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Del hostigamiento digital a las imágenes de intimidación: el caso que vuelve a encender las alarmas.¿@thecubanshow en la mira?

Redacción / Florida / USA

Del hostigamiento digital a las imágenes de intimidación: el caso que vuelve a encender las alarmas en Miami y Kentucky / Un post a partir de una publicación en redes de @cubannator

El caso de Jorge Alex Rosell, un joven de 25 años residente en Homestead, Florida, vuelve a generar preocupación entre activistas y periodistas del exilio cubano después de nuevas publicaciones en redes sociales que sus denunciantes consideran intimidatorias.

En una publicación difundida por la cuenta Cubannator, Rosell es señalado como un supuesto “troll comunista” y se cuestiona su comportamiento en redes sociales, donde, según la denuncia, habría publicado imágenes de personas con elementos gráficos que simulan miras telescópicas superpuestas sobre sus fotografías. El autor de la publicación advierte que este tipo de contenido podría constituir una escalada de amenazas y reclama la atención de las autoridades, incluido el FBI en Miami.

(En redes sociales Rosell tiene dos perfiles en ambos se identifica como El Mesías de Cuba).

La denuncia adquiere especial relevancia porque entre las personas señaladas recientemente aparece el comunicador Vladimir Aguilar, conductor de The Cuban Show, quien anteriormente había expuesto públicamente el caso y había abordado la conducta de Rosell en una transmisión en la que también participó la periodista Idolidia Darias y se interactuó con el padre de Rosell.

Una de las imágenes difundidas recientemente muestra, según las capturas publicadas por Cubannator, los perfiles de Vladimir Aguilar y de la propia cuenta Cubannator bloqueados en redes sociales, mientras sobre las fotografías de perfil aparece superpuesto un símbolo gráfico semejante a una mira o señal de objetivo. La imagen ha sido presentada como evidencia visual de una conducta que los denunciantes consideran amenazante.

Capturas publicadas por Cubannator en X

Un patrón que, según sus denunciantes, viene desde años atrás

El episodio no surge de manera aislada. A comienzos de enero de 2026, Idolidia Darias denunció públicamente que, en noviembre de 2025, una persona que identificó como Rosell habría acudido a las inmediaciones de su residencia y dejado decenas de panfletos y materiales propagandísticos asociados con la bandera del Movimiento 26 de Julio.

Aquella bandera, utilizada por el movimiento insurreccional que combatió a la dictadura de Fulgencio Batista, se convirtió en uno de los principales símbolos del M-26-7. Durante la lucha contra Batista, el movimiento empleó diversas formas de propaganda y distribución de octavillas para difundir sus posiciones y respaldar sus acciones clandestinas.

Según el relato de Darias, la utilización contemporánea de esa simbología frente a viviendas de personas identificadas públicamente como opositoras o críticas constituye un elemento particularmente significativo del episodio.

La periodista sostiene que no se trataría de un hecho exclusivamente dirigido contra ella. En su denuncia menciona a otros activistas del exilio que, según afirma, también habrían sido objeto de acciones similares. Entre los nombres señalados aparecen Mercedes Pergigon, Ramiro Collazo y un joven identificado en redes sociales como Mamey, integrantes o simpatizantes de espacios del exilio cubano en Miami.

El supuesto patrón descrito combina, de acuerdo con esas denuncias, dos escenarios de actuación: por una parte, visitas o presencia física en las inmediaciones de viviendas, acompañadas por la colocación de panfletos y símbolos asociados al M-26-7; por otra, confrontaciones y publicaciones intimidatorias en redes sociales.

El antecedente de Glenda Rancaño

Otro elemento incorporado a la denuncia es el comportamiento atribuido a Rosell hacia Glenda Rancaño a quien amenazó publicamente en redes. Tras ese episodio, la cuenta Cubannator afirmó que el supuesto acosador habría dejado “rastros digitales” que permitieron establecer conexiones entre distintas cuentas y publicaciones. (Las capturas de pantalla pueden documentar una publicación o una interacción digital, pero por sí solas no necesariamente demuestran quién produjo material, con qué intención o si existe una relación directa entre diferentes cuentas).

El episodio que llevó el caso a The Cuban Show

El caso ya había sido abordado públicamente por Vladimir Aguilar en The Cuban Show. En aquella ocasión, Aguilar invitó a Darias a su canal para analizar el episodio y exponer lo que la periodista había denunciado.

Durante aquella transmisión se señaló que el perfil que anteriormente se identificaba con la expresión “Antifa en Miami” había sido posteriormente modificado. De acuerdo con lo expuesto entonces, el usuario habría eliminado esa referencia de su perfil, aunque continuó activo en redes sociales y en otras plataformas.

También se discutió la identidad visual utilizada por el individuo en sus apariciones en YouTube. Aunque empleaba una máscara y un sombrero, los participantes en la transmisión consideraron que su rostro podía resultar reconocible.

