El tiempo bisagra /Armando de Armas

En estos días de encierro en casa por lo de la cuarentena y el coronavirus volví a leer  Los naipes en el espejo de Armando de Armas.

Aquí les comparto  el enlace al sitio donde lo pueden comprar y las respuestas que me dio cuando lo llamé para hacerle algunas preguntas sobre  el Deep State,  las teorías de la conspiración, el nuevo orden mundial y  Trump”, temas de los que en estos días la gente habla y escribe.

Me dijo “en mi libro está lo que yo pienso de esos temas  y sobre Donald Trump que no es un tema es… El Fenómeno Donald Trump

El tiempo bisagra

Para finalizar, no podemos dejar de hacer algunas consideraciones acerca de Trump y el entorno epocal que lo desova. Es incuestionable, al atento observador, que grandes sectores de la sociedad estadounidense, más allá del partidismo y las ideologías y sobre todo entre la gente que suda su sustento, se sienten desesperados por las desatinadas resoluciones políticas de la administración Obama y, en consecuencia, no ven ya salida mediante las maquinarias y las metodologías políticas tradicionales.

Así, los movimientos sísmicos que sentimos en la superficie de la sociedad estadounidense que Trump encarna no serían otra cosa que manifestaciones de feroces fracturas y radicales reajustes telúricos en lo más profundo, en el abismo del subsuelo social, allí donde surgen, aguardan y moran los monstruos de la noche mítica; anterior a toda historia.

Esas formaciones físicas, expresiones del plano espiritual, del inconsciente social para usar un término racionalista, no creen ya en los partidos al uso.

Están a la búsqueda de un líder diferente, un mesías si cabe, que pudiera ser lo mismo un iluminado que un demagogo, alguien que diga, sinceramente o no, pero que lo diga, lo que ellos sienten y no saben o no pueden decir.

Este es un periodo histórico excepcional, un tiempo crucial, un tiempo de elegidos, como tantas otras veces en el pasado de la humanidad, pero esos tiempos tremendos, que escapan a todo deber ser, a toda racionalidad, moralidad, humanismo, conceptualizaciones de bien y mal, nociones de grandeza o bajeza, conveniencia o pragmatismo, paren lo mismo un César que un Calígula, un Cristo que un Mahoma; un santo que un satán.

Nada sabemos de por qué uno o el otro, de los míticos mecanismos que los determinan, después vendrán las explicaciones y teorizaciones más o menos descabelladas, más o menos acertadas, pero siempre sobre los hechos consumados, sobre las consecuencias, no sobre las causas, sobre lo físico y superficial, no sobre lo hondo y espiritual; al final, una esquematización montada sobre las apreciaciones y prejuicios, las puerilidades y perversiones, los devaneos y desencuentros, las furias y las frustraciones, las idealizaciones e idioteces de los escribas, historiadores, académicos y estudiosos posteriores.

Nos avocamos a un cambio de época, de paradigma en todos los órdenes humanos, lo que era ya no será, lo que hasta ayer dábamos por cierto ahora nos parecerá dudoso, o falso de toda falsedad, lo que dábamos por bueno e inteligente nos parecerá malo e ignorante, lo conveniente, inconveniente, eso se verá no sólo en la política, el pensamiento, la sociedad y las costumbres sino también, si sobreviven, en las expresiones del arte y la literatura; habrá un regreso a las raíces, todo lo que dilata contrae, lo que va viene, lo que baja sube, lo que muere vive, así, por los ciclos de los ciclos, amen.

Para ser modernos, como ya apuntamos según Kundera, no tendremos otra opción que ser antimodernos. Con el arte y la literatura ocurrirá que de lo pueril, intimista, enrevesado, banal, anatómico, a veces anal, de los últimos tiempos, regresarán a sus fuentes primordiales en que fueron manifestaciones del espíritu, sacras en sí mismas, determinantes sobre el mundo fenoménico; habrá una vuelta a las imágenes pictóricas como herramientas de la magia operacional o a sus sublimaciones de escenas religiosas, primero, o de las grandes batallas, paisajes y personalidades históricas después; a las metáforas de los poemas fundacionales y las narraciones mitológicas primero, y a los poemas épicos y las narraciones epopéyicas después, no literalmente quizá, que tampoco hay que exagerar, pero habrá sin dudas una vuelta a la poética y la novelística del pasado, a las formas tradicionales que se corresponden con los auténticos contenidos de un mandato sagrado detrás de las obras, de los autores que harán esas obras, un mandato del inconsciente, diríamos, para explicar más o menos racionalmente algo que no es racional, pero que permite un mejor entendimiento de lo que decimos.

Todo ello acontecerá, o el arte y la literatura, el pensamiento y la política, la sociedad y las estructuras de gobierno, desparecerán, al menos tal cual han sido en Occidente hasta ahora y por muchos siglos.

Ya estamos nuevamente en los nacionalismos, ya la gente no se declara ciudadana del mundo en la vulgarización globalista y postmoderna de la famosa frase de Sócrates: “Yo soy un ciudadano no de Atenas o Grecia, sino del mundo”.

Más bien se dice o se considera ciudadana no de un país sino de una región, no de una región sino de una ciudad, como se consideraban los hombres de hace muchos siglos en los tiempos de Sócrates, que era un moderno y pronuncia la célebre frase en el contexto de la antimodernidad de la gente común de su tiempo, al considerarse ciudadana de una ciudad. Algo que quedaba reducido al sabio.

Bueno, el sabio griego, considerado uno de los más grandes tanto de la filosofía occidental como de la universal, entronca ahora con los modernos de nuestro tiempo, que van dejando de serlo ante los insospechados giros de la realidad, terca y contrarrevolucionaria, que hace a las personas del siglo XXI declararse ciudadanas de París, Madrid, Miami, Milan, Nueva York, Buenos Aires o Berlín.

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Los naipes

 

3 comentarios en “El tiempo bisagra /Armando de Armas

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