Redacción / Florida / USA / post que recoge el resumen de la conversacion entre el escritor Fernando Rueda y el investigador Juan Lankamp / Del espionaje artesanal al espionaje tecnológico
–Los secretos del espionaje español: del CESID a Pegasus
-Las escuchas del CESID
-El caso Mario Conde y las microfichas
-Pegasus y el nuevo espionaje digital
-El caso Pertur: una desaparición que sigue sin respuesta definitiva
Los secretos del espionaje español: del CESID a Pegasus
La historia reciente de los servicios secretos españoles está marcada por episodios de espionaje político, operaciones clandestinas, filtraciones, chantajes y desapariciones que, décadas después, continúan generando interrogantes. En una entrevista centrada en algunos de los capítulos más controvertidos de los servicios de inteligencia, el periodista e investigador Fernando Rueda repasa operaciones vinculadas al antiguo CESID, el papel de antiguos agentes en casos de gran repercusión política y financiera, la desaparición del dirigente de ETA Eduardo Moreno Bergareche, conocido como Pertur, y las controversias relacionadas con el software de espionaje Pegasus.
El relato dibuja una evolución que va desde los rudimentarios sistemas de escucha utilizados por los servicios secretos durante los años ochenta y noventa hasta las herramientas digitales capaces de penetrar teléfonos móviles y extraer grandes cantidades de información.
Las escuchas del CESID
Uno de los episodios centrales es el relacionado con las escuchas realizadas por el entonces Centro Superior de Información de la Defensa (CESID). Según explica Rueda, durante los años ochenta y noventa se desarrollaron sistemas de interceptación que permitieron registrar conversaciones de determinadas personalidades relevantes del país.
Entre los objetivos de esas operaciones figuraron, según su relato, miembros de las más altas instituciones del Estado, ministros, políticos, periodistas y otras personas con influencia pública. Las técnicas utilizadas eran considerablemente más rudimentarias que las actuales y recurrían, entre otros procedimientos, a sistemas de radiofrecuencia.
El escándalo terminó adquiriendo una dimensión política extraordinaria. La revelación de que el propio aparato de inteligencia podía haber realizado escuchas ilegales sobre figuras situadas en el centro del poder generó una crisis institucional y provocó la salida de altos responsables del servicio, entre ellos Emilio Alonso Manglano.
El episodio dejó planteada una cuestión fundamental: quién vigilaba a los encargados de vigilar.
El caso Mario Conde y las microfichas
Otro de los capítulos abordados es la relación entre el antiguo responsable operativo del CESID, Juan Alberto Perote, y el empresario Mario Conde, cuya caída al frente de Banesto se convirtió en uno de los grandes acontecimientos económicos y políticos de la España de los años noventa.
Rueda sostiene que Perote llegó a disponer de información altamente sensible procedente de documentación obtenida de los servicios secretos. Entre ese material se encontraban microfichas que contenían información considerada comprometedora.
Según la versión expuesta durante la entrevista, esa documentación habría sido utilizada como instrumento de presión sobre el Estado en un momento particularmente delicado para el Gobierno de Felipe González. El objetivo habría estado relacionado con las consecuencias judiciales y económicas que afectaban a quienes estaban involucrados en el caso Banesto.
El episodio revela otra de las vulnerabilidades históricas de los servicios de inteligencia: la información secreta no solamente puede ser utilizada para proteger al Estado, sino también convertirse en un mecanismo de poder cuando cae en manos de antiguos miembros del propio aparato.
Pegasus y el nuevo espionaje digital
La entrevista conecta aquellas prácticas de espionaje con una etapa completamente diferente: la era de Pegasus.
A diferencia de las antiguas escuchas mediante dispositivos de radiofrecuencia, los sistemas actuales permiten acceder directamente a teléfonos móviles y obtener información de comunicaciones, contactos, fotografías, documentos y otros datos almacenados en los dispositivos.
El caso Pegasus generó una fuerte controversia política en España después de que se conociera que teléfonos de importantes responsables políticos habían sido afectados por este tipo de software.
Uno de los interrogantes señalados por Rueda es precisamente qué información pudo haber sido obtenida y qué consecuencias tuvo esa extracción de datos. La controversia no se limita a determinar quién realizó las intrusiones, sino también a establecer qué información terminó en manos de terceros y si esos datos pudieron influir posteriormente en decisiones de Estado.
En este contexto aparece uno de los asuntos políticos más sensibles: el cambio de posición del Gobierno español respecto al Sáhara Occidental. Vincular ambos acontecimientos exige, sin embargo, distinguir entre hechos demostrados, hipótesis e interrogantes todavía sin resolver.
