Red Femenina de Cuba organización ¿independiente? propone promover un «nuevo 26 de julio» en Cuba …¿es en serio?

Qué jodidos estamos! una organización independiente nombrada Red Femenina de Cuba ha propuesto promover un «nuevo 26 de julio» en Cuba. Al principio yo pensé que era una broma pero luego de leer la nota publicada en martinoticias y ver quienes promueven la «alternativa cívica» me dije -nada te turbe, nada te espante…

By Idolidia Darias / Florida / USA

La propuesta de la Red Femenina de Cuba de promover un «nuevo 26 de Julio» como símbolo de una futura transición democrática ha abierto un debate que va más allá de las intenciones de la iniciativa. Aunque el proyecto se presenta como una alternativa cívica, pacífica y democrática al régimen cubano, la elección de esa fecha plantea una contradicción de fondo que merece ser discutida.

Según explicó la presidenta de la organización, Elena Larrinaga, el objetivo es impulsar un movimiento ciudadano que ponga fin al sistema político instaurado por el castrismo, diferenciándose del levantamiento armado encabezado por Fidel Castro en 1953 y apostando por la fuerza de la ley, el Estado de derecho y la participación de la sociedad civil.

Sin embargo, el verdadero problema no radica únicamente en los métodos, sino en el símbolo escogido.

El 26 de julio no es una fecha neutra ni un patrimonio nacional pendiente de recuperación. Es el punto de partida del relato fundacional que la propia dictadura convirtió durante más de seis décadas en el eje de su legitimidad política. Desde las escuelas hasta las Fuerzas Armadas, pasando por los medios de propaganda y cada acto oficial, el régimen moldeó esa fecha como el mito sobre el que edificó su permanencia en el poder.

Intentar ahora otorgarle un significado distinto supone aceptar, aunque sea de manera involuntaria, que ese símbolo todavía merece ser preservado. Y precisamente ahí reside el error.

Las sociedades que logran romper con sistemas totalitarios no suelen reconstruirse alrededor de las fechas que glorificaron a sus verdugos. Al contrario, esas fechas pasan a ocupar un lugar en la memoria histórica como recordatorio del inicio de una tragedia, no como inspiración para un nuevo proyecto nacional.

Nadie propondría un «nuevo» aniversario de un acontecimiento que dio origen a décadas de represión, persecución política, exilio, fusilamientos, encarcelamientos y destrucción institucional. Lo que corresponde es desmitificar esos símbolos, no reciclarlos.

El propio comunicado de la Red Femenina reconoce que el asalto al Cuartel Moncada terminó convirtiéndose en un «fraude histórico» y que las promesas de democracia jamás se materializaron. Si esa es la conclusión, resulta difícil comprender por qué habría que conservar precisamente la fecha que abrió el camino hacia ese desenlace.

Las dictaduras sobreviven tanto por el control de las instituciones como por el dominio del imaginario colectivo. Sus símbolos, sus efemérides y sus rituales forman parte de la arquitectura del poder. Renunciar al sistema implica también desmontar ese calendario político cuidadosamente construido durante décadas.

Cuba necesita nuevos referentes, nuevas fechas y nuevos símbolos nacidos del consenso ciudadano, del respeto a las libertades y de la recuperación de la República, no de la reinterpretación de una efeméride creada para glorificar el inicio de un proceso revolucionario que terminó desembocando en una de las dictaduras más largas del continente.

La transición democrática no debería comenzar intentando rehabilitar el mayor icono propagandístico del castrismo. Debería empezar, precisamente, por dejarlo atrás.

Porque las naciones no se reconstruyen reciclando los símbolos de quienes las llevaron al desastre. Se reconstruyen creando una memoria nueva, basada en la verdad, la justicia y la libertad, sin necesidad de rendir tributo —aunque sea de forma simbólica— a las fechas que la tiranía convirtió en pilares de su propia legitimidad.

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