Aniversario 60 de una matanza en Cuba

El que visita  Topes de Collantes y otras regiones del Escambray (ya lo he dicho en este blog) transita sobre el rastro de sangre de los inocentes. Igual ocurre con el que anda por otras elevaciones y senderos de la isla.

Se trata de la Matanza de la Loma de San Juan en Santiago de Cubael 12 de enero de 1959, según datos que comparto desde la página de Facebook: Cuba, memoria y verdad, acreditados a  Armando Araya García,  y que yo he copiado textualmente en este blog)

“EL VIL ASESINATO COMETIDO POR RAUL CASTRO EN SANTIAGO DE CUBA EL 12 DE ENERO DE 1959. UNA RAZON MAS PARA RECHAZAR LA ILEGITIMA CONVOCATORIA DE LA DICTADURA PRETENDIDA CONSTITUCIONAL”.

Apenas 12 días después de la partida de Fulgencio Batista, Raúl Castro, actual máximo dirigente del partido único que impone el fraudulento documento de quienes desde entonces ilegítimamente se mantienen en el poder, donde se señala dicho partido como guía de la dictadura que ha sido desde entonces responsable de la muerte de miles ciudadanos cubanos, ése individuo que heredó de su hermano el poder usurpado al pueblo de Cuba durante seis décadas, asesinó en la madrugada del 12 de enero de 1959, en la Loma de San Juan, en Santiago de Cuba, a 72 personas.

Inicialmente los “revolucionarios” comandados por Raúl Castro organizaron un simulacro de juicio en el cual se dictara la sentencia de fusilamiento prevista de antemano para con ello dar apariencia legal a la ejecución: Pero Raúl Castro en su propósito de ejecutar a los inculpados, exasperado al ver que la ausencia de elementos que los inculparan ponía en evidencia la inocencia de éstos y lo injustificado del fusilamiento, entonces interrumpió el proceso, 73 sentencias de muerte decretadas por Raúl Castro fue el desenlace de aquel burdo proceso de pocos minutos de duración y los condenados fueron ejecutados pocas horas después, cerca de las cuatro esa madrugada, de espaldas a una fosa excavada por un bulldozer, donde cayeron sus cuerpos y fue rellenada nuevamente para cubrirlos.

Antonio Llano Montes, periodista que fue testigo de los hechos describió lo ocurrido expresando “Fuimos a reportar el juicio que se les hacía a 72 infelices. Estábamos presentes cuando Raúl Castro interrumpió al tribunal y dijo: Si uno es culpable, los demás también lo son. Los condenamos a todos a ser fusilados”,  en testimonio ofrecido al presentarse en el programa de la estación WAQI Radio Mambí (Miami), trasmitido a las 9 de la mañana el lunes 28 enero 2002 a las 9 a.m. lo ocurrido en la Loma de San Juan:

“Fuimos a reportar el juicio que se les hacía a 72 infelices. Estábamos presentes cuando Raúl Castro interrumpió al tribunal y dijo: “Si uno es culpable, los demás también lo son. Los condenamos a todos a ser fusilados”.

En la primera plana del periódico “Revolución”, el 14 de enero de 1959, con el titular “¡EXCLUSIVA! ¡VEA LA LISTA DE LOS FUSILADOS EN SANTIAGO!” apareció publicada una lista, de 73 (no de 72) personas fusiladas en “Loma de San Juan” el 12 de enero de 1959.

1- Abreu Galván, Mario

2- Álvarez, Antonio

3- Álvarez Roque, Andrés

4- Amador, Oscar

5- Álvarez Díaz, Fernando

6- Aragón, Fidel

7- Balboa López, Ángel Luís

8- Barrero Silva, Antonio

9- Bautinal Bell, Juan

10- Bello Tamayo, Efrén

11- Bravo Montalvo, José

12- Bocaña Callazo, Rafael

13- Caballero, Miguel

14- Calá de la Rosa, Leonel

15- Castillo Ramírez, Pedro

16- Castro Lora, Víctor M.

17- Cedeño, Cesar

18- Chacón Santa Cruz, Emerico

19- Cortes Maldonado, Benito

20- Coso Pérez, René

21- Curiet, Manuel

22- De la O, Arístides

23- Denis, Justo

24- Despaigne Moret, Enrique

25- Díaz, Rodolfo

26- Díaz Rodríguez, Fernando

27- Díaz Zamora, Raúl

28- Duarte Anaya, Raúl Damián

29- Durán Matos, Facundo

30- Estrus Clavijo, Arturo

31- Fernández Tirado, Eloy

32- Fernández Valdés, Ernesto

33- Fernández Valverde, Ernesto

34- Ferrán, Alonso

35- Fonseca, Mario

36- Gil, Alfredo, Raimundo

37- González, Marino

38- González Guillot, Manuel de Jesús

39- Gutiérrez García, Juan

40- Gutiérrez Valdés, Antonio

41- Haza Grasso, Bonifacio – dominicano-

42- Hernández Morales, José

43- Heredia, Ramón

44- Herrera Duque, Heliodoro (Eliotón)

45- Leiva, Ángel

46- López Despaigne, Aristonico

47- López Toledano, Arístides

48- Martín Céspedes, Alberto

49- Morales Carrillo, Antonio

50- Morfi Castillo, Jose Ramon

51- Montero, Armando Martín

52- Novas Hernández, Nicolás

53- Odio, Israel Arencibia

54- Oliu Cordero, Federico

55- Oduardo, Eraclio

56- Olea Gross, Domingo

57- Olea Gross, Miguel Ignacio

58- Olivera Azains, Pedro

59- Ortiz Verdecia, Armando

60- Peña Martínez, Manuel

61- Portuondo Rodríguez, Luís A.