El caso Pertur: una desaparición que sigue sin respuesta definitiva
La desaparición de Eduardo Moreno Bergareche, conocido como Pertur, constituye otro de los grandes enigmas de la historia de ETA.
Pertur desapareció en julio de 1976, en un momento de profundas tensiones internas dentro de la organización terrorista vasca. El joven dirigente defendía una evolución política de la organización y la creación de una estructura que permitiera desarrollar la actividad política separándola de la lucha armada.
Rueda sostiene que los servicios secretos españoles conocían previamente los movimientos y las posiciones de Pertur. Su interpretación del caso apunta a que la desaparición estuvo relacionada con las propias divisiones internas de ETA y con sectores contrarios a abandonar la lucha armada.
De acuerdo con esta hipótesis, Pertur habría sido eliminado por miembros de su propia organización debido a sus planteamientos políticos.
El caso, no obstante, continúa siendo objeto de debate histórico y judicial. Por ello, cualquier reconstrucción responsable debe diferenciar entre las hipótesis existentes y aquellos elementos que han podido ser acreditados documentalmente.
Mikel Lejarza, ‘El Lobo’
La figura de Mikel Lejarza, conocido por el nombre operativo de ‘El Lobo’, ocupa un lugar particular dentro de esta historia.
Lejarza fue un agente infiltrado en ETA cuya operación permitió obtener información desde el interior de la organización durante el franquismo y la transición. Su identidad permaneció protegida durante años y su infiltración se convirtió posteriormente en uno de los episodios más conocidos del espionaje español.
Rueda reivindica el papel desempeñado por Lejarza y cuestiona algunas acusaciones que han intentado atribuirle responsabilidad directa en determinados episodios violentos ocurridos durante operaciones policiales.
Entre ellos aparece el conocido caso de una persona encontrada muerta en una bañera durante una operación contra miembros de ETA. La interpretación defendida por Rueda es que no existen elementos suficientes para convertir al infiltrado en responsable de aquellos hechos y que, por el contrario, Lejarza actuó como un activo cuya identidad debía ser protegida por el Estado.
Del espionaje artesanal al espionaje tecnológico
Los episodios analizados muestran una transformación radical de los métodos de inteligencia.
Durante las décadas de 1970, 1980 y 1990, las operaciones dependían de infiltrados, micrófonos, sistemas de radiofrecuencia, documentación física y redes clandestinas. El valor de un agente como ‘El Lobo’ estaba precisamente en su capacidad para introducirse dentro de una organización y transmitir información desde su interior.
Con el desarrollo tecnológico, el escenario cambió. Las operaciones de inteligencia comenzaron a depender cada vez más de sistemas capaces de interceptar comunicaciones digitales, acceder a dispositivos y analizar enormes cantidades de información.
Pegasus representa, en este sentido, una nueva generación de espionaje: menos visible, potencialmente mucho más invasiva y capaz de convertir un teléfono móvil en una fuente prácticamente ilimitada de información personal y política.
Una historia marcada por los secretos
Los casos abordados por Fernando Rueda tienen protagonistas y contextos diferentes, pero comparten un elemento: la dificultad para conocer completamente qué ocurrió dentro de estructuras diseñadas precisamente para mantener información fuera del alcance público.
Las escuchas del CESID demostraron los riesgos del espionaje sin controles suficientes. El caso Perote y las microfichas mostraron el enorme poder que puede adquirir un antiguo miembro de los servicios secretos cuando conserva información clasificada. La desaparición de Pertur permanece como uno de los episodios más oscuros relacionados con las luchas internas de ETA. Y el caso de ‘El Lobo’ refleja hasta qué punto las operaciones de infiltración pueden quedar atrapadas entre versiones contradictorias, secretos de Estado y décadas de silencio.
Pegasus introduce una nueva dimensión: la posibilidad de que el espionaje contemporáneo sea mucho más difícil de detectar y, sobre todo, de dimensionar.
La pregunta que atraviesa todos estos episodios sigue siendo esencial para cualquier democracia: ¿quién controla a quienes tienen acceso a los secretos del Estado y qué mecanismos existen para impedir que esa información sea utilizada fuera de la ley?
Más de cuatro décadas después de las primeras grandes operaciones de infiltración y escucha, la tecnología ha cambiado radicalmente. El problema del control democrático sobre los servicios de inteligencia, sin embargo, permanece vigente.
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