Redacción / Florida / USA
.@JasonPoblete: ¿Quién habla por los presos olvidados y qué está haciendo la diplomacia para conseguir su libertad? Hay ciudadanos estadounidenses y otras personas vinculadas a Estados Unidos que permanecen detenidos en Cuba en circunstancias que han sido denunciadas como injustas. Poblete recuerda el caso de una persona que lleva casi veinte años encarcelada y plantea una pregunta que interpela directamente a la diplomacia estadounidense: ¿quién habla por quienes permanecen tras las rejas? Reclama que el Departamento de Estado y los representantes diplomáticos de Washington concentren sus esfuerzos en conseguir la liberación de estas personas, especialmente en Cuba, donde las relaciones políticas y diplomáticas plantean desafíos particulares. También señala las restricciones que enfrenta la Iglesia católica en la isla. Sostiene que los sacerdotes viven bajo vigilancia constante y que no siempre pueden expresar libremente desde el púlpito aquello que consideran necesario, incluso en asuntos espirituales. Añade la situación de los disidentes cubanos, quienes, según su denuncia, son vigilados cotidianamente y reciben una atención internacional insuficiente. A juicio de Poblete, Estados Unidos debe emplear todo su capital político para priorizar la liberación de sus ciudadanos detenidos injustamente en Cuba. Considera que esas gestiones podrían contribuir, además, a dar mayor visibilidad a otros casos, incluidos los de los presos políticos cubanos y las personas cuyos derechos fundamentales son vulnerados.
Jason Poblete: Gracias por resaltar los puntos que hemos elaborado, y usted más que yo, sobre este tema. Para que quede bien claro para quienes me han criticado, no es que los presos políticos cubanos valgan menos; todo lo contrario. Es una conversación compleja, y quienes me acusan de tener favoritos no entienden lo que digo.
Se lidera con el ejemplo. Si en algo hemos fallado, es por no alzar la voz lo suficiente ante tantos presos políticos cubanos. Honramos, con razón, la memoria de quienes murieron en la lucha por la libertad. Pero olvidamos que el presidio político cubano es enorme y, a estas alturas, incalculable. Y hay muchos que por acá nunca se les dan el reconocimiento y apoyo que se han ganado, algunos, con su sangre.
No existe una cifra verificable. Desde 1959 no ha habido observadores independientes en las cárceles cubanas, las prisiones de la Seguridad del Estado siguen cerradas y ni siquiera hay acuerdo sobre quién cuenta como preso político, disidente o preso de conciencia. Contar con seguridad en un Estado policial totalitario es imposible. Las cifras de algunas ONGs son valiosas, pero representan un piso, no un total. Si quieren saber la verdad, pregúntenle a quienes la vivieron: el Presidio Político Cubano en el Exilio.
Por eso propongo dos caminos. Primero, un recuento preciso de los ciudadanos estadounidenses y residentes permanentes detenidos en Cuba, distinguiendo entre quienes están detenidos injustamente y quienes lo están por un delito común. Segundo, por separado, negarnos a fingir una precisión inexistente sobre el total de la isla.
Washington debe usar todo su capital político para resolver los casos de los estadounidenses y de los residentes permanentes. No es egoísmo, es credibilidad. ¿Cómo vamos a abogar por los demás si le señalamos a La Habana que nuestros propios ciudadanos no están en nuestro radar político?
Cuando defendemos a los nuestros con firmeza, abrimos la puerta para que se vea a todos los demás: a los presos políticos cubanos, a los sacerdotes que predican bajo vigilancia y a los disidentes que viven vigilados cada día, etc.
