Idolidia Darias / Florida / USA –Elecciones USA 2024-2028-En esta rueda de hamster esperas algo diferente? Empecemos por un dato curioso-La desinformación y propaganda han sido características de la comunicación humana desde desde la Antigüedad hasta la era digital-

La desinformación y la propaganda no son fenómenos exclusivos de la era digital. Sus raíces se remontan a las primeras civilizaciones y, al menos desde la época romana, existen numerosos ejemplos de cómo la manipulación de la información ha sido utilizada como instrumento de poder político, militar e ideológico.
En una breve guía sobre la historia de las noticias falsas y la desinformación, las autoras Julie Posetti y Alice Matthews examinan la evolución de estas prácticas desde el Antiguo Egipto hasta la era de las redes sociales. Su análisis permite comprender que, aunque las tecnologías han cambiado radicalmente los mecanismos de difusión, la intención de manipular percepciones, condicionar conductas y moldear la opinión pública permanece vigente. La diferencia fundamental es que las herramientas digitales han multiplicado la velocidad, el alcance y la capacidad de viralización de los contenidos engañosos.

PDF–https://www.icfj.org/sites/default/files/2019-06/HistoryPropaganda_Espanol2_final_5.pdf
Aunque ese recorrido histórico no aborda en profundidad las controversias relacionadas con los procesos electorales estadounidenses ni las denuncias de fraude o de supuesto robo de elecciones, ofrece elementos valiosos para analizar un fenómeno más amplio: el papel de la información —y de su manipulación— en la construcción de las narrativas políticas y en la disputa por el poder.
La historia demuestra que los gobernantes, los ejércitos y los grupos de influencia han recurrido reiteradamente al control de los relatos para justificar guerras, movilizar a sus partidarios, desacreditar a sus adversarios y desviar la atención pública de acontecimientos inconvenientes. La información no solo ha servido para comunicar hechos; también ha sido utilizada para seleccionar qué contar, qué ocultar, qué distorsionar y hacia dónde dirigir la mirada de la sociedad.
Por eso, estudiar la desinformación desde una perspectiva histórica resulta indispensable para examinar las narrativas contemporáneas, incluidas las que rodean las elecciones en Estados Unidos. No se trata de dar por ciertas las acusaciones que circulan en el debate político, sino de someterlas a verificación, distinguir los hechos documentados de las interpretaciones y reconocer que la manipulación informativa puede operar desde distintos sectores y con objetivos diferentes.
Quien controla la narrativa puede influir en la interpretación del presente y en la memoria que se construye sobre el pasado. De ahí la importancia de investigar no solo la falsedad de determinados contenidos, sino también quién los produce, qué intereses los impulsan, qué canales los amplifican y qué consecuencias generan.
Desde las inscripciones monumentales de la Antigüedad hasta las campañas coordinadas en las plataformas digitales, la disputa por la información ha sido también una disputa por el poder. Comprender esa continuidad histórica permite mirar con mayor rigor el presente y evitar que la propaganda sustituya a la evidencia, independientemente de quién la promueva.
