Worn wall with torn wartime posters and vintage black-and-white photographs

Reescritura Histórica en Cuba: Control y Memoria

Ningún amor muere si otro no lo mara. Ninguna idea triunfa si no se elimina la anterior o se impone otra.

La disputa por el control de la memoria histórica ha sido una constante en numerosos procesos políticos. Diversos historiadores sostienen que ninguna narrativa logra consolidarse plenamente sin desplazar o reinterpretar la anterior. Del mismo modo, el recuerdo de determinados acontecimientos suele depender de la capacidad de una sociedad —o de quienes ejercen el poder— para preservar o modificar el relato colectivo.

El escritor Milan Kundera, en su obra El libro de la risa y el olvido, reflexionó sobre esta relación entre memoria y poder al afirmar:

«Para liquidar a las naciones, lo primero que se hace es quitarles la memoria. Se destruyen sus libros, su cultura, su historia. Y luego viene alguien y les escribe otros libros, les da otra cultura y les inventa otra historia. Entonces la nación comienza lentamente a olvidar lo que es y lo que ha sido. El mundo que lo rodea se olvidará aún más rápido.»

En esa misma obra, Kundera plantea que los regímenes autoritarios buscan controlar el futuro mediante el dominio del pasado, utilizando la reescritura de la historia como un instrumento para legitimar su permanencia en el poder.

En el caso cubano, diversos investigadores y analistas consideran que, tras el triunfo de la Revolución en 1959, comenzó un amplio proceso de transformación del relato histórico nacional. Entre las medidas adoptadas figuraron el cambio de nombres de calles, plazas e instituciones, la modificación de los programas educativos, la reestructuración de los contenidos historiográficos y una nueva interpretación de los principales acontecimientos de la historia republicana.

Según este enfoque, el método respondió a los principios de la historiografía marxista-leninista y al control estatal sobre el sistema educativo, los medios de comunicación y las instituciones culturales. Su propósito habría sido presentar el proceso revolucionario no únicamente como un cambio de gobierno, sino como la culminación inevitable de la historia nacional, relegando o reinterpretando episodios, figuras y procesos del período republicano que no encajaban en la nueva narrativa oficial.

El debate sobre la memoria histórica en Cuba continúa siendo objeto de estudio y controversia. Mientras el discurso oficial defiende la reinterpretación del pasado como una reivindicación histórica, otros especialistas sostienen que el proceso implicó la omisión, alteración o desplazamiento de hechos y protagonistas con el objetivo de consolidar un relato único sobre la identidad y la evolución política del país.

Acerca del método seguido en Cuba desde 1959 en que comenzaron a cambiar los nombres y a falsear la historia hasta el punto de que eventos puntuales fueron desdibujados eliminados o adulterados.

El método de reescritura historiográfica y alteración del relato nacional implementado en Cuba a partir de 1959 se basó en los principios de la historiografía marxista-leninista y el control absoluto del aparato educativo y cultural por parte del Estado. El objetivo central fue deslegitimar el pasado republicano para presentar al proceso revolucionario no como un cambio de gobierno, sino como el fin inevitable y salvador de la historia cubana.

Este fenómeno, analizado a fondo por historiadores y críticos del sistema, se estructuró a través de los siguientes mecanismos metodológicos:

1. Deslegitimación y la tesis de la «República Neocolonial»

  • Satanización del pasado: Todo el periodo comprendido entre 1902 y 1959 fue etiquetado oficialmente como la «República Neocolonial» o «pseudorrepública». Se borraron o minimizaron los logros económicos, sanitarios, constitucionales y educativos de la época para describir una Cuba sumida únicamente en la miseria y el vicio.
  • La teoría de la «única revolución»: Se instaló el dogma de que existe una sola línea histórica continua que comenzó en la Guerra de los Diez Años (1868), continuó con Martí (1895) y culminó exitosamente con Fidel Castro en 1959. Bajo esta premisa, cualquier gobierno intermedio fue catalogado como una traición o un paréntesis vacío.

2. Eliminación y desdibujamiento de figuras clave

  • Invisibilización de aliados políticos: Líderes fundamentales de la lucha contra Fulgencio Batista que pertenecían a facciones demócratas, estudiantiles o de la resistencia civil urbana (como el Directorio Revolucionario o el «Llano») fueron relegados a un segundo plano. Toda la victoria militar y política se atribuyó en exclusiva al Ejército Rebelde y a la figura de Fidel Castro en la Sierra Maestra.
  • El «borrado» de disidentes: Figuras de la primera línea revolucionaria que luego se opusieron al giro comunista —como Huber Matos o el primer presidente provisional Manuel Urrutia— fueron literalmente borradas de los libros de texto de historia oficiales o catalogadas sumariamente como traidores.

3. Modificación del entorno y la toponimia

  • Cambio de nombres ideológicos: Se rebautizaron calles, avenidas, centrales azucareros, escuelas y hospitales. Los nombres coloniales o de figuras republicanas fueron sustituidos por fechas clave de la guerrilla (como «26 de Julio») o nombres de «mártires» de la Revolución.
  • Eliminación de la simbología previa: Monumentos y festividades nacionales —como la celebración de la independencia el 20 de mayo— fueron suprimidos o sustituidos por el 1 de enero o el 26 de julio como los nuevos mitos fundacionales del país.

4. Monopolio editorial y censura científica

  • Centralización de la producción histórica: Instituciones como el Instituto de Historia de Cuba y el Ministerio de Educación pasaron a ser los únicos autorizados para diseñar los planes de estudio y publicar biografías u obras históricas. El libre acceso a archivos históricos quedó estrictamente restringido, permitiendo la consulta solo a investigadores alineados con la doctrina del Partido Comunista.
  • Sustitución de la diversidad por el monólogo: Se canceló el debate historiográfico plural, convirtiendo la enseñanza de la historia en una herramienta pedagógica de adoctrinamiento político y justificación del modelo socialista imperante.

FUENTES USADAS POR IA-

https://www.youtube.com/watch?v=fWEZjx36wIE&t=488s

https://www.researchgate.net/figure/Figura-4-Evolucion-del-numero-de-noticias-en-TNYT-sobre-Cuba-en-general-y-sobre-el_fig2_317867424

https://jovencuba.com/reescritura-historia/


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El control del relato nacional y la anulación del pasado republicano en Cuba, iniciados en 1959, replican la tesis de Milán Kundera sobre el autoritarismo. Al igual que en El libro de la risa y el olvido , donde se advierte que liquidar a una nación exige arrebatarle su memoria , el Estado cubano implementó un sistema de reescritura histórica. Mediante los principios del marxismo-leninismo , el régimen desdibujó los cimientos previos para presentar su ascenso no como un simple cambio de gobierno, sino como el fin salvador y absoluto de la historia nacional .

Para imponer esta nueva hegemonía, el aparato estatal aplicó un método riguroso de alteración historiográfica y control cultural . Los hitos y personajes de la era prerrevolucionaria fueron sistemáticamente alterados, eliminados o adulterados de los libros de texto y del discurso oficial , privando así a la ciudadanía de su legado original




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