Hoy hice una cola para comprar pollo, o al menos yo creía que era una cola. Cuando abrieron la puerta de la tienda, todo se volvió una odisea, comenzaron los empujones, los gritos, las discusiones y hasta las risas. Mientras todo esto pasaba, sentía como los cristales de la vidriera se estremecían a punto de estallarse. No podía siquiera salir de la cola, era imposible. Los hombres les bloqueaban el paso a las mujeres para pasar ellos. No había un solo policía cuidando la cola ¡qué raro! últimamente es donde más los veo. Cuando me entraron, porque yo no podía entrar por mis medios, escuché un revuelo entre los dependientes y directivos de la tienda que gritaban a las personas que sacaban fotos y vídeos con sus celulares que no podían hacerlo. Los cubanos estamos viviendo una agonía, que se agudiza por días. 

Para completar, miren en la imagen donde nació, creció y se procesó el POLLO.

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