Disidentes y la lucha noviolenta contra el déspota

La policía política reprime, acosa, detiene, humilla, viola los derechos ciudadanos de la manera más descarada y la ciudadanía apenas se entera porque el monopolio de la información es absoluto. El gobierno, único dueño de la telefonía del transporte y de cada ministerio del país, corta las líneas de teléfonos cuando le conviene, no deja subir a un ómnibus o tren a un disidente sin darle un explicación, lo encierra en un cuartel y lo tiene por el tiempo que considere pertinente, sin darle cuenta a ningún familiar, para luego liberarlo sin ofrecerle una explicación o una disculpa. En la mayoría de los casos el recién liberado apenas puede caminar porque en señal de protesta por la arbitrariedad se pasó los días de arresto sin comer. Llegan a la casa golpeados, magullados y a veces ni los vecinos saben que ese hombre o mujer estuvo bajo la bota criminal por exigir en las calles del país el derecho a la libre expresión. Otros opositores son víctimas de actos de repudio por coterráneos que instigados por militares vestidos de ropa civil les insultan.
Disidentes cubanos iniciaron el viernes 20 de abril una protesta pública en el municipio de Baracoa, provincia Guantánamo, para exigir frente a las instalaciones del MININT que liberaran a opositores detenidos en las últimas semanas y el cese de la represión contra civilistas en la isla. El grupo de activistas cubanos integrado por Rolando Rodríguez Lobaina, Emilio Almaguer de la Cruz, Francisco Luis Manzanet, Roberto González Pelegrín, Rodolfo Barthelemí, René Rodríguez Vera, Jorge Luis Feria Jardines, Isael Poveda Silva y Henri Jericó tuvieron apenas varios minutos para decir en alta y en plena calles sus demandas porque las huestes del General Presidente les cayeron encima. Todos resultaron golpeados, esposados y metidos violentamente en las celdas policiales del poblado. Los ciudadanos que pasaban por el lugar o que esperaban allí para trámites personales poco pudieron saber de la naturaleza de aquella acción irreverente porque las “fuerzas del orden”, entrenadas para evitar que en las calles haya voces discordantes, cumplieron la tarea de sofocarlos de inmediato.
Más allá de algunos mensajes de texto que Randi Caballero logró pasar desde Baracoa a otros amigos en Santiago de Cuba y Holguín para decir “detenidos en Baracoa”, nadie de la ciudad supo del acto valiente que sin dudas debe haber dejado huellas en el cuerpo de los detenidos y golpeados. La radio local no habla nunca en Cuba de esa protesta, menos la televisión provincial, ni nacional. El hecho trascendió luego que el bloguero cubano Luis Felipe Rojas advirtiera en su cuenta de twitter: una decena disidentes golpeados y detenidos now Baracoa X reclamar Liberen a #JDFerrer llamar a Randy Cabal y desde fuera de Cuba alguien llamara telefónicamente para conocer detalles
Al siguiente día, sábado 21, en Holguín otro grupo de civilistas había acordado realizar igual proclama frente a las instalaciones del MININT de esa ciudad para también pedir el cese de la represión y libertad de detenidos arbitrariamente. Para eso, los convocados debían trasladarse desde Banes, Antilla, San Germán, Moa, Buenaventura y Cacocum hacia la cabecera provincial donde están las dependencias policiales, pero ninguno pudo avanzar como los de Baracoa que jugaron el factor sorpresa en su mismo territorio. Los estaban “esperando en primera” como se dice en términos beisboleros. Desde el viernes las casas de todos ellos habían estado bajo una evidente vigilancia policial de “miembros de brigadas de respuesta rápida” que se prestan en Cuba para avisar a la represiva si el vigilado sale de casa.
El amanecer del sábado dejaba un panorama claro para todos “pedir la libertad de un detenido sería sofocado de inmediato. No se iba a poder transitar unos metros por la calles porque ahí estaban los heraldos del terror que se visten de ropa civil pero actúan como un buen policía político a la hora de encerrar a un hombre inocente. Ya para ese día los teléfonos de todos los holguineros incluido el de Luis Felipe Rojas que avisara antes de la detención en Baracoa y el de Caridad Caballero que vive en la casa donde habían acordado reunirse para salir a la protesta pública, estaban sin servicio. Todos habían quedado incomunicados porque no existía la posibilidad de pasarse un mensaje de texto o hacer una llamada para acordar nuevas acciones.
Los disidentes luchan contra un adversario que lo controla todo y los ha puesto siempre en desventaja total, sin embargo siguen en el ciclo de resistencia cívica no violenta tomando las calles del país aunque los sofoquen. Obligan al régimen a ponerse en evidencia como violador de los derechos civiles. Cada vez que la dictadura ordena cortar una línea telefónica, arrestar a unas mujeres que van a la iglesia a rezar, encerrar sin juicio a un opositor, pone más al descubierto su naturaleza criminal y su carácter despótico.

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Autor: Idolidia Darias

Periodista cubana radicada en Miami desde 2004. Estudió Lengua y Literatura en el Instituto Superior Pedagógico Félix Varela en Santa Clara, Villa Clara, Cuba. Autora del libro “Escambray, la historia que el totalitarismo trató de sepultar” y coautora de “Cuba: desplazados y pueblos cautivos”. Es autora del blog

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