La realidad, la extravagancia y la marca del desastre

Angel Callejas: Existen múltiples facetas de la «realidad» que a menudo son malinterpretadas. No me refiero aquí al realismo literario, esa práctica de reflejar la realidad en la narrativa. Mi enfoque se centra en el «adorno», esa práctica de embellecer la realidad para convertirla en algo efímero y falaz.

Es importante reconocer que la realidad es tal como es, y no como deseamos que sea. En este contexto, los sofistas posmodernos se dedican a desvirtuar la esencia de lo «real» en la «realidad». Se autoproclaman gurús y ofrecen discursos seductores, repletos de optimismo superficial.

Se ensalza la imaginación desbordante, el amor, la paz, la amistad, la desacralización del ego, la humildad, y un Dios amable y cercano, entre otros. Sin embargo, esta no es la realidad predominante. Por desgracia, la realidad se caracteriza por su extravagancia y está marcada por el desastre. Criticamos al idealismo, pero aún así llevamos impregnado el ritmo del idealista, del soñador de un mundo mejor.

Anhelamos que la realidad se adapte a nuestros pensamientos. Fue así como a finales del siglo XIX y principios del XX surgió el meme de la psicología de masas: empezamos a concebir cómo deberían ser las cosas, en lugar de aceptarlas como son.

Algún día, quizás, alguien se atreva a reescribir la «Crítica de la imaginación pura». Ya tenemos la crítica de la razón pura y la crítica del cinismo; ahora falta abordar la ‘crítica de la imaginación pura’.

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