Por Carlos Carballido / Texas / USA /
El post del periodista Carlos Carballido fue publicado en su página de Facebook lo compartimos en este sitio con el propósito de difundir las voces por la verdad y la libertad tan necesarias en este momento en USA. De igual manera insertamos dos videos (live) del comunicador Vladimir Aguilar quien emplia sobre el tema .
Carlos Carballido:
«Hace mucho tiempo dejé de exhibir la desvergüenza de los políticos cubanoamericanos. He dedicado demasiado tiempo a denunciarlos sin que ninguno de ellos cambiara de rumbo.
Pero, gracias a Dios, hay patriotas que no han tirado la toalla. Vladimir Aguilar es uno de ellos y ha destapado nuevamente la cloaca política por la que se pasea la congresista #MariaElviraSalazar.
El influencer cubano ha encontrado en documentos públicos —que pocos leen— que, entre las donaciones de campaña de la representante del Distrito 27 de Florida, aparece un modesto cheque de 5.000 dólares emitido por una de las empresas que abiertamente comercia con la tiranía castrista.
Se trata de la naviera Crowley, que ya ha protagonizado varios escándalos por cheques similares, casualmente dirigidos a otros políticos cubanoamericanos; no una vez, sino de manera recurrente desde 2001.
Ese año, Crowley recibió el permiso operativo para la comercialización con Cuba, emitido por la OFAC. Aunque la autorización se concretó durante la administración de George W. Bush, su origen se remonta a una decisión firmada por Madeleine Albright, secretaria de Estado del presidente demócrata Bill Clinton.
Los documentos exhibidos por The Cuban Show —que, según se afirma, comprueban el pago de 5.000 dólares a María Elvira Salazar— muestran que los políticos cubanoamericanos continúan exhibiendo un doble discurso que raya en lo hipócrita y patético.
Ese es precisamente el punto en el que la discusión deja de ser un asunto legal para convertirse en un debate estrictamente político y ético.
En el contexto de la política del sur de Florida, donde el discurso frente al régimen cubano es un eje definitorio, este tipo de hechos suele analizarse desde dos prismas: la consistencia de los principios morales y éticos, y el peso simbólico de recibir dinero de una empresa que negocia con el enemigo que esos mismos políticos invocan para impulsar sus campañas en Miami.
A María Elvira Salazar parece no importarle la condición de exiliados políticos cubanos que caracteriza a buena parte de su distrito electoral.
Aceptar dinero de una empresa naviera que negocia directamente con La Habana no es un tema secundario de política exterior.
Para muchos exiliados, representa el quebrantamiento de una promesa fundacional: un contrato de confianza con una comunidad marcada por el exilio, el dolor de las familias divididas y la represión en la isla.
Por eso, cuando entran en juego los fondos de campaña, el estándar que el votante y la opinión pública deberían exigir no es únicamente si la transacción cumple con el Código Electoral Federal, sino si resiste un examen de coherencia moral. Ese es un examen que María Elvira Salazar, a juicio de sus críticos, incumple al aceptar dinero de Crowley.
Y no solo ella. Los propios registros exhibidos por The Cuban Show incluyen una larga lista de otros congresistas, entre ellos Mario Díaz-Balart.
El listón moral de estos “politicuchos” parece sumamente bajo. Denuncian a las agencias de viaje y claman por intervenciones para derrocar al castrismo; pero, cuando se trata de una corporación multimillonaria con sede en Florida, que hace negocios directos en el puerto del Mariel o en La Habana, ese mismo estándar moral parece suspenderse a cambio de un cheque de campaña.
En la política representativa, la legitimidad moral rara vez se mide solo por lo que permite la ley electoral, sino por los límites que un político está dispuesto a imponerse para que sus fuentes de financiamiento no desmientan su propio discurso. Límites que ni María Elvira Salazar, ni Díaz-Balart, ni otros beneficiarios de esas donaciones parecen dispuestos a aceptar.
Lo peor es que, en noviembre próximo, todos ellos volverán a enarbolar el anticastrismo como promesa de campaña. Entonces opera el otro absurdo: para algunos electores, parece preferible un traidor a la moral del exilio antes que un demócrata, porque hay que salvar la silla roja.
Bien por Vladimir Aguiar. Al menos este relajo vomitivo de María Elvira Salazar y sus colegas queda registrado públicamente, aunque sus amigos en la prensa sigan mirando hacia otro lado y justifiquen que no hacen nada ilegal.
THE CUBAN SHOW—La transmisión en vivo más reciente de The Cuban Show aborda rumores sobre una supuesta oferta secreta que la administración Trump le habría hecho al gobierno de Cuba en relación con un acuerdo energético.
Críticas políticas: El presentador cuestiona fuertemente a figuras cubanoamericanas como María Elvira Salazar (28:17) y discute sobre la gestión de fondos y la supuesta influencia de la inteligencia castrista en proyectos mediáticos y figuras del exilio (1:13:00, 1:33:51).
Críticas a políticos: Aguilar cuestiona la postura de figuras como María Elvira Salazar, Mario Díaz-Balart y Marco Rubio, argumentando que a pesar de sus discursos anticastristas, han aceptado fondos de entidades con lazos cercanos al gobierno de La Habana (1:02:27 – 1:03:20).