Mis diciembres en Dictadura

De los primeros diciembres de mi vida no tengo memoria. No recuerdo los arbolitos de las celebraciones anteriores a 1959 que  estuvieron poniendo en sus casas  algunas personas por mucho tiempo para no perder la costumbre de celebrar la Navidad que canceló el Dictador. 

Tampoco recuerdo las reacciones de la gente cuando anunciaron la cancelación de la Navidad y la imposición de movilizaciones a los cortes de caña. Eso me lo contaron después.

Julkrubba

La verdad es que de niña no supe de adornos, ni de pesebres con el niño Jesús, tampoco escuché villancicos y me atrevo a jurar que una gran parte de  las personas que nacimos después de enero de 1959 crecimos sin sentir la ilusión del nacimiento de Cristo, la alegría de  reunirse en familia para cenar y  de dar gracias a Dios.

Los diciembres que alcanzo a recordar fueron de himnos, consignas revolucionarias  y celebraciones patriótica por todas partes. En ese mes sólo se hablaba de la fiesta el 31 porque era el momento de esperar un aniversario más del triunfo de la Revolución.

Como vivía cerca de Santa Clara las celebraciones de todos los diciembres de mi vida se relacionaron con la llegada a esa ciudad de un grupo de hombres vestidos de verdeolivo, comandados por Che Guevara. Nos decían que esa tropa descarriló un tren blindado en la ciudad, tiroteó lugares emblemáticos como un hotel en el Parque Central y que  tumbó el puente de la carretera central en Falcón para impedir el transporte de armas y provisiones hacia el Este de la isla.

Aseguraban que el plan de los rebeldes era limpiarle el camino a otro grupo que venía desde Oriente y que buscaba llegar a la capital del país para instalarse en el poder.

Mis diciembres fueron de escuchar discursos patrioteros y relatos acerca de asaltos a cuarteles, tiroteos y fusilamientos. De recordar la violencia, sangre, dolor y lágrimas que llegó a mi país el mismo año que nací.

En otras provincias también las fiestas de esa etapa recordaban las acciones de los grupos que pasaron por allí y lucharon por sacar a Batista del poder. 

Siempre los mismos nombres, las mismas alabanzas las mismas canciones de la nueva trova en mi vida.

Llegó un momento en que me aprendí de memoria  los libretos de aquellas celebraciones y muchos años después, cuando se lo comenté a una amiga,  me dijo que la mente de los niños es como un almacén, que entre más temprano comiencen a llenarla de información, experiencias y sensaciones mejor preparada queda para razonar y más desarrollada se vuelve en la medida que va avanzando en el conocimiento del mundo, de la historia y de su entorno.

Sentí tristeza al escucharla porque me di cuenta que por culpa de la Dictadura me convertí en una mujer sin emociones por la Navidad y con un caudal de información tergiversada acerca de  la historia naciona y universal.

Por eso cuando llega diciembre la nostalgia se aleja de mi vida.

toma simbólica de santa clara

 

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