Idolidia Darias / Florida / USA /
El Rodeo I: un circuito de tortura bajo custodia del Estado venezolano
El tanque subterráneo conocido como la “máquina del tiempo”, el aislamiento prolongado en el llamado “cuarto piso”, las descargas eléctricas, las golpizas, la asfixia y la alimentación forzada mediante sondas forman parte del repertorio de abusos documentado en la cárcel venezolana de El Rodeo I.
Un informe de septiembre de 2026 de la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos sobre Venezuela, presentado ante el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, describe un patrón de prácticas que, según la investigación, podría constituir tortura y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes.
La Misión investigó 64 casos de tortura posteriores al 3 de enero de 2026 y señaló que existen motivos razonables para creer que agentes estatales infligieron deliberadamente dolores o sufrimientos graves a personas privadas de libertad. El estándar utilizado por la investigación no equivale a una sentencia judicial, pero sí representa una conclusión formal de un mecanismo internacional de derechos humanos.
El caso de El Rodeo I, prisión ubicada en el estado Miranda y utilizada para recluir a opositores y otros detenidos, aparece así como uno de los principales focos de preocupación. Human Rights Watch también ha documentado torturas y condiciones inhumanas en el penal y ha planteado que su cierre sería una señal de ruptura con las prácticas abusivas denunciadas.
El “cuarto piso”: aislamiento, golpes y suspensión
Los testimonios recopilados por la Misión describen el denominado “cuarto piso” como un espacio utilizado para castigos y aislamiento.
El ciudadano franco-chileno Camilo Castro, detenido en la frontera en junio de 2025, relató que era trasladado allí cuando protestaba por las condiciones de reclusión. Según su testimonio, debía permanecer inmóvil bajo amenaza de golpes. Durante su permanencia sufrió un neumotórax y graves dificultades respiratorias y, pese a que los custodios conocían su estado, habría permanecido alrededor de dos semanas sin recibir atención médica.
Otro detenido, el ciudadano alemán Oleg Ziesmann, pidió en octubre de 2025 que le tradujeran un discurso del ministro del Interior que los presos eran obligados a escuchar. La respuesta, según su relato, fue el uso de gas, esposas y traslado desnudo al cuarto de castigo del cuarto piso. Allí habría permanecido cuatro días sin cama ni abrigo, expuesto a temperaturas extremadamente bajas.
La Misión también registró casos de personas mantenidas en ese sector durante períodos que iban desde aproximadamente una semana hasta 62 días, en condiciones de incomunicación, desnudez forzada, ausencia de higiene básica, golpes y suspensión por las muñecas.
Cadenas, electricidad y teléfonos
En el caso denominado “Azul Celeste”, relacionado con detenciones ocurridas en enero de 2026, los testimonios recogidos por la Misión describen métodos particularmente severos.
Los detenidos trasladados posteriormente a El Rodeo I relataron haber sido suspendidos mediante cadenas, con los brazos elevados, durante períodos cercanos a tres días. También describieron una cadena pesada colocada alrededor del cuello, descargas eléctricas en el abdomen y la zona lumbar y golpes reiterados mientras permanecían encapuchados.
En uno de los testimonios, una persona afirmó haber permanecido suspendida durante al menos 24 horas como mecanismo de presión para obligarla a desbloquear su teléfono.
El elemento común que emerge de estos relatos es el empleo del castigo físico y psicológico no únicamente para obtener información, sino también para disciplinar, intimidar y sancionar protestas, huelgas de hambre o denuncias de abusos.
La “máquina del tiempo”: oscuridad, desnudez y confinamiento
Uno de los episodios más inquietantes documentados por la investigación es el de la llamada “máquina del tiempo”.
Se trata, según la Misión, de un antiguo tanque subterráneo de agua cerrado con una tapa y provisto únicamente de una pequeña abertura. Allí habrían sido recluidos grupos de alrededor de 15 personas, desnudas, en completa oscuridad y sin instalaciones sanitarias.
Los detenidos recibían comida y agua una sola vez al día. El confinamiento podía prolongarse durante varios días y, en algunos casos, llegar hasta tres meses.
La Misión considera que, cuando estas condiciones eran impuestas deliberadamente como castigo, alcanzaban el umbral de la tortura.
No se trata únicamente de una denuncia sobre hacinamiento o precariedad penitenciaria. La diferencia está en la utilización deliberada de esas condiciones como mecanismo de castigo y sometimiento.
Cuando el cuerpo se convierte en instrumento de castigo
La investigación también documentó procedimientos invasivos utilizados contra presos que realizaban huelgas de hambre.
Al menos dos huelgas de hambre en El Rodeo I estuvieron acompañadas, según la Misión, por alimentación forzada mediante intubación nasogástrica o gástrica, en algunos casos bajo inmovilización o amenazas.
La documentación incluye además denuncias de cateterismo urinario forzado, asfixia mediante bolsas plásticas, encapuchamiento y privación prolongada del sueño.
El problema, según el enfoque de la investigación internacional, no reside únicamente en la naturaleza del procedimiento médico, sino en las circunstancias en las que habría sido aplicado: sin consentimiento y como mecanismo de coerción o castigo, en lugar de responder a una justificación médica legítima.
Una muerte bajo custodia
La investigación también recoge el caso de Víctor Hugo Quero Navas, quien murió el 24 de julio de 2025 después de ser trasladado desde El Rodeo I al Hospital Militar Carlos Arvelo.
La documentación señala que presentaba una hemorragia digestiva superior y síndrome febril. La causa oficial de muerte fue insuficiencia respiratoria aguda secundaria a tromboembolismo pulmonar.
Sin embargo, el caso quedó rodeado por otra denuncia: sus familiares habían intentado localizarlo reiteradamente mientras, según el relato recogido, las autoridades negaban información sobre su paradero.
La desaparición temporal de información sobre un detenido, especialmente cuando coincide con un deterioro grave de su estado de salud, añade otra dimensión a las denuncias sobre las condiciones de custodia y el acceso de las familias a información básica.
La ONU pide el cese de estas prácticas
El patrón que emerge del informe no se limita, por tanto, a incidentes aislados. La Misión vincula los casos investigados con prácticas destinadas a castigar protestas, huelgas de hambre y denuncias de abusos, y atribuye los actos documentados a agentes estatales bajo el estándar de motivos razonables para creer.
Entre sus recomendaciones figura el cese inmediato de estas prácticas, con especial prioridad para El Rodeo I, así como la prohibición del aislamiento prolongado y de procedimientos invasivos realizados sin consentimiento o sin una justificación médica adecuada.
El señalamiento adquiere mayor relevancia porque no procede exclusivamente de organizaciones no gubernamentales. Human Rights Watch también ha informado sobre torturas y condiciones inhumanas en Rodeo I y ha pedido el cierre del establecimiento, además de reclamar acceso sin restricciones para organismos internacionales como el CICR y la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos.
El Rodeo I aparece así, en la documentación internacional, no simplemente como una cárcel con malas condiciones, sino como un lugar donde determinadas formas de aislamiento, violencia física, coerción médica y confinamiento extremo habrían sido utilizadas deliberadamente como instrumentos de castigo y control.