Armando de Armas ha cedido gentilmente a responderme a una pregunta que le hice hoy:

Idolidia: Armando Ud. había avizorado en sus escritos un cambio de época y la victoria de Trump en 2016 como un indicio de que ese cambio ya estaba teniendo lugar, sin embargo ya sabemos lo que pasó en 2020. ¿Significa eso que el cambio no tendrá efecto o significa simplemente que se ha retrasado?

De Armas: Me alegra que me hagas esa pregunta. Algunos amigos alertas también me han cuestionado acerca de mis consideraciones respecto a Donald Trump como agente detonante en este cambio de era sin precedentes durante los dos últimos siglos al menos.

La pregunta cobra fuerza después que a Trump le robaran las elecciones de 2020, como los niños macarras le roban la merienda a un niño bueno en el colegio en el recreo y a plena luz del día.

Bueno, a ver, a esos amigos les recuerdo esto que declaré en varias entrevistas, desde 2017, a medios en español pero sobre todo en italiano y al poeta Carlos Carralero en relación con Trump y los cambios que, a mi entender, se aproximaban:

“Trump es el jugador que ha comenzado lenta y levemente a virar la mesa de juego, la del juego democrático y globalista, pero todos los que hemos estado alertas acerca de que se nos ha hecho trampa, de que jugábamos aún a sabiendas de que las cartas estaban marcadas de antemano -de ahí el título de mi libro Los naipes en el espejo- y no actuábamos por cortesía, por el qué dirán o por las conveniencias, porque oponerse al Espíritu Epocal es ciertamente riesgoso y servirle altamente remunerativo, terminaremos por contribuir a virar la mesa, pero eso sí, vendrá otro jugador después de Trump que, junto a todos nosotros los hombres diferenciados, dará el vuelco total a la mesa del Póker democrático o, mejor, social-democrático-liberal-comunista”.

Es bueno recordar también que los cambios de época no ocurren de un día para otro. Así, como aventuro en mi libro Realismo metafísico: un texto mistérico acerca de la creación literaria: Roma no cayó un día mediante una definitiva acción heroica sino que fue siendo paulatinamente ocupada por hordas de bárbaros hambrientos. Cayó o empezó a caer cuando abandonó o secularizó a sus dioses, cuando se plantó no como la espada del mundo sino como el lupanar del mundo, cuando su juventud se afeminó y relajó sus costumbres para moverse a sus anchas en el vicio y la molicie, cuando dejó de integrar las legendarias legiones que imponían orden en el caos de su tiempo, y puesto que el espíritu no tolera el vacío, estas legiones empezaron entonces a ser integradas por los bárbaros que arribaban, valor mediante, hasta sus más altas instancias de mando; gente que por norma no amaba a Roma sino que a lo máximo la asumía como una gran teta alimentaria. Por cierto, las hordas de bárbaros hambrientas que acampaban a las afueras y en las calles de la ciudad, ya sin ser molestadas, venían a por la comida porque en Roma la había y en abundancia.

Luego los romanos de ese tiempo tenían hartura material y miseria espiritual, por eso sucumbieron, en tanto los bárbaros tenían miseria material y hartura espiritual; esa fortaleza espiritual los llevó así a regir sobre Roma y adueñarse del Imperio y sus inconmensurables riquezas materiales.

De modo que Trump pudiera ser sólo un motivador –faro- para que advenga otro jugador más osado –fálico- y de la bendita patada a la pútrida mesa.