Idolidia Darias / Redacción / Florida /USA / El siguiente post que les comparto contiene una cantidad de negritas que uso para que puedan entender el significado del título en lo referente al -periodismo de las presunciones-
Primero debo aclarar que lo que vas a leer es el resultado de una búsqueda donde pedí un resumen de todo lo relacionado a la información que se suscitó el pasado 10 de septiembre y que se enfoca en un tema donde se relacionan-Cuba-USA-(negociaciones reportes recientes sobre conversaciones secretas entre la administración Trump y Cuba sobre suministro de petróleo y concesiones políticas)
-.Dejo reflejadas entre las FUENTES a medios informativos de larga data aunque realmente no fueron los únicos que consulte para elaborar el post. Aunque agrego una imagen donde aparece GAESA como sombrilla de toda la estructura de negocios en Cuba debo aclarar que en las notas periodistica la referencia en primer lugar es a CUPET-

Por Idolidia Darias -«Washington habría ofrecido petróleo e inversiones a Cuba a cambio de la salida de Díaz-Canel y la privatización de CUPET.
Una información publicada por The Miami Herald coloca sobre la mesa una posibilidad que, de confirmarse en todos sus extremos, marcaría un giro extraordinario en la política de Washington hacia La Habana: Estados Unidos habría ofrecido suministros de petróleo e inversiones para el sector energético cubano a cambio de la salida del presidente Miguel Díaz-Canel y de una transformación radical de la estatal Unión Cuba-Petróleo (CUPET).
La revelación fue difundida el 10 de septiembre de 2026 y reproducida por EFE e Infobae, que atribuyen la información a una fuente con conocimiento de las negociaciones que pidió permanecer en el anonimato. Según esos reportes, la propuesta habría sido transmitida por emisarios estadounidenses a Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro. El esquema contemplaría que inversionistas estadounidenses asumieran el control del negocio petrolero cubano mediante la privatización de CUPET. (EFE)
La primera cautela periodística es indispensable: no se trata de un acuerdo anunciado oficialmente por Washington ni por La Habana, sino de una información basada en una fuente anónima y publicada inicialmente por un medio estadounidense. Por tanto, los detalles de la eventual negociación deben ser considerados como una alegación periodística pendiente de confirmación documental o de declaraciones oficiales.
Una propuesta que iría mucho más allá del petróleo
El elemento más importante de la información no sería, en realidad, el suministro de combustible. El petróleo aparecería como una pieza de una negociación política y económica mucho más amplia.
Según lo publicado, Washington habría planteado una fórmula que combinaría tres elementos: abastecimiento energético, inversión estadounidense y cambios políticos en la cúpula del poder cubano. El punto político sería la salida de Díaz-Canel, mientras que el económico implicaría desmontar el monopolio estatal sobre los hidrocarburos mediante la privatización de CUPET. (EFE)
Eso convertiría a la energía en instrumento de presión y negociación al mismo tiempo.
CUPET no es una empresa cualquiera. Es el núcleo estatal que concentra actividades relacionadas con la exploración, producción, importación, refinación y distribución de hidrocarburos en Cuba. La posibilidad de que capital estadounidense pasara a controlar esa estructura significaría alterar uno de los sectores estratégicos que el régimen cubano ha mantenido bajo control estatal durante décadas.
La propuesta, de acuerdo con los reportes, habría sido rechazada o, al menos, no habría prosperado debido a la desconfianza de las autoridades cubanas ante la posibilidad de depender de una empresa estadounidense para un recurso tan estratégico. También se habría explorado la posibilidad de una empresa conjunta con inversionistas internacionales, pero esa alternativa tampoco habría llegado a materializarse. (EFE)

Cuba frente a su vulnerabilidad energética
El contexto explica por qué una propuesta de esta naturaleza podría haber llegado precisamente ahora.
Durante décadas, Cuba construyó su seguridad energética alrededor de relaciones preferenciales con sus principales aliados. Primero estuvo la Unión Soviética y posteriormente Venezuela. El petróleo venezolano se convirtió en un componente esencial de la supervivencia económica del régimen cubano.
