El rostro color del silencio

La misión que les dieron, o que se dieron ellos mismos, es Otra, por eso, ellos no están en las fotos de cubanos que viajan a Miami y regresan a Cuba y con la piel todavía suave por las cremas humectantes, se suman a actos de repudio en cualquier calle del país. No tienen rostros en páginas de Internet aún, pero sus nombres y apellidos son pronunciados por los que padecieron el acoso, la tortura, el maltrato , o el gesto despótico de esos que una o varias veces se prestaron a humillar y despreciar al que esgrimía ideas diferentes al dictador.

Son los hombres y mujeres que en Cuba no han sido “inmortalizados” de un clic, porque como se dedicaron a dar las órdenes de maltratar, torturar o reprimir a otras personas en una cárcel o celda de tortura del G-2, las víctimas no alcanzaron la vídeo cámara para captar los rostros.

Ellos, los sin rostros hoy, hicieron de todo contra el prójimo para servir al Comandante y al General y después tomaron o les hicieron tomar diferentes caminos. Unos, rumian su pobreza y su desgracia en suelo nacional. Otros, levantan copas y brindan fuera de su pais. Pero a ambos los vecinos y conocidos los recuerdan e identifican por serviles al régimen y por todo lo que hicieron para dañar a sus coterráneos cuando se expresaban abiertamente contra los militares que deciden el destino de Cuba.

Luego de publicar “A la distancia de un clic” me contó Guillermo Fariñas que conoce de un hombre que fue Jefe de Cárceles y prisiones en Villa Clara y ahora vive en los Estados Unidos porque pudo por la vía de carta de invitación viajar y “quedarse” . De él no tiene fotos pero si recuerda su nombre.

El hombre sin rostro visible tenía, tiene, un expediente muy bien detallado en las oficinas del MININT de Cuba, donde constan sus acciones violentas contra presos y opositores y sus fidelidades al Comandante en Jefe.

Un verano de 2010 tomó el avión que una hora despues lo dejó en los tibios brazos de la familia del Norte. Sus vecinos de la Calle San Miguel en Santa Clara vieron que pasó un año (es lo que marca la ley cubana para admitir de nuevo en casa a los nacionales que viajan por “carta de invitación”) y el individuo no regresó al país. La gente en su pueblo natal no concoce detalles pero se especula que alguna “Ley de Ajuste” lo ‘ajustó’ a vivir en Florida y que el matrimonio antes verdeolivo ahora juega al ‘verde que te quiero verde’ del dólar americano y andan por las calles de este inmenso y democrático país.

Se comenta por los alrededores del parque Vidal de la ciudad de Marta Abreu que su esposa que también fue militar en Cuba viajó primero a visitar “la familia” y se quedó. Como todo funcionó perfecto, le contó al marido, papá de la niña que nadie sabe cómo y porqué había partido al Norte antes …

Rafael, un amigo que salió de Cuba hace unos meses como refugiado político también me cuenta que a ese hombre sin rostro, jefe de cárceles y prisiones que disfruta hoy las infinitas bondades de la Democracia junto a su esposa ex oficial del MININT, los presos lo tenían como “un esbirro de primera línea”.

“Fue por años presidente del comité de la cuadra y vigilancia del CDR, y organizaba las guardias” dijo Rafael y asegura que “también organizó los actos de repudio en 1980”. “A mí me amenazó para que no fuera a las actividades del grupo opositor al que yo pertenecía, según sus palabras me dijo que si iba me golpearían o llegarían a matarme” Era temido y odiado por los demás vecinos de la cuadra, (que incluso no tenían nada que ver con la oposición) por su postura de esbirro y como se decía allá de “echar para alante a cualquiera”, relató Rafael.

El hombre sin rostro, pero con nombre y apellido, salió para Estados Unidos desde Santa Clara la noche del 27 o 28 de septiembre de 2010. Otros esperan hacer como él cuando les llegue la carta de invitación para ver “la familia”. O ya se internaron en la jungla urbana donde todos los días se oye hablar de coros polifónicos, intercambios pueblo a pueblo, voces múltiples, perdón y reconciliación.

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Autor: Idolidia Darias

Es la frontera transparente donde no hay jerarquías ni distancias, solo la memoria de una nación a la que sigo atada por los lazos del arcoíris.

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