Idolidia Darias / Florida / USA / USAID, 💰 ONG y las redes de influencia en Iberoamérica Un post a partir de las publicaciones de Mike Benz
Durante años, USAID fue presentada por Washington como una herramienta de cooperación internacional y asistencia al desarrollo. Pero sus críticos sostienen que, detrás de esa función formal, la agencia también operó como un instrumento de poder blando, capaz de proyectar influencia política estadounidense a través del financiamiento de organizaciones civiles, medios de comunicación, sindicatos, centros de pensamiento y distintas redes sociales y políticas.
Una de las voces que más ha amplificado esta interpretación es Mike Benz, exfuncionario del Departamento de Estado especializado en ciberseguridad. Sus planteamientos, posteriormente difundidos y comentados por figuras como Elon Musk, sostienen que determinados programas financiados por USAID habrían contribuido a construir redes de influencia política en distintos países.
Benz ha señalado particularmente el financiamiento de organizaciones vinculadas a movimientos sociales, sindicatos, medios y estructuras de la sociedad civil en América Latina. En el caso de Brasil, sus argumentos han intentado relacionar determinadas redes de financiamiento internacional con el entorno político del Partido de los Trabajadores (PT) y con las disputas electorales de 2018 y 2022. También ha citado a Ucrania en 2014 y Bangladesh como ejemplos de una supuesta utilización de programas de asistencia y sociedad civil dentro de procesos de presión política y cambio de gobierno.
Estas afirmaciones, sin embargo, requieren distinguir entre financiamiento documentado, interpretación política y acusaciones de intervención. La existencia de fondos destinados a organizaciones civiles no demuestra por sí misma que USAID haya dirigido un proceso electoral o ejecutado una operación de cambio de régimen. La cuestión central está en determinar quién recibió los recursos, bajo qué programas, cuáles eran sus objetivos declarados y qué actividades fueron efectivamente financiadas.
La crítica a USAID tampoco procede exclusivamente de sectores conservadores. Desde posiciones de izquierda y desde sectores críticos de la política exterior estadounidense, la agencia ha sido cuestionada durante décadas como una expresión del denominado “imperialismo blando”, especialmente por sus vínculos históricos con programas de influencia exterior y por las controversias relacionadas con organismos de inteligencia estadounidenses.
Benz añade otra dimensión a su argumento: sostiene que determinadas estructuras financiadas desde Estados Unidos terminaron convergiendo con intereses corporativos y financieros, y que algunos movimientos políticos de izquierda habrían generado condiciones favorables para determinados actores económicos. Esta interpretación forma parte de su tesis política y no debe confundirse con hechos establecidos sin evidencia independiente.
El punto más polémico aparece cuando Benz relaciona la reducción o eliminación de determinados programas de USAID con el comportamiento electoral latinoamericano. Según su planteamiento, ocho victorias electorales de candidatos de derecha en América Latina posteriores al recorte de fondos demostrarían un cambio en los patrones de influencia externa. La correlación temporal, por sí sola, no permite establecer causalidad: para sostener esa conclusión sería necesario identificar los programas concretos, los beneficiarios, los mecanismos de influencia y evidencia de que su desaparición modificó efectivamente los resultados electorales.
La discusión, por tanto, trasciende la existencia o desaparición de USAID. La pregunta de fondo es otra: ¿hasta dónde puede llegar una política de asistencia exterior antes de convertirse en una herramienta de influencia política? Y, sobre todo, ¿qué parte de las redes financiadas respondía a objetivos humanitarios y de desarrollo, y cuál pudo haber tenido efectos políticos?
Ese es precisamente el terreno que Benz afirma querer explorar: reconstruir, país por país, las redes de financiamiento estadounidense y determinar qué papel desempeñaron durante la última década en la configuración del escenario político latinoamericano.
USAID funcionaba como herramienta de poder blando e influencia política, no solo de ayuda.