expulsa de la conversación a quienes discrepan. No puede combatir el culto al líder mientras fabrica nuevos caudillos. Y no puede pedirle al mundo que confíe en ella mientras se niega a rendir cuentas.

Pero tampoco puede permitirse que la reacción contra esos errores termine convirtiéndose en una campaña de odio contra grupos sociales enteros. La Cuba libre tendrá que ser más grande que sus trincheras.

Una oposición que todavía tiene que demostrar qué quiere construir

El régimen cubano tiene una enorme responsabilidad histórica en la tragedia nacional. Eso no necesita ser relativizado. Pero reconocer la responsabilidad del régimen no obliga a conceder un cheque en blanco a quienes dicen combatirlo.

La oposición también debe rendir cuentas. Los medios deben rendir cuentas. Las organizaciones deben rendir cuentas. Los financiadores deben rendir cuentas. Los congresistas que asignan fondos deben rendir cuentas. Y los periodistas deben rendir cuentas.

Porque una democracia no se construye reemplazando un poder incuestionable por otro. Se construye estableciendo instituciones donde nadie esté por encima del escrutinio público.

La pregunta, entonces, no es simplemente: ¿Quién está contra Castro?

La pregunta verdaderamente decisiva es:¿Quién está dispuesto a construir una Cuba en la que el poder, venga de donde venga, pueda ser cuestionado?

Ese debería ser el criterio. No el número de seguidores. No el financiamiento recibido. No la cantidad de entrevistas. No la etiqueta ideológica. No la capacidad de provocar escándalos. Y tampoco la habilidad para convertirse en víctima permanente.

La legitimidad tendrá que surgir de algo mucho más difícil: coherencia, transparencia, responsabilidad, patriotismo cívico y capacidad de ofrecer un proyecto de país.

Porque si la oposición termina convertida en otro espectáculo, el régimen no necesitará derrotarla. Le bastará con esperar.

Y quizá esa sea la conclusión más incómoda de todas: una causa de libertad puede ser debilitada tanto por sus enemigos como por la incapacidad de sus propios protagonistas para distinguir entre representar a Cuba y representarse a sí mismos.

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Toda ésta manga de inútiles inservibles no hacen otra cosa que exponer la imagen del Cubano como lo más bajo y poluto que llevan ellos mismos en su ADN…Lo muy lastimoso está en la mayoría crítica que aún suscribe a éstos degenerados y a las agendas que los representan…Nos va muy mal!!!

1-La tiranía creó su ejército de oposición falsa con jineteras, jineteros, chulos, delincuentes, hijos de coroneles, homosexuales de carroza… en fin, todo lo detestable a los ojos de Dios. Y después no quieren que una diga que el tema de Cuba es profundamente espiritual. enlace

2-Así es como estos personajes actúan como los mejores aliados de los servicios de inteligencia cubanos, quienes a su vez, utilizan sus propios discursos para desacreditar la causa. El video en cuestión proviene de una de esas tantas páginas de la seguridad del estado, que se ha dedicado a recopilar meticulosamente cada una de las falacias que nos ha vendido esta falsa oposición, dándole a la dictadura las herramientas perfectas para crear un ambiente de pesimismo y decepción. Son ellos los únicos que le han hecho el trabajo al régimen, como dijera Félix Edmúndovich Dzerzhinsky:
“Tenemos que crear nuestra propia oposición antes de que la oposición real se organice”. enlace (ver comentarios).

Foto-https://x.com/TheCubanShow502/status/2081390121799016907/photo/3

3-TODOS EN LÍNEA CON EL MISMO CIRCO: *Mariela Castro, *Mario Díaz Balart *y Martí Noticias. BOMBEANDO WOKISMO PARA ALEJAR LA LIBERTAD Y DEGRADARNOS COMO SOCIEDAD, MIENTRAS COBRABAN. (Al menos en el castrismo es coherente). Con «amigos» como estos no hacen falta enemigos.

Envenenar la lucha por la libertad de Cuba, promoviendo el mismo socialismo woke que implementa el castrismo en la isla, es un CRIMEN y una traición de alta CORRUPCIÓN premeditada. Aquí vemos dos de los tantos titulares del medio Martí Noticias, legitimando, normalizando y esparciendo este socialismo anticristiano, anticientífico y antidemocrático, que solo puede alejarnos de la libertad, de la decencia, de la misericordia y del sentido común. Lo «curioso» es ver a un congresista cubano americano como Mario Díaz Balart, del partido republicano, que supuestamente debería promover las ideas de derecha y estar en línea con las propuestas antiwoke de la agenda MAGA, aprobar fondos a estos medios, así como también a grupos del emergente «anticastrismo» woke, para que movieran la dañina propaganda de la ideología de género sobre Cuba y sobre su diáspora-exilio.

Todo este MERCENARISMO INSTITUCIONAL «ANTICASTRISTA», se debe a que los GRANTS norteamericanos, diseñados para la «Promoción de la Democracia en Cuba», venían condicionados a la promoción de los puntos de la agenda comunista global 2030, que impulsa el tema de la estafa climática (ambientalismo), la estafa racial de la teoría crítica de la raza, el feminismo, la ideología de género, etc, y todos, o casi todos los medios «independientes» cubanos, se plegaron a esta DEGENERACIÓN para poder cobrar y «sobrevivir», por lo que terminaron siendo un poderoso vehículo para afincar este veneno contra el individuo, la familia, y la sociedad en ambas orillas.

¿Libertad de qué? ¿Libertad promoviendo el mismo socialismo aberrado que el castrismo? ¿De verdad? Lo que dará una verdadera UNIDAD, es limpiar la lucha por la libertad de Cuba, de personas como ustedes. (ver enlace y capturas de pantalla).

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