Para recordar a Martí hablaron de sus enfermedades

Arroyo monkey  geometria mariposaLas enfermedades que padeció José Martí y el intento de envenenarlo figuraron entre los temas tratados durante conferencias de recordación en la isla.

Hoy se conmemora la muerte en combate hace 121 años de José Martí, el Apóstol de la Independencia de Cuba, en un enfrentamiento con una columna española en Dos Ríos, en el oriente de la isla.

Entre las  muestras de recordación por parte de las instituciones oficialistas figuraron conferencias en Bayamo y Jiguaní acerca del libro Enfermedades de José Martí, de Ricardo Hodelín Tablada, neurocirujano, doctor en Ciencias Médicas, profesor e investigador titular que ganó el Premio de la Academia de Ciencias de Cuba en el 2012.

El especialista que basó la investigación en la revisión de las biografías, fuentes documentales y literatura confidencial: diarios, memorias y epistolario, asegura que Martí padeció desde pequeño una sarcoidosis,enfermedad glándulomatosa capaz de afectar varios órganos y sentidos, en este caso la vista, los pulmones, el sistema nervioso y otros.

El especialista precisó que el Apóstol padeció varios males y fue intervenido quirúrgicamente cuatro veces, la última para extraerle un testículo, pero nunca perdió el optimismo, todