Historic stone building seen through sheer curtains and overhead wires

Paradojas de la influencia cubana en EE. UU. (1) Historia oculta. USAID-NED en la ecuación

Idolidia Darias / Florida / USA / —la paradoja más profunda de esta historia: que el problema no sea solamente quién consiguió influir sobre Estados Unidos, sino por qué las élites encargadas de impedirlo permitieron que esa influencia llegara tan lejos

La influencia cubana en Estados Unidos: una historia que Washington no cuenta completa

El Departamento de Estado ha puesto nuevamente el foco sobre la capacidad de influencia del régimen cubano dentro de Estados Unidos, denunciando una estructura que, según Washington, durante décadas habría utilizado redes políticas, académicas, culturales y sociales para promover los intereses de La Habana. Sin embargo, esta denuncia deja abierta una pregunta incómoda: ¿cómo pudo desarrollarse y consolidarse esa influencia durante tanto tiempo bajo la vigilancia de las mismas estructuras de política exterior estadounidense?

Las críticas apuntan directamente a una paradoja de la política de Washington hacia Cuba. Mientras el Gobierno estadounidense denuncia hoy las operaciones de influencia, espionaje y penetración ideológica vinculadas al régimen cubano, durante décadas existieron programas de cooperación, financiamiento y promoción democrática administrados por organismos estadounidenses que terminaron interactuando con parte de ese mismo ecosistema político.

Entre las instituciones señaladas por la perspectiva crítica que desarrolla este post, aparecen la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y la National Endowment for Democracy (NED). Ambas fueron creadas con objetivos oficialmente vinculados al desarrollo internacional y al fortalecimiento de instituciones democráticas. Sus programas han financiado organizaciones, proyectos y actores de la sociedad civil en distintos países, incluida Cuba.

La cuestión, sin embargo, no se limita a determinar quién recibió fondos o qué proyectos fueron financiados. El debate de fondo es otro: si determinadas redes de influencia pudieron crecer durante décadas mientras eran observadas, toleradas o incluso indirectamente alimentadas por estructuras estadounidenses, ¿se trató de un fracaso institucional, de una contradicción estratégica o de una forma de complicidad política?

Desde esta perspectiva, el problema no sería exclusivamente cubano. Formaría parte de una arquitectura mucho más amplia de política exterior en la que Washington ha intentado promover transformaciones políticas mediante organizaciones no gubernamentales, programas de asistencia, instituciones culturales y redes de activismo.

Una contradicción histórica

La acusación sostiene que Estados Unidos terminó enfrentándose a consecuencias de una política que pretendía controlar o transformar realidades extranjeras mediante instrumentos que también podían ser utilizados por sus adversarios.

En el caso cubano, esa contradicción adquiere una dimensión particular. El régimen de La Habana desarrolló durante décadas mecanismos de propaganda, inteligencia, diplomacia paralela e influencia internacional. Al mismo tiempo, sectores de la política exterior estadounidense apostaron por promover una transición democrática mediante el fortalecimiento de determinados actores de la sociedad civil.

Para los críticos de esta estrategia, el resultado ha sido una especie de paradoja histórica: mientras Washington denunciaba la penetración ideológica del castrismo, algunas de sus propias estructuras de política exterior contribuían a construir el escenario institucional en el que distintas corrientes políticas podían competir por influencia.

Esto no demuestra, por sí mismo, que USAID o NED hayan financiado espionaje cubano ni que sus programas hayan tenido como objetivo favorecer al régimen. Esa conclusión requeriría pruebas específicas. Pero sí plantea interrogantes legítimos sobre los controles, las alianzas y las consecuencias no previstas de determinadas políticas.

¿Incompetencia o complicidad?

La disyuntiva planteada por esta crítica es deliberadamente incómoda.Una explicación sería la incompetencia institucional: -agencias y funcionarios que durante años no lograron identificar la magnitud de determinadas redes de influencia.

La segunda sería mucho más grave: la posibilidad de que sectores de la élite política estadounidense hayan considerado funcionales determinadas alianzas o movimientos mientras estos servían a objetivos estratégicos inmediatos, sin medir sus consecuencias a largo plazo.

En ambos escenarios aparece una conclusión inquietante: la política exterior estadounidense habría contribuido, voluntaria o involuntariamente, a crear condiciones que posteriormente obligaron a Washington a combatir las mismas dinámicas que había permitido desarrollarse.

El problema de fondo: qué democracia se está exportando

Desde una perspectiva conservadora y reaccionaria católica, la crítica adquiere una dimensión todavía más profunda. El cuestionamiento no se dirige únicamente contra la política estadounidense hacia Cuba, sino contra el modelo cultural que determinadas élites occidentales presentan como sinónimo incuestionable de progreso democrático. Link

Según esta interpretación, el problema no consiste simplemente en derrotar al castrismo para sustituirlo por cualquier versión del liberalismo político. La verdadera cuestión sería qué tipo de sociedad emerge después de la caída de un régimen autoritario y qué valores terminan ocupando el vacío dejado por él.

Los críticos de esta corriente sostienen que el liberalismo contemporáneo, al desprenderse de determinados fundamentos culturales, religiosos e históricos de Occidente, puede terminar generando una paradoja: utilizar el lenguaje de la libertad para impulsar transformaciones sociales que, en última instancia, debiliten las instituciones que hicieron posible esa libertad.

En esa lectura se inscribe la advertencia sobre la repetición histórica. El peligro no sería únicamente que Cuba reproduzca sus viejas estructuras bajo nuevos nombres, sino que una eventual transición termine subordinada a modelos ideológicos importados y produzca una nueva forma de dependencia cultural.

La lección cubana

La historia de la influencia cubana en Estados Unidos, por tanto, no puede analizarse únicamente como una historia de espionaje, propaganda o penetración ideológica procedente de La Habana.

También exige examinar las decisiones tomadas en Washington, las redes construidas durante décadas, los recursos empleados para promover determinados objetivos y los actores que participaron en ese proceso.

La pregunta central permanece abierta: ¿estamos ante una operación extraordinariamente eficaz de penetración cubana o ante el resultado de décadas de una política estadounidense incapaz de reconocer las consecuencias de sus propias estrategias?

La respuesta determinará también cómo debe entenderse cualquier futura política hacia Cuba.

Porque si Washington vuelve a presentar la democracia liberal como la solución definitiva sin revisar críticamente las estructuras que durante décadas acompañaron su política hacia la isla, existe el riesgo de repetir el mismo ciclo: combatir una influencia ideológica mientras se crean, simultáneamente, las condiciones para que otra ocupe su lugar.

Y esa sería, quizá, la paradoja más profunda de esta historia: que el problema no sea solamente quién consiguió influir sobre Estados Unidos, sino por qué las élites encargadas de impedirlo permitieron que esa influencia llegara tan lejos.

*** Ampliando sobre el tema: El papel de la NED-(Con solo un clic)-

La NED (National Endowment for Democracy) es una fundación privada sin ánimo de lucro creada por el Congreso de Estados Unidos en 1983. Recibe la inmensa mayoría de su presupuesto —recientemente unos 315 millones de dólares anuales— de una asignación directa del Congreso canalizada a través del Departamento de Estado. No es una agencia gubernamental, lo que le permite operar en países donde Washington no tiene relaciones diplomáticas o donde la diplomacia oficial resulta incómoda. ned.org

Su función principal es conceder subvenciones a organizaciones de la sociedad civil, medios independientes, sindicatos, partidos políticos y grupos de derechos humanos en el extranjero. Aproximadamente la mitad de los fondos se destina a sus cuatro institutos asociados (IRI, NDI, CIPE y Solidarity Center). En el caso de Cuba, la NED considera la isla una prioridad de larga data y ha destinado alrededor de 6 millones de dólares anuales a decenas de proyectos: periodismo no estatal, documentación de violaciones de derechos humanos, libertad religiosa y coordinación de activistas tanto dentro de la isla como en el exilio. ned.org

Desde la perspectiva del régimen cubano y de sectores críticos, la NED funciona como un instrumento de “cambio de régimen” y de influencia ideológica encubierta, heredera de operaciones que antes realizaba la CIA de forma clandestina. El propio primer presidente interino de la NED reconoció en 1991 que “mucho de lo que hacemos hoy lo hacía la CIA de forma encubierta hace 25 años”. En el contexto del post original, esta financiación se interpreta como parte de una red institucional que, durante décadas, habría contribuido a modelar o sostener determinadas dinámicas opositoras, para luego presentar la democracia liberal como la solución.

En lafronteratransparente puedes encontrar más sobre el tema. Solo tienes que escribir en el buscador: USAID-NED

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