Cédeme tu moringa

La orden llegó “de arriba” a cada Cederre y consistió en entregar una planta de moringa a cada núcleo familiar. Para recibirla primero se debía firmar una planilla donde se dejaba constancia de que la moringa asignada para esa vivienda había sido recibida.

Nadie podía coger dos moringas, eso se dijo desde el inicio en la reunión del Cederre y por esa razón si alguien quería otra debía hablar con el vecino para que se la cediera, pero claro, luego que se alejaran del lugar donde la cederista designada las entregaba. Así ocurrió en Santa Clara hace unos meses atrás, cuando fueron las personas a recogerla y se encontraron con que la tan anunciada planta ya era muy conocida en la región. No faltó quien dijo asombrado -pero al tilo de mata ahora le dicen moringa!

Mi abuela acostumbrada a hacer infusiones de tilo de mata y cada noche antes de dormir la tomada tibia. La costumbre la pasó a mi mamá que siempre estaba cuidando para que no se secaran o partieran los gajos a las dos matas de tilo que había en el patio de mi casa allá en la finca Díaz-Canel cercana al caserío de Miller en Villa Clara. Mis tías y demás parientes que a veces no dormían bien o tenían alteración de los nervios fueron aconsejados por mi abuela de tomar infusión de hojas de tilo de mata.

Supe que algunas personas la usaban para bañarse, otras, para enjuagarse el cabello porque les daba un brillo que parecía natural. Cada año en la época de mayor florecimiento mi abuela, tías y mi mamá recogían las flores y las guardaban en las alacenas para por si acaso. No faltaron ocasiones en que llegó algún vecino a casa buscando ‘si por casualidad habían guardado algunas hojitas de tilo de mata para hacer un ‘cocimiento’.

Cuando Castro dedicó horas a explicar lo del uso y beneficio de la moringa y el periódico Granma abordó el tema con detalles, fotos y explicaciones una amiga que hace poco más de un mes viajó de Cuba a Miami me contó que a inicios de este año empezó el reparto de la moringa por su cederre.

Como siempre las ocurrencias no faltaron ente la gente cuando se avisaban: Llegó la moringa! Hey, vete a recoger tu moringa! Oye, si no quieres la moringa dámela que yo si tengo espacio en el patio para sembrarla!

A diferencia de la soya que la venden mezclada con el picadillo de carnes de res, el gobierno fue menos ‘paternalista’ y decidió dar una moringa a cada cual para que se las arreglen como venga el caso.

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Autor: Idolidia Darias

Periodista cubana radicada en Miami desde 2004. Estudió Lengua y Literatura en el Instituto Superior Pedagógico Félix Varela en Santa Clara, Villa Clara, Cuba. Autora del libro “Escambray, la historia que el totalitarismo trató de sepultar” y coautora de “Cuba: desplazados y pueblos cautivos”. Es autora del blog

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