62- Prats Cervantes, Manuel

63- Ramírez Caballero, Antonio

64- Reitor, Antonio

65- Rivera Nordet, Juan A.

66- Roque del Toro, Benigno

67- Rodríguez Pérez, Pedro

68- Saavedra Pinedo, Celso

69- Saavedra Romero, Francisco

70- Torres del Toro, Benigno

71- Torres López, Filiberto

72- Torre Martínez, Juan José

73- Zenén Jiménez, Mas

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No existe argumento alguno que legitime un documento, que se pretende constitucional y democrático, en el que se declara rector de la sociedad y garante de su pretendida “Constitución” al partido “único” encabezado por el vil culpable de estos crímenes y en el que se agrupan sus cómplices. Intentar siquiera legitimidad a esa farsa dictatorial, contribuir con ello a la prolongación de un tal régimen, es condenar al pueblo cubano al incesante incremento del luto que sufre por las ya más de 7 000 muertes causadas por esa dictadura, es condenarlo a continuar sometido a la barbarie de la opresión que se le impone: Contribuir a ello es complicidad criminal.

Cubanos; toda persona honesta del mundo, por el derecho que todo pueblo tiene, a ser libre:

No al castrismo, no a la patraña constitucional conque pretende prolongar su régimen, no a la dictadura.

Vicente Méndez, simplemente un héroe

Escrito por el expreso político Ernesto Díaz Rodríguez / Secretario General de Alpha 66 (Tomado de Facebook de Orlando Gutiérrez). 

La historia de la nación cubana ha sido escrita con páginas de gloria por hombres de extraordinario espíritu de sacrificio, abnegación y coraje. Hombres, también, de refinada sensibilidad humana. Hoy quiero, en la figura del legendario Vicente Méndez, honrar a cada uno de esos maravillosos héroes que en distintas épocas lo dieron todo, hasta su última gota de sangre, en aras de la libertad de la Patria. Se conmemora el 47 aniversario de su desembarco, junto a un grupo de valientes, en intento supremo por salvar a Cuba de la opresión y el despotismo del régimen de barbarie, latrocinio y maldad impuesto en la isla caribeña por el sanguinario Fidel Castro.

29573248_10157308811062166_4170436574440557400_nNo fue esa la primera vez que Méndez puso en riesgo su vida por salvar en nuestro país las instituciones democráticas. Lo había hecho con anterioridad contra el propio tirano de turno, comandando núcleos de patriotas que se alzaron en armas, como él, para combatir la dictadura castrista en la cordillera montañosa del Escambray. Y lo había hecho, más lejano en el tiempo, cuando el General Fulgencio Batista, en un acto desafortunado de ambición, a sólo unos meses de la fecha establecida para la celebración de elecciones libres, se apoderó del poder a través de un injustificado golpe de Estado. Desde mi punto de vista un grave error, que sumado a otros errores posteriores dieron la oportunidad a un engendro de monstruo carismático de convertir a Cuba en su finca privada, sumiendo a nuestra nación en la peor crisis de crímenes y atropellos, miseria y desamparo.

Conocí a Vicente Méndez cuando en el verano de 1968 vino a Alpha 66, la organización que por su apasionante historia resumía su ideal de lucha: la pasión por la libertad de Cuba y el afán de felicidad y prosperidad para la familia cubana. Lo recuerdo exponiendo sus ideas en las reuniones compartidas con nosotros, junto al físicamente desaparecido Andrés Nazario Sargén, irremplazable líder del destierro y de toda Cuba. Líder con letras mayúsculas, debíamos de escribir, por su refinada inteligencia y su sencillez, mezcla de espontánea humildad y comprensión; por la diáfana honradez en cada uno de sus actos. Pero por encima de todo, líder por sus siempre claras concepciones sobre la estrategia de la intransigencia como ingrediente básico para una libertad sin claudicaciones., sin hincarnos de rodillas. Libertad, en fin, con decoro y dignidad.

Y recuerdo a Vicente en la fecha 10 de Octubre de 1968, dos meses antes de mi captura en combate también, cuando en un estadio de Miami, frente a decenas de miles de cubanos en solemne acto de vergüenza y patriotismo anunció su compromiso de regresar a Cuba con el fusil en sus manos, en lucha por reconquistar las instituciones democráticas, el respeto a la persona humana, el irrenunciable derecho a ser libre que por naturaleza y por la generosa obra de quienes, al filo del machete Mambí, hicieron de la isla de Cuba una nación con justicia y libertad para todos los cubanos. Lo recuerdo con orgullo cuando entró como un rayo de luz, esparciendo sobre el arrecife cautivo chorros de coraje. Lo recuerdo cuando se apagó su voz, cuando destrenzaron sus pupilas las balas enemigas, cuando se desintegró su sombra girando en espirales hacia una inmensidad poblada de esperanzas futuras y de un renacer de patria sin cadenas, salpicada por las olas de un mar no de enfurecidas olas, tristemente coagulado de náufragos, sino un mar apacible, donde el alba sea de luz multicolor y música de ruiseñores, Un reverdecido mar poblado de rosas. Rosas blancas.

Ese es el Vicente Méndez que recuerdo yo en las noches de insomnio, el que recuerdo cuando me siento débil en espíritu y en disposición para el sacrificio. El que me da fuerzas para vencer el miedo. El que me toma por el hombro y me sacude si me falta la fe. El que me sirve de látigo y espuela si el camino me parece escabroso o demasiado abrupto o largo. Inexplicablemente largo.

Me satisface saber que su muerte en combate no fue el fin, ni fue un salto hacia la ingratitud del olvido, sino el tránsito sublime, simplemente, hacia esa gloria indescriptible que sólo los mártires y los héroes de la patria, como él, tienen el privilegio de alcanzar.