La actividad de Aguilar como elemento de contexto

Vladimir Aguilar ha convertido parte de su trabajo en una investigación sobre personas vinculadas a Cuba que desarrollan actividades en ámbitos culturales, académicos y políticos en Estados Unidos y otros países. En numerosas ocasiones ha utilizado como punto de partida las propias publicaciones realizadas por esas personas en redes sociales, particularmente la participación en eventos y actividades relacionadas con instituciones cubanas.

Esas conexiones podrían considerarse como evidentes vínculos con estructuras de influencia o inteligencia del régimen cubano. Precisamente por esa actividad, Aguilar se ha convertido ahora en uno de los objetivos del enfrentamiento digital que vuelve a colocar el caso de Rosell en el centro de la atención.

La hipótesis que nadie ha podido demostrar

La nueva controversia plantea una pregunta mucho más delicada: ¿se trata de una conducta individual de confrontación política o existe detrás algún tipo de coordinación?

Hasta el momento, no existe evidencia pública suficiente para afirmar que Rosell actúe siguiendo instrucciones de una organización, de un servicio de inteligencia extranjero o del gobierno cubano. Lo que sí es cierto es que ha usado el termino Antifa en su perfil y que la organización es considerada una red descentralizada de activistas de extrema izquierda catalogada políticamente como una amenaza de terrorismo doméstico.

La posibilidad ha sido planteada por los denunciantes debido a las similitudes que perciben entre determinados métodos de intimidación política: utilización de símbolos ideológicos, hostigamiento en redes sociales, identificación pública de adversarios y acciones destinadas a generar presión psicológica.

Una similitud de métodos no equivale a una demostración de coordinación. Ese límite resulta especialmente importante porque la denuncia tiene una dimensión potencialmente penal. Si existen amenazas creíbles, imágenes que puedan interpretarse como advertencias de violencia o seguimiento físico de personas, corresponde a las autoridades determinar si se ha producido una conducta constitutiva de delito y quién es responsable de ella.

De Cuba a Miami: el temor a exportar los métodos de intimidación

Para Idolidia Darias, el problema tiene una dimensión política más amplia. Desde su perspectiva, determinadas prácticas de vigilancia, intimidación y persecución que durante décadas han afectado a periodistas y disidentes dentro de Cuba pueden reproducirse fuera de la isla mediante mecanismos más informales: acoso digital, campañas de señalamiento, vigilancia, provocaciones y presión sobre familiares o círculos sociales.

La periodista compara estos métodos con prácticas atribuidas históricamente a los aparatos represivos de Cuba y Venezuela y sostiene que su objetivo fundamental sería intimidar a quienes ejercen el periodismo independiente o mantienen posiciones críticas.

La comparación, no obstante, debe distinguir entre la existencia de actos concretos de hostigamiento —que pueden documentarse y eventualmente investigarse— y la atribución de esos actos a una estructura estatal o de inteligencia, para lo cual se requiere evidencia adicional.

Lo que sí emerge del caso es un fenómeno que preocupa cada vez más al exilio: la transformación de las redes sociales en un escenario donde la confrontación política puede pasar rápidamente del insulto y la provocación a formas de intimidación personal.

Cuando aparecen además imágenes que representan armas, miras telescópicas o personas convertidas gráficamente en objetivos, la frontera entre la provocación política y una potencial amenaza adquiere una importancia mucho mayor.

El caso Rosell, por tanto, vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que trasciende a sus protagonistas: ¿cuándo una campaña de hostigamiento político deja de ser una disputa en redes sociales y se convierte en una amenaza que exige la intervención de las autoridades?

La respuesta no corresponde a las redes sociales ni a los protagonistas del enfrentamiento. Corresponde a una investigación formal que permita determinar qué ocurrió, quién estuvo detrás de cada acción y, sobre todo, si existió una intención real de intimidar, perseguir o provocar violencia contra miembros de la comunidad cubana del sur de Florida.

Live en The Cuban Show

Durante el programa se habló de como grupos radicales operan bajo un modus operandi estructurado y no por improvisación:

  • Sabotaje y acoso: Utilizan tácticas de intimidación y sabotaje (1:05:15, 1:13:30), como el traspaso de propiedades privadas, lanzamiento de propaganda política (como banderas del 26 de julio) y amenazas directas a individuos y mujeres a través de redes sociales.
  • Adoctrinamiento académico: Se menciona que gran parte de su formación ocurre en el entorno universitario (1:24:50, 1:27:45), donde académicos con alta capacidad de persuasión influyen en los jóvenes.
  • Guiones coordinados: El presentador y los invitados argumentan que estos grupos siguen «libretos» o guiones compartidos, a menudo utilizando una retórica similar para ofender o amedrentar a la diáspora cubana (1:20:10, 1:21:20).
  • Redes y financiamiento: Se expone que estos movimientos operan bajo una «sombrilla» mayor que les permite cambiar de nombre para evadir el control y, en algunos casos, se sugiere la existencia de vínculos con intereses que facilitan su financiamiento o apoyo logístico  (1:30:00 – 1:38:00).

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