Lo peor no es que prohíban a medios de comunicación rusos

La Unión Europea anunció la prohibición de la distribución de cuatro medios de comunicación rusos: Voice of Europe, la agencia de noticias RIA Novosti e Izvestia y Rossiyskaya Gazeta. La información salió en consilium.europa.eu y conocidos medios informativos se han encargado de replicarla en sus sitios web.

El argumento del consejo para limitar la libertad de todos los que, por la razón que sean, quieran acceder a esos medios informativos es que «están bajo el control permanente, directo o indirecto, de los dirigentes de la Federación de Rusia y han sido esenciales y decisivos para impulsar y apoyar la guerra de agresión contra Ucrania y para la desestabilización de sus países vecinos«.

Ante la nueva medida debemos agregarle que ya Rusia Today pasó por ese trance hace más de un año y en varias regiones de este plano solo se puede acceder a través de aplicaciones que permiten conectarse sin permiso de los grandes censores.

Semanas atrás mientras escuchaba un podcast publicado en un canal español donde se discutían las leyes y acciones (en proceso unas y ya efectivas otras) relacionadas con los límites de la libertad de expresión y las regulaciones a los youtuber e instagramers accedí a comentar como periodista.

Mi comentario más allá de lo que como periodista debo denunciar, de hecho lo hago siempre, se encaminó a comentar sobre la violencia que ejercen contra el ciudadano cuando nos limitan el derecho que tenemos a ver, leer o escuchar a cualquier canal, emisora o página web.

De nada vale que los periodistas, los creadores de contenidos, los reporteros ciudadanos, los seres libres expongan en sus perfiles sociales la verdad y denuncien la forma bestial en que aplican la censuran, la cancelación, y la mordaza si los consumidores de sus producciones y contenidos no nos rebelamos.

Lo peor no es que vayan por los rusos.

Mientras, los medios corporativos, los medios prepagos, las agencias hegemónicas y los serviles se encargan de poner la noticias en todas partes desde la óptica del censurador.

Esos medios que ahora obedecen y van por la libertad de expresión mía y tuya están bajo el control permanente, directo o indirecto, de los dirigentes de la las corporaciones.

A ninguno de ellos se la ha ocurrido pensar que cuando ya no respondan a los intereses de los amos del mundo les tocará a ellos pasar por la guillotina.

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