(OPINION) En Cuba todos ocultan algo porque lo aprendieron del gobierno

IDOLIDIA DARIAS: La pasada semana leí que en Cuba el gobierno ocultaba las cifras de personas infectadas con el COVID, algo que no me extrañó en absoluto puesto que así operan los regímenes comunistas, pero no solo en el sector de la salud.

Pudiera citar miles de casos que presencié durante los años que trabajé en Educación cuando los profesores no podían tener bajos resultados en la promoción de sus alumnos al siguiente nivel.

Ningún maestro o profesor se buscaba problemas de ahí que los estudiantes llegaban al pre universitario con serios  problemas de ortografía, de expresión oral  y una pobre capacidad para el razonamiento.

Otra de las características del comunismo es ocultar o poner bajo control de la seguridad del estado informaciones que no les conviene que se divulguen o se puedan presentar como evidencia ante organismos internacionales.

Sobre determinados temas también impone un secretismo total de ahí que hasta en las bibliotecas y archivos que pertenecen al ministerio de cultura llega el brazo de la seguridad del estado.

El personal que trabaja en esos lugares está obligado a reportar si en determinado momento algún ciudadano pide acceder a  ciertos materiales que no están expuestos en las aéreas de acceso libre de las salas de lectura.

En una ocasión intenté consultar el libro “Bandidismo en el Escambray” que incluso había sido publicado por una editorial comunista de la isla y del que apenas quedaban muy pocos ejemplares y en lugar de obtener acceso lo que gané fue una vigilancia total del Ministerio del Interior sobre mi persona.

No faltó el mensaje (discreto y a través de terceras personas) de un coronel del MININT diciendo que si yo quería entrevistar a alguien de la lucha en Escambray que lo podía hacer con él que estaba dispuesto para cuando lo deseara y que me podía “conseguir” permiso para entrar al Archivo provincial a consultar ese libro.

De inicio creí que no valía la pena responderle pero luego le dije a la persona mensajera que ya la versión de los represores como él la había escuchado hasta el cansancio y quería leer los testimonios que las víctimas le habían dado al periodista que publicó ese libro.

En realidad el libro, a pesar de haber sido publicado por una editorial del gobierno, resultaba de gran valor.

El escritor recogió decenas de testimonios de “alzados” y de campesinos que fueron a prisión por vivir en las zonas del Escambray donde hubo focos insurgentes contra el comunismo y resultaron apresados, enjuiciados y llevados a prisión.

Hasta donde pude comprobar no omitió ni alteró las entrevistas según me dijo un hombre que conservaba uno de esos libros como un tesoro muy preciado y me lo prestó.

Me dijo que uno de sus hermanos fue un patriota que murió en un combate con a las milicias comandadas por el Caballo de Mayaguara.

Pedro Guillén  compró el libro cuando salió a la venta en 1975.

En él  se narraba la forma en que masacraron a su hermano y a la guerrilla que comandaba en Sabanas del Moro, Manicaragua. También pude acceder a otros testimonios de campesinos del Escambray que fueron sentenciados a largas condenas. Unos por unirse a los insurgentes y luchar contra el comunismo. Otros por ayudar a los alzados.

En Cuba todo el mundo esconde algo porque lo aprendió del propio gobierno.

Los maestros, los médicos, los ingenieros, los artistas, los carretoneros, los vendedores de limón, en fin, todos.

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