El trabajo forzado en Cuba

El nombre que la Dictadura puso al trabajo forzado en Cuba y las diversas formas que utilizó el totalitarismo para someter a los presos políticos cubanos fue expuesto en este texto por Roberto Jiménez, uno de los miles de hombres ( jóvenes la mayoría) que en la década del sesenta fueron confinados en la cárcel de Isla de Pinos conocida en aquella época como Presidio Modelo.

El plan de trabajo forzado impuesto a los presos políticos del Reclusorio Nacional de Isla de Pinos que no habían aceptado el llamado “Plan de Rehabilitación”, se desarrolló en los últimos años de ese penal (1964-1967). Puede afirmarse que el cierre del mismo se debió precisamente a la situación de creciente violencia creada por la implantación del propio plan y la generalizada y firme resistencia de los prisioneros al mismo, situación que gradualmente se había ido conociendo en el exterior y que se estaba escapando al control del régimen. Además, el principal objetivo del trabajo forzado, que era obligar a los presos a pasar al “Plan de Rehabilitación”, fracasó por completo, ya que durante ese período disminuyó dramáticamente el número de los que dieron ese paso.

Oficialmente nombrado con el eufemismo de “Plan Especial Camilo Cienfuegos”, aquella medida del gobierno castrista fue una genuina expresión del esquema totalitario de coacción y control que se imponía a toda la población de Cuba. En el caso del Presidio Político de Isla de Pinos, su implantación y mantenimiento durante años conformaron una etapa de represión máxima, durante la cual se sometió a los reclusos a un régimen de violencia extrema, masiva y sistemática, en que los golpes, los castigos personales y colectivos, las heridas, las mutilaciones, los desquiciamientos mentales y las muertes se convirtieron en rutina diaria; todo esto en medio de interminables jornadas de agotadores trabajos, en las peores condiciones de equipamiento y alimentación. Se impuso a la población penal una dinámica de tensión abrumadora que regía toda su vida cotidiana, dislocando el sistema de actividades que habían desarrollado los presos por su propia iniciativa para su superación espiritual, cultural y política. Sin embargo, esas actividades formativas pudieron recrearse en medio de aquel infierno, lo que contribuyó grandemente a mantener la integridad moral y el espíritu de resistencia.

Pudiéramos decir que todo comenzó cuando un día, a fines de 1963, sin previo aviso ni explicación, varios grupos de prisioneros -campesinos en su mayor parte sobrevivientes de los primeros años de las guerrillas del Escambray y sus colaboradores- fueron sacados de las circulares para ser trasladados con destino desconocido. Por un tiempo no se tuvo noticias de la suerte corrida por ellos. Poco a poco se fueron recibiendo informaciones fragmentadas por los diversos canales, a veces inauditos, con los que suelen contar los prisioneros. Así supimos que los habían llevado a campamentos fuertemente custodiados en la propia Isla de Pinos, para que trabajaran en el campo. Esto sería conocido por todo el presidio como “El Plan Morejón”, por el nombre del entonces jefe de la guarnición del penal, que estuvo al frente de aquel plan piloto de lo que ya estaban preparando para el penal completo. Las informaciones fueron haciéndose más completas hasta que, pasados ocho meses, los presos del “Plan Morejón” fueron traídos de regreso a las circulares.

En aquel experimento, inicialmente, la represión no fue intensa y se les proporcionó a los reclusos una serie de condiciones más favorables que las existentes en el penal, tratándose de manipular, además, su condición de campesinos, acostumbrados a rendir al máximo en las labores agrícolas, para obtener de ellos cierto grado de cooperación. Pero ellos respondieron rechazando las relativas “mejoras” que, según entendieron, viniendo de carceleros hasta entonces siempre hostiles, sólo podían estar encubriendo la intención de sobornarlos y distanciarlos de sus compañeros que habían quedado en las circulares. Tampoco aceptaron trabajar voluntariamente, y fue preciso que la guarnición se quitara la careta y los hiciera trabajar a la fuerza.

Cuando se extendió por el penal la noticia de todo lo sucedido y se supo que existían planes de implantar a toda la población penal un régimen de trabajo forzado, se manifestó un rechazo generalizado a esa intención del gobierno comunista, debatiéndose diversas posiciones, más y menos radicales, en cuanto a la forma de actuar cuando llegara el momento. Considérese que en toda la historia anterior de la República nunca los presos políticos habían sido obligados a trabajar para los respectivos gobiernos a los que se habían opuesto y no existía la disposición de hacerlo para el comunismo, aunque se sabía, por innumerables experiencias, que la falta total de consideraciones humanas del régimen aseguraba una represión sin límites.

Se trató de prever en lo posible las circunstancias en las que habría que resistir para determinar las tácticas y estrategias más adecuadas y viables, pero esto se hacía difícil por la diversidad de criterios y la poca información disponible. Los hechos irían configurando la magnitud del reto.

El comienzo

En junio de 1964 da inicio el plan de trabajo forzado para todo el penal. De los cambios de impresiones y debates entre los presos de todas las circulares se había ido perfilando una estrategia general que pudiera ser seguida por todos y que con el paso del tiempo y los acontecimientos se fue perfeccionando. Surgió el concepto de: “resistencia pacífica”, que se definió de manera que pusiera fuera de toda duda el carácter obligatorio del trabajo. Por primera vez en nuestra historia se planteaba y ponía en práctica tal concepto de lucha que, inspirado en los conocidos antecedentes de Mahatma Ghandi y Martin Luther King, era producto de un serio análisis de la realidad, tanto la impuesta por el régimen totalitario y sus claros objetivos de doblegar a toda costa el espíritu de lucha del presidio político, como la que se creó en el presidio por las diferentes posiciones asumidas por los prisioneros, que iban desde las más radicales y prácticamente suicidas, hasta las más moderadas.

Debe tenerse en cuenta que por entonces los presos estaban solos frente a toda la fuerza del Estado marxista, que ya había implantado un régimen de terror en Cuba, eliminando a sangre y fuego a casi toda la oposición y que actuaba con absoluta impunidad ante un mundo que, sólo con contadas excepciones, se mantenía indiferente ante los acontecimientos que tenían lugar en nuestra patria. Ante este cuadro complejo y difícil, los presos políticos cubanos de Isla de Pinos redefinieron y llevaron a cabo con responsabilidad, e ineludible sentido de realidad, la estrategia de una resistencia pacífica.

Desde el comienzo y durante toda esta etapa trágica del presidio político cubano, se destacó la intervención del Bloque de Organizaciones Revolucionarias ( B.O.R.), creado al efecto, que agrupaba a las principales organizaciones creadas en la clandestinidad para combatir al régimen desde posiciones nacidas en la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista, pero nacionalistas y democráticas. El B.O.R., cuyos militantes constituían una parte mayoritaria y disciplinada de la población penal desempeñó un papel protagónico en el análisis y las definiciones que resultaron en la estrategia adoptada y también en la coordinación con los miembros no organizados y de otras tendencias políticas del presidio para la puesta en práctica y el mantenimiento de la misma.

Los primeros grupos de presos sacados a trabajar, estaban en el Edificio 6. Se resistieron, primero, a salir del mismo, haciendo necesario que los militares entraran a obligarlos, y desde ese momento cada paso y cada movimiento en el trabajo tuvo que ser forzado por la represión. Era sólo el principio, todavía se estaba experimentando de ambas partes.

Entre la población penal aún coexistían distintos criterios y aquellos primeros actos de violencia de la guarnición hicieron que un grupo de reclusos se negase a trabajar, estando dispuestos a enfrentar cualquier consecuencia. Estos presos fueron conducidos al pabellón de celdas de castigo, separado de las circulares y edificios donde se hacinaba a los prisioneros, que presenciaron, gritando violentamente desde las ventanas enrejadas, como los conducían a golpes y bayonetazos hacia aquella edificación y, después, cuando uno y otro día los sacaban para tratar de hacerlos realizar aunque sólo fueran pequeñas labores, como arrancar hierbas de los alrededores con las manos, pero ante sus reiteradas y firmes negativas, volvían a llover los golpes y bayonetazos, en medio de los gritos de protesta de los presos desde todas las ventanas del penal.

El objetivo de hacer trabajar ante todo el presidio a aquellos pocos hombres, fracasó rotundamente; sólo lograron que se enardecieran más los ánimos y se fortaleciera la decisión mayoritaria de resistir. Debemos mencionar en este momento el nombre de Alfredo Izaguirre Rivas -joven director de periódico nacional, cuya pena de muerte había sido conmutada momentos antes de ser ejecutado-, que jamás hizo un solo movimiento para obedecer aquellas órdenes de trabajar bajo los golpes a que fue sometido durante las interminables sesiones de castigo, y que mantuvo esa actitud, junto al también periodista Emilio A. Rivero, durante todo el tiempo que duró el plan de trabajos forzados de Isla de Pinos, por lo que permanecieron confinados en los pabellones de castigo hasta el final, junto a otros reclusos allí encerrados. Estos últimos eran presos que, también desde el inicio o en diferentes momentos a lo largo de la época del trabajo forzado, fueron adoptando la misma actitud de absoluta negativa al trabajo, siendo objeto de salvajes golpizas para terminar también aislados en las celdas de castigo.

Pabellones de Castigo

Los pabellones de castigo de Isla de Pinos, aún antes del plan de trabajos forzados, ya eran conocidos entre los reclusos por la brutalidad conque se trataba a los que tenían la desdicha de ser enviados a ellos, pero a partir del “Plan Camilo” el despiadado trato se llevó hasta límites increíbles. En los pabellones de castigo murieron varios reclusos. Recordamos entre ellos a Francisco Novales, “Paco Pico”, al que una bala disparada por el cabo Arcia Rojas le atravesó el corazón. Cuatro meses antes este mismo guardia había asesinado en pleno campo a Julio Tang. También en el pabellón fue dejado morir Roberto López Chávez en medio de una huelga de hambre.

A veces el castigo era más sofisticado, como cuando encerraban quince reclusos en una celda de tres metros por dos y no podían tirarse en el suelo a dormir porque no cabían acostados todos a la vez y tenían que turnarse para dormir; mientras un grupo dormía el otro se mantenía de pié, así noche tras noche, semana tras semana. Situaciones similares se presentaron en otras cárceles como la de Morón, Boniato, etc. Pero el récord de esto lo tienen las “gavetas”; estas celdas, aunque variaban en sus dimensiones, mantenían un patrón típico como instrumentos de tortura. Las situadas en la granja Tres Macíos cerca de Bayamo, medían cuarenta y cinco centímetros de ancho por ciento ochenta de largo por ciento sesenta de altura, y ahí obligaban a entrar hasta tres presos.

El trabajo

La misma intensidad de represión se aplicó a los bloques de trabajo que se constituyeron en todo el penal, en el que se hacinaban seis mil reclusos. Cada bloque agrupaba hasta doscientos hombres, divididos en cuatro o cinco brigadas, cada una comandada por un “cabo” armado de pistola soviética, bayoneta de Springfield o machete español de la marca “Gallito” o “Carpintero”, y por supuesto de toda la impunidad de un régimen totalitario que nunca tuvo que rendir cuentas al mundo.

Salíamos a trabajar antes de que despuntara el alba, a veces después de la incursión violenta de los guardias en las circulares y edificios para “apurarnos”, apenas terminando de consumir un poco de agua con azúcar caliente y un minúsculo pedazo de pan. En una de esas incursiones murió bayoneteado el primer mártir del trabajo forzado: Ernesto Díaz Madruga, en agosto de 1964. A manos de Porfirio García, el Jefe de Orden Interior.

Los reclusos eran conducidos al sitio de trabajo en camiones llenos hasta el tope, que en varias ocasiones se volcaron con el consiguiente saldo de víctimas, en esas circunstancias murió Jerónimo Sandía. Durante el recorrido eran escoltados por otro camión ocupado por los guardias que los custodiaban. Esos militares, armados con fusiles y una o dos ametralladoras calibre cincuenta, apoyadas en tierra, se convertían en el “cordón” que rodeaba a los presos una vez que llegaban al lugar de trabajo. Este cordón nunca no tuvo reparos para disparar a matar cada vez que los presos protestaron indignados por los abusos de que eran objeto.

Una vez en el lugar de trabajo ya fueran las canteras o los campos, se distribuían las brigadas, siempre dentro del perímetro controlado por el cordón, y empezaba la pesadilla. Esta situación se extendió por varios años en que la violencia dominaba todo. Se podría hablar también de las requisas, los castigos en “La Mojonera”, que era el lugar donde iban a parar las aguas de albañal de la localidad; el capítulo de un libro que ni Dante fue capaz de imaginar. Pudiéramos seguir relatando muchas otras barbaridades que podrían parecer exageradas a quienes no han tenido que vivirlas y pálidas a quienes las sufrimos en carne propia. Podríamos hablar de todos los que murieron en el presidio o después, por las lesiones sufridas, de los mutilados, de los que enloquecieron, o de los que jamás podrán recuperarse de todo aquello. Pero hasta aquí es suficiente para una mirada.

Todos los militares que participaron en la aplicación del plan de trabajo forzado de Isla de Pinos, fueron ascendidos y como era de esperar un buen número de ellos terminaron como delincuentes comunes por delitos que cometieron posteriormente; esto no es de extrañar, pues el que es capaz de cometer las atrocidades que se cometieron en Isla de Pinos, es capaz de cualquier cosa.

Quienes hayan tenido la oportunidad de escuchar el audio de las comunicaciones de los pilotos castristas con su base mientras masacraban a las avionetas de Hermanos al Rescate habrán oído las voces de los esbirros que nosotros escuchamos tantas veces en la Seguridad del Estado, en Isla de Pinos y en otras prisiones. Son las mismas voces que hoy siguen escuchando en Cuba los presos políticos.

¡Los esbirros son siempre los mismos!

Este artículo fue publicado por Martí Noticias en 2014.

Jóvenes de ayer y algunos de hoy

Dos generaciones que a la misma edad enfrentaron tareas diferentes.

Durante las últimas semanas he estado en contacto con decenas de presos políticos cubanos. Se reúnen en diversos foros para hacer resúmenes del año y del trabajo que han desplegado en los distintos frentes que integran desde que llegaron al exilio.

Todos lucharon en Cuba en diferentes grupos pero con el mismo propósito: la libertad y la democracia.  Todos fueron a la cárcel con condenas que transitaron desde seis y ocho años hasta 30 y algunos fueron condenados a muerte y luego le conmutaron la sanción.

La mayoría tenía 25 o menos años de edad. Incluso los hubo menores de 18 años.

Esa fue la juventud cubana de la década del sesenta. Valiente resuelta, heroica que vino a Miami pero no se olvidó de la isla, ni de las razones por las que enfrentaron la Dictadura.

Arriba Luis G Infante, Enrique Ruano, Jorge Gitiérrez, Amado Rodriguez, Ismale Hernandez y Francisco Talavera.  Abajo José A Albertino, Frnacisco Javeir Denis y Evelio Ancheta.

 

Le siguen Cary Roque, Pedro Corzo y Angel de Fana.

Todos tenían menos de 25 años cuando cayeron presos en Cuba por organizarse contra la Dictadura.

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También por estos días he estado observando con detenimiento las redes sociales de los compatriotas que residen en la isla. Nos muestran las imágenes de los jóvenes de este tiempo. Es cierto que muchos de ellos son incapaces de prestarse para dañar a los demás pero lamentable otros sí se dejan usar para hacer el trabajo sucio de “chivatear”, reprimir, “censurar y vigilar.

Estas fotos publicadas por Angel Moya son de los jóvenes que cada domingo vigilan la sede de las Damas de Blanco y luego se prestan para el arresto  de las activistas cuando salen a las calles.

#DDHHCuba crímenes y violaciones

Cary Roque: “Yo culpo al estado castrista de la muerte de mi madre y del confinamiento de más de 5 mil mujeres”.

A propósito del 10 de diciembre dia de los #DDHH no voy a hacer un recuento de violaciones  de los Derechos Humanos ni  mencionar a los principales violadores.

Se trata de refrescar la memoria cubana y que sean las propias víctimas de esa nefasta dictadura las que ofrezcan sus testimonios.

Cary Roque  cayó presa 17 de abril de 1961 y el 22 de septiembre fue condenada en la causa 238 a 20 años de prision. Tenía 19 años de edad y pertenecía al Movimiento 30 de Noviembre y al Movimiento de Recuperacion Revolucionaria (MRR).

Estuvo en las horrendas cárceles 16 años y su tormento no quedó solo en ella. Su mamá comenzo a tener problemas emocionales y tomó la decisión de que vinieran salieran para los Estados Unidos.

“Yo no quería que mis padres siguieran sufriendo, pero el remedio fue peor, mi madre enloqueció”. “Mi madre murió loca en Estados Unidos”.

“Yo culpo al estado castrista de la muerte de mi madre y del confinamiento de más de 5 mil mujeres en condiciones infrahumanas crueles e inmisericordes que se haya visto jamás en América Latina”.

Ante la Comisión Internacional Fiscalizadora de Crímenes de Lesa Humanidad del Castrismo dio testimonio de lo que enfrentaron las mujeres cubanas en las cárceles.

 

 

 

El 10 de diciembre de 1948 se firmó la Declaración Universal de los Derechos Humanos.  La Asamblea General de las Naciones Unidas  incluyó en el documento rector 30 artículos fundamentales que constituirían las garantías políticas, culturales, económicas, sociales y civiles como derechos de todas las personas al nacer.

Los hombres y mujeres que se instalaron en el poder en Cuba a partir de 1959 comenzaron a violar  todos los artículos desde el primer día.

Cuba: 50 años atrás sin internet ni teléfonos celulares

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Una gran parte de los cubanos que enfrentaron la Dictadura en la década del sesenta eran menores de 33 años (la edad de Cristo Rey) y también una notable cantidad de ellos eran mujeres, incluyo las que conspiraron y ejecutaron acciones contra el régimen y las madres hermanas y esposas de los opositores, que no fueron al monte, ni realizaron acciones públicas pero se dedicaron a apoyar y colaborar con los hombres de la familia a riesgo de las detenciones y del acoso a los hijos menores.

Por aquellos años en ningún lugar del mundo el oprimido tenía las vías para dar a conocer su realidad con solo accionar un dispositivo electrónico, pero eso no quiere decir que las personas no se hayan opuesto, ni hayan enfrentado los sistemas opresores (insisto en no torcer camino ni a la izquierda ni a la derecha).

Pero hoy los tiempos son otros, como otros son los recursos que tienen los seres humanos para contar su realidad y abogar porque se haga justicia y se imponga la verdad.

Ahora que en todos los sitios digitales y en todos los teléfonos celulares  y leo o escucho sobre Venezuela donde la cifra de personas muertas en las protestas sigue subiendo no puedo dejar de apelar a la MEMORIA CUBANA. 18447266_415783778820477_455487243597654046_n

Y es que quiero dejar constancia de lo que me contaron mis cubanos sobre la época en que en laisla no había Internet, ni teléfonos celulares, ni videocámaras al alcance del más común de los humanos para graficar los hechos.

Recuerdo las palabras de Estrella Cuéllar cuando me contó cómo las huestes militares en la isla confinaron y allanaron su casa en varias ocasiones a pesar de que su esposo Osvaldo Ramírez llevaba meses  alzado en el Escambray contra los bandidos que  tomaron el poder. Cuenta que los milicianos solían llegar  a su casa en Sancti Spiritus a cualquier hora y sin decir qué buscaban o por qué del allanamiento  rompían almohadas, colchones, revolvían vitrinas, calderos, escaparates y se iban dejándolo todo así. Los4  hijos de Osvaldo y Estrella, menores de edad todos, fueron asediados en varias ocasiones por esos militares cuando salían para la escuela. . Les quitaban las maletas con sus libros para revisarlos hoja por hoja. Vigilaban la casa todo el tiempo. Los seguían a donde quiera que fueran. En todas partes los señalaban como los hijos del “bandido”.

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Mujeres del presidio histórico cubano

En la década del 60 siglo pasado no había forma de graficar esas acciones por eso nadie se enteraba. Los pocos vecinos que alcanzaban a ver aquello no abrían la boca para defender puesto que eso los señalaba  como cómplice de la familia blanco del terror policial.

Durante los años que Osvaldo Ramírez estuvo alzado ella lo pudo ver una sola vez porque burló la vigilancia permanente pero sus hijos nunca más lo vieron. Cuando fue abatido por los milicianos tampoco le permitieron hacer un funeral  y a la familia nunca le dijeron dónde fue sepultado.

Amparo la esposa de Plinio Prieto andaba huyendo por otra provincia con dos hijos menores de edad  para evitar represalias contra ellos porque su esposo se habían alzado en el Escambray  contra los bandoleros vestidos de verde olivo.

Desde que el se fue al monte no lo pudo ver  más. Supo que le hicieron un juicio sumario en Santa Clara el 12 de octubre de 1960  y lo fusilaron esa misma noche en el paredón de La Campana, Manicaragua, junto a otros 4 hombres que también habían decidido  luchar contra el régimen comunista que anunció Fidel Castro nada más llegó al poder .

Porfirio Ramírez fusilado junto a Plinio Prieto en La Campana apenas cumplia 23 años cuando lo llevaron al paredón. Su esposa Clarita y su hijito recién nacido no pudieron  despedirse de él.

Olguita la viuda de William Morgan (fusilado en Cuba) sufrió humillaciones cárcel y torturas por  conspirar contra la Dictadura y apoyar a su esposo.

La lista de fusilados en la isla es inmensa. A ninguno le dieron derecho a un abogado, ni a un juicio justo. Los sobrevivientes de aquella jornada negra recuerdan que las noticias de los que la Dictadura hacía con ellos le llegaba a la familia meses después.

No había teléfonos, nadie podía sacar fotos, ni tomar videos. La televisión y la prensa del régimen solo publicaba lo que creía conveniente y como no había redes sociales ni cámara fotográficas era difícil publicar y que en dos minutos los informes volaran por el mundo entero.

Los jóvenes y su tiempo

Cientos de cubanos que se enfrentaron al totalitarismo eran muy jóvenes, entre ellos hubo menores de edad y se desconoce la cifra exacta de los que la Dictadura Cubana ordenó fusilar o ir a la celdas tapiadas con apenas 18 años.

19030552_428917680840420_5198935724397123729_nLas historias de ellos se fueron conociendo mucho tiempo después y aún queda la asignatura pendiente de hacer que la conozcan con detalles todos los cubanos, no importan donde estén.

Para mí es importante recordar siempre que en Cuba sí hubo rebeldía y corrió mucha sangre. Lo escribo en mi blog. Lo publico en mis redes sociales. Le cuento a todo el mundo cada historia que ellos me cuentan  a mí y las llevo a la web para ponerlas a la misma altura de las que se publican en tiempo real ahora. 

Ese es el tributo mayor que puedo ofrecer a los que me contaron las  historias que ocurrieron cuando era una niña y a mi padre que siempre estuvo claro de lo que significó el comunismo y la llegada de los militares al poder en Cuba.

A veces escucho a la gente hacer comparaciones de la forma en que actúan los pueblos en este siglo y lo que ocurrió en Cuba y se habla de que este o aquel pueblo “no está hecho de la misma pasata”. y aunque no busco polemizar no me queda de otra que recordar las palabras de las víctimas y escribirlas para no perder la memoria, la memoria cubana.

(Fotos tomadas de la página de Facebook de Luis Infante, preso político cubano al que agradezco infinitamente su ayuda cada vez que acudo a él para luchar contra el olvido).  

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Volver al Escambray no fue fácil

Antes de 1959 José de Asís vivía en una finca de su  propiedad en el macizo montañoso de Mayaguara, entre Meyer y Condado, antigua región Escambray. Pertenecía a la Reserva Militar que tenía el ejército del país en aquel momento aunque nunca lo llamaron a filas.

carretera-a-topes-de-collantesNo tuvo simpatías ni vínculos con los que se alzaron contra Batista antes de 1959 y al principio del triunfo de la revolución tampoco se  unió a ningún grupo de los que   se alzaron contra Castro. Asegura que no quería saber nada de aquello ni para bien ni para mal, solo se interesaba trabajar y echar para adelante a su familia pero lo que le pasó en 1961 lo obligó a determinarse contra el régimen.

Cuando lo conocí en 2001 vivía en el campo muy cerca del municipio de Manicaragua en una casita precaria. Estaba casi ciego. Apenas veía figuras borrosas  frente a él.

“No  puedo ver tu rostro, solo veo tu silueta frente a mí pero me dijeron que eres de fiar y te quiero contar lo que enfrenté.

Cuenta José“En 1961 fui apresado y llevado a un calabozo en Condado, Trinidad, acusado de colaborar  con los alzados. Estuve allí 14 días en una celda y las condiciones eran torturantes, era muy bajita, no me podía parar pero cuando intentaba acostarme tampoco me podía estirar lo suficiente porque el espacio era reducido,  para colmo la luz encendida todo el tiempo y la puerta tapiada. Me decían que ellos me iban a demostrar que yo era colaborador y traían personas para que me identificaran y acusaran pero ninguna me identificó como tal, no hubo un testigo que dijera algo que me ibicara como sospechoso, por eso al final tuvieron que soltarme  pero los muy descarados y criminales esperaron a que fuera de noche y me bajaron de un carro en un lugar del que yo no tenía idea ni me pude orientar en medio de la oscuridad. Me senté debajo de un árbol y esperé el  amanecer.

Para intentar orientarme empecé a caminar por un camino pero tampoco sabía  hacia qué lugar de la zona me dirigía, luego de un rato encontré personas que me pudieron dar una idea y entonces me orienté.

Por esos abusos decidí colaborar con los alzados y escogí ayudar a  Leonel Martínez (ese alzado fue de los últimos que mataron. Era un hombre excelente y le ayudé todo lo que me fue posible y no me agarraron,  ni sospecharon de mí”.

Recuerda José que por aquellos años hubo casos de alzados que no tenían buena reputación, “pero eran pocos”.

”La gente comentaba de un tal Pata de Plancha (no recuerda su nombre) que acabó en esas lomas, hizo de todo”. Sin embargo Tomás San Gil era muy buena persona, respetable, decente, valiente  de buena estima por todos y de una familia íntegra. A él le decíamos Tomasito y sé que se metió en la  lucha por convicción pues tenía muy buena posición económica y no les iba mal ni a él ni a su familia así que pienso que luchó porque en Cuba no hubiera comunismo. Yo conocí de vista a  Cheíto León  pero no tuve amistad ni relación, no tengo criterios de él ni a favor ni en contra. Lo que sí oía de él en toda la zona de Trinidad es que era muy valiente y peleaba duro”.

Para José aquella etapa en el Escambray fue muy difícil y confusa, No se sabía quién era en realidad cada persona que se acercaba a otra. “Lo mismo caías en manos de alzados que de la milicia pues si ayudabas a  los alzados la milicia te apresaba pero si ayudabas a la milicia los alzados se celaban de ti, te creían chivato, informante y la situación se complicaba. También algunos campesinos se hacían pasar por colaboradores y si tú te unías a ellos para colaborar te delataban con la milicia y el G-2 como le llamaban cuando aquello a la  Seguridad del Estado. En aquellos montes nunca  se llegaba a saber qué camino era más confiable y seguro”.

En diciembre de 1971 José  fue citado junto con otros campesinos para Trinidad. Allí los rodearon muchos milicianos armados con carabinas y los obligaron a subir a camiones que se usaban para transportar vacas y que salieron con rumbo desconocido. Ninguno tenía noción de lo que estaba pasando ni por qué aquellas medidas de seguridad extrema. Todo el tiempo los militares que montaron en cada carro les apuntaban con las carabinas.  Al cabo de muchos kilómetros se dieron cuenta que iban para Santa Clara.

Ya en esa ciudad les dijeron todo tipo de ofensas, les insistieron en que nunca podrían regresar al Escambray pero jamás hubo una frase sobre el futuro inmediato de ellos.

Los pusieron en fila. A ambos lados estaban los combatientes armados y así sin poderse mirar unos a otros los hicieron subir al  tren y así los mantuvieron todo el viaje. “Eran muchos guardias y milicianos con unas armas que nunca  había visto, dijo José..

maxresdefaultEl tren emprendió viaje hacia el Occidente y un día después a José y a un grupo de campesinos que nunca había visto les ordenaron bajar en un lugar totalmente desconocido.

“Aquello era una prisión cercada, como un campo de concentración. Yo un día dije que preso no trabajaba  y un teniente me dijo que yo no era preso, entonces le respondí pues  me voy pa’ Trinidad y me dijo que ni se  me ocurriera porque de allí no podía salir”.

En el tiempo que estuvimos allí fuimos todos  muy rebeldes, teníamos discusiones con los guardias.

José recuerda que meses despues de estar allí se presentó algo inesperado para un grupo de ellos. Sedieron cuenta que los habían puesto en una circunstancia similar a la que viviían pero en otra región del país.

Recogieron a 25 hombres y los trasladaron para Miraflores que queda al norte de Morón en la antigua provincia de Camagüey. Era una zona donde sólo había mosquito y jejenes. No tenían rejas ni alambradas los barracones pero el mismo sistema de prisión se mantenía.

“Hubo algunos que se fugaron de allí pero los atraparon y metieron en celdas de castigo varios días, Cuando los devolvieron al albergue parecían otras personas, muy delgadas y con muestras de haber pasado algo muy terrible.

En Miraflores también tuvieron que trabajar haciendo los edificios de apartamentos en medio de aquellas zonas despobladas. Les decían que esas serían las casas de ellos y sus familias.

“En Trinidad no me quedó nada, la finca me la quitó el Gobierno Revolucionario, la casa se la dieron a unos orientales. Sacaron de allí y mi esposa que leugo se fue conmigo a Miraflores cuando terminamos de hacer las casas. Mis hijos  se quedaron  viviendo en Manicaragua.  “Mis padres y hermanos que vivían cerca de mí en las montañas murieron. Solo te cuento que yo no vi más a mi madre desde el 1971 en que me sacaron del Escambray hasta el día que ella murió, porque vivir en un lugar tan intrincado como Miraflores con todos los problemas de transporte que hay en Cuba era difícil. A veces nos daban un pase por tres días y  te demorabas tanto en llegar que ya era la fecha del regreso y entonces caías como ausente y te sancionaban. La única vez que vi a mi madre después que me sacaron del Escambray fue en su entierro. Cuando me avisaron de su gravedad partí para allá pero  no alcancé a verla con vida”.

Por eso volver nunca fue fácil pero algo logré

430072_478032562217062_576553469_nEn 1975 la dictadura en Cuba ordenó la división administrativa de tal forma que dejó de existir la Región Escambray y la dictadura anunció que ya se habían eliminado los focos insurgentes que denominaron “bandidos”.

El pretexto por el que supuestamente sacaron de allí a miles de campesinos -decían que para protegerlos de los alzados contra Castro- ya no estaba sin embargo ninguna de esas familias pudieron regresar a las fincas y caseríos donde vivieron.

Jose intentó regresar a su  antiguo terruño pero el lugar más cercano que encontró  fue en el municipio de Manicaragua en una ranchito que le ayudó a levantar un cerca del barrio de La Carranchola. Y allí se asentó en 2001.

En esa casita lo conocí y ya estaba casi ciego. Apenas veía figuras borrosas  frente a él.

“No  puedo ver tu rostro, me dijo, pero te quiero contar lo que enfrenté y por lo que  le cogí todo el odio del mundo al sistema comunista desde los primeros años cuando  fusilaron al esposo de mi hermana que se llamaba José R. Tápanes. “Lo que hicieron con  mi cuñado fue un crimen, yo diría que renombrado. Lo acusaron de algo que él no hizo, mi cuñado lo negaba e insistía en que era inocente, pedía que buscaran pruebas que lo inculparon y no aparecían las pruebas, sin embargo un oficial  al que le decían ‘El Magnífico’ y que recuerdo que el  apellido era Milanés, lo mandó a fusilar. Un mes después se cogió preso al hombre que había cometido el delito del cual acusaban a Tápanes y lo confesó todo, entonces en el juicio dijeron: -Pues liberen a José Tápanes  que es inocente. Alguien dijo: -No, a él lo fusilaron hace un mes. Después supe que la sanción o  castigo que aplicaron al  ‘Magnífico’ fue un ascenso”.

“Hace unos meses fusilaron en la Habana a tres jóvenes porque se llevaban una lancha y querían irse para Estados Unidos, eso fue por gusto. Cuando aquello también fusilaban por gusto. Hay mucha sangre en el ambiente. Cuba es un charco de sangre inocente. A mí a veces me dicen que no hable, que me  mantenga en apariencia tranquilo, yo no puedo, no admito que me manden a callar. Aquí el año pasado cuando la firma esa que inventaron para contrarrestar el Proyecto Varela me hervía la sangre en el cuerpo viendo a esa gente bajo agua ir a firmar y a desfilar. Una mujer vino aquí a preguntar  por qué yo no iba a firmar ese papel y mi hijo le contestó: Mi padre está lúcido y tiene razones para decir y hacer, ve y pregúntale, habla con él. Cuando la muchacha vino le dejé bien claro es que yo no le firmo papeles al comunismo”.

“Mis hijos han sufrido toda mi historia, a uno de ellos que consiguió trabajo en Planificación Física en Manicaragua lo sacaron cuando se enteraron que yo era ‘gusano’ y me habían llevado a los pueblos cautivos. Otro de mis hijos sufrió un trauma muy grande cuando vio que a mí me llevaban preso para Pinar del Río y nunca se repuso de aquello, lo atormentó siempre la visión que tuvo de aquellos carabineros apuntandonos  y amenazandonos y se volvió obsesivo con esa idea, yo sé que su razón se afectó mucho hasta que un día se suicidó, luego murió mi esposa en parte la mató la tristeza y el dolor”.