Ciudades cárceles, gulag o pueblos cautivos. Un mismo patrón -control y sometimiento-

El concepto de “ciudades cárceles” ha sido utilizado para describir sistemas de control autoritario aplicados en países como China, Corea del Norte, Cuba, Venezuela y Nicaragua, donde predominan la vigilancia extrema, las restricciones de movimiento y el control estatal sobre la vida cotidiana de la población. Sin embargo, en el caso cubano, muchos consideran que el término adquiere un significado aún más profundo al hablar de los llamados “pueblos cautivos”, creados durante los primeros años del régimen revolucionario.

La idea de someter comunidades enteras mediante vigilancia y desplazamientos forzosos no es nueva. Modelos similares existieron en la extinta Unión Soviética, tanto en el sistema de campos de trabajos forzados del GULAG como en las denominadas ciudades cerradas o ZATO, reservadas para actividades militares y estratégicas bajo estricta supervisión estatal.

En Cuba, el antecedente más controvertido ocurrió en la región del Escambray, donde desde 1959 comenzaron los desalojos de campesinos acusados de colaborar con la insurgencia anticastrista. Las operaciones se intensificaron en la década de 1960, cuando cientos de familias fueron trasladadas por la fuerza hacia asentamientos alejados de sus tierras originales, conocidos posteriormente como “pueblos cautivos”.

De acuerdo con diversos testimonios y trabajos históricos, estos asentamientos funcionaron como mecanismos de aislamiento y control político. Los desplazados fueron enviados a zonas de Pinar del Río, Camagüey y otras provincias, donde permanecieron bajo vigilancia y sin posibilidad de regresar a sus hogares. Muchos cubanos nacieron y crecieron en esos poblados, marcados por el desarraigo y la separación familiar.

Investigaciones y testimonios recogidos durante años sostienen que la política buscaba cortar el apoyo campesino a la guerrilla del Escambray, escenario principal de la resistencia armada contra el gobierno cubano entre 1959 y 1965.

El concepto contemporáneo de “ciudad cárcel” describe precisamente esa fusión entre espacio urbano y sistema penitenciario: territorios donde el Estado ejerce control absoluto mediante militarización, vigilancia permanente y limitaciones a las libertades civiles. En el caso cubano, los “pueblos cautivos” son vistos por numerosos analistas y sobrevivientes como uno de los episodios más oscuros y menos conocidos de esa política de control social.

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