Fragmento de mi novela La tabla, escrita en Cuba en 1990, sacada clandestinamente del país en 1994 (ya vendrá un mamerto de la Seguridad a decir que es mentira porque a eso se dedican en Miami además de medrar a costa de la causa) y publicada en 2008 en España, y en 2020 en Miami.

(Tomado de Facebook de Armando de Armas)

Pero antes estuvo entre cinco finalistas del Premio Alfaguara , año 2000, y Alfaguara, tan fidedigna, no sólo no lo dio a conocer sino que se negó a publicarla porque, ay, querían hacer negocios con la mafia de La Habana, según me confesó mi agente literario de ese tiempo Guillermo Shavelzón:

“María Concepción a la Vieja; mira Paula, dame lo que tú quieras por la máquina de coser, yo sé que a nosotros nos queda poco en este país y de algo hay que ir viviendo; ¿y Ruperto?; bueno, Ruperto hasta que no le den la libertad, y eso nunca se sabe, porque él es plantado, ha estado en huelgas de hambre y esas cosas; ¡no!, ¡no!, espere, Paula, yo no quisiera que él me exija que me vaya alante con los muchachos, es duro, pero qué vamos a hacer, ya no tengo qué vender, y a propósito, habla lo de la bicicleta con el viejo Montalbán; Amadís y Eloy, miradas de alegría; la Vieja; sí, sí, el Abuelo va a vender un torete para comprar la bicicleta, Amadís es el niño lindo del viejo Montalbán; la mujer se aparece todas las noches vestida de negro en la curva de la escuela vieja, la que quemaron, dicen que para hacer sabotaje; no, ella no hace nada, sólo pasa muy erguida y sin mirar a ninguna parte; mami, tengo miedo, ¿por qué sale esa mujer?; hijito, esas son cosas del otro mundo, o de éste, nadie sabe, pero no le tengas miedo, María Concepción la vio la semana pasada y le entró un escalofrío por toda la espalda, ¡figúrate tú, una cosa de esas!; ¿mami por qué está preso el marido de María Concepción?; por regar grapas en las carreteras, mijo; ¿y él es un hombre malo?; no, mijo qué va; ¿para qué, entonces, regó las grapas esas?; ¡muchacho, carajo, no preguntes tanto que me atormentas!; “…