La crisis energética actual ha expuesto hasta qué punto esa dependencia dejó vulnerable a la isla.
En junio, Estados Unidos sancionó a CUPET y acusó al Gobierno cubano de utilizar los recursos energéticos como instrumento de control político. El secretario de Estado Marco Rubio sostuvo entonces que activos de CUPET habían sido expropiados ilegalmente a propietarios estadounidenses y acusó al Gobierno cubano de desviar recursos energéticos hacia sus estructuras militares y de seguridad. La medida profundizó las tensiones precisamente en el momento en que Cuba sufría una grave escasez de combustible y apagones. (The Washington Post)
La paradoja es evidente: Washington estaría presionando sobre el sector petrolero cubano mientras, simultáneamente, habría explorado una fórmula para reabrirlo a capital estadounidense.
Eso sugiere que las sanciones y la presión energética podrían formar parte de una estrategia más amplia destinada no simplemente a castigar al Gobierno cubano, sino a modificar la estructura económica que lo sostiene.
La privatización de CUPET: el verdadero punto de ruptura
Si la información resulta correcta, la privatización de CUPET sería probablemente el componente más trascendental de la propuesta.
Desde 1959, el modelo cubano se edificó sobre la nacionalización de sectores estratégicos. Petróleo, electricidad, telecomunicaciones, banca, comercio exterior y transporte quedaron progresivamente sometidos al control estatal.
CUPET forma parte de esa arquitectura.
Por eso, transferir su control a inversionistas estadounidenses no sería una simple reforma empresarial. Representaría una ruptura con uno de los principios económicos fundamentales del sistema cubano.
Además, existen obstáculos jurídicos de enorme importancia.
Entre ellos aparecen las reclamaciones relacionadas con propiedades estadounidenses nacionalizadas después de la revolución. El caso de ExxonMobil es particularmente relevante: la compañía ha mantenido litigios relacionados con activos confiscados por el Gobierno cubano. Esa situación complicaría cualquier operación destinada a transformar CUPET, debido a la posibilidad de que aparezcan reclamaciones sobre activos, instalaciones, terrenos y derechos previamente nacionalizados. (EFE)
En otras palabras, privatizar CUPET no significaría simplemente cambiar de propietario. Habría que resolver décadas de nacionalizaciones, reclamaciones y disputas jurídicas.
El factor Díaz-Canel
Mucho más explosiva resulta la supuesta condición política: la salida de Miguel Díaz-Canel.
De confirmarse, Washington no estaría negociando exclusivamente con el Gobierno cubano sobre petróleo. Estaría vinculando explícitamente la supervivencia económica del sistema energético con un cambio en la dirección política de la isla.
La información no establece con claridad qué significaría exactamente «la salida» de Díaz-Canel: si se trataría de una renuncia, una transición negociada, una sustitución dentro del propio sistema o una fórmula de gobierno posterior.
Ese detalle es crucial.
Porque una cosa sería exigir la salida personal del actual presidente y otra muy diferente exigir una transición política que modifique la estructura del poder cubano.
El hecho de que, según el reporte, los emisarios estadounidenses hubieran contactado directamente a Raúl Guillermo Rodríguez Castro resulta especialmente significativo.
El nieto de Raúl Castro pertenece al círculo familiar más cercano al núcleo histórico del poder cubano. La elección de ese interlocutor —si la información se confirma— sugeriría que Washington habría intentado comunicarse con sectores situados más allá de la figura formal de Díaz-Canel.
El precedente venezolano
La propuesta también adquiere otra dimensión cuando se observa lo ocurrido con Venezuela en 2026.
Los reportes sobre Cuba aparecen después de que Washington estableciera un nuevo esquema petrolero con el Gobierno interino de Delcy Rodríguez. Reuters informó recientemente que el acuerdo venezolano concede a una empresa vinculada al empresario Alejandro Betancourt acceso a importantes reservas petroleras, mientras que el Pentágono adquirió una participación del 35 % en esa compañía. El Gobierno estadounidense también obtiene derechos preferenciales sobre parte de la producción. (Reuters)
El acuerdo venezolano ha generado controversia precisamente porque coloca a Estados Unidos en una posición de influencia extraordinaria sobre una parte del sector petrolero venezolano. El Financial Times señaló además interrogantes sobre su compatibilidad con la legislación venezolana y sobre el papel otorgado a inversionistas privados frente a PDVSA. (Financial Times)
Por eso, la comparación con Cuba resulta inevitable.
El mensaje que podría desprenderse de ambos casos sería que Washington está dejando atrás la idea de limitarse a sancionar gobiernos adversarios para avanzar hacia fórmulas de reconfiguración económica de sectores estratégicos, particularmente el petróleo.
La Habana ante una disyuntiva histórica
Para el Gobierno cubano, aceptar una fórmula de este tipo implicaría enfrentarse a una contradicción fundamental. La economía cubana necesita combustible, inversiones, tecnología y capital. Pero aceptar que empresas estadounidenses controlen el principal mecanismo de importación, distribución y comercialización de hidrocarburos supondría ceder una parte importante del control económico que el régimen considera indispensable para preservar su poder.
La negativa, sin embargo, tiene un costo.
Cuba necesita petróleo para generar electricidad, transportar alimentos, movilizar mercancías y mantener funcionando su economía. La crisis energética ya ha demostrado que el Estado no dispone de suficientes recursos para garantizar por sí solo el abastecimiento.
La pregunta, por tanto, deja de ser simplemente «¿aceptará Cuba petróleo estadounidense?».
La pregunta más profunda sería:¿Hasta dónde estaría dispuesto el régimen cubano a ceder control económico para garantizar su supervivencia?
¿Cambio de modelo o supervivencia del régimen?
Aquí aparece el elemento más interesante de la supuesta negociación. Durante décadas, el discurso oficial cubano presentó cualquier presencia económica estadounidense como una amenaza a la soberanía nacional. La propaganda revolucionaria convirtió la nacionalización de empresas estadounidenses en uno de los símbolos fundacionales del nuevo Estado.
Ahora, según la información publicada, Washington habría planteado precisamente lo contrario: petróleo, inversión y apertura del sector energético, pero vinculados a un cambio político y a la pérdida del control estatal sobre CUPET.
El problema para La Habana sería que aceptar esa fórmula podría abrir una puerta difícil de cerrar.
La entrada de capital estadounidense en el petróleo podría extenderse posteriormente a otras áreas estratégicas: generación eléctrica, infraestructura, telecomunicaciones, transporte, puertos y comercio exterior.
El petróleo sería, en ese escenario, la puerta de entrada de una transformación económica mucho mayor.
Una negociación que todavía necesita pruebas
El alcance de la información obliga, sin embargo, a separar los hechos confirmados de las versiones atribuidas a fuentes anónimas.Está documentado que Estados Unidos ha endurecido su presión sobre CUPET. También está documentada la grave crisis energética cubana y la voluntad de Washington de utilizar el sector petrolero como instrumento de presión. (The Washington Post)
Lo que todavía requiere confirmación independiente es que Washington haya ofrecido formalmente petróleo a cambio de la salida de Díaz-Canel y que haya condicionado ese suministro a la privatización de CUPET.
Si esas conversaciones existieron realmente, constituirían uno de los episodios más importantes de la política estadounidense hacia Cuba en décadas.
Porque significarían que el conflicto ya no estaría centrado exclusivamente en el embargo, las sanciones o los derechos humanos.
Estaría entrando en un terreno mucho más profundo: quién controla el petróleo cubano, quién controla la economía que depende de él y, finalmente, quién controla la transición política de la isla.
Y ahí está la verdadera dimensión de la revelación. El petróleo podría ser solamente la moneda de cambio. CUPET, el instrumento económico. Díaz-Canel, la pieza política. Y la disputa de fondo, el futuro del sistema cubano.
(EFE),(The Washington Post), (Financial Times), The Miami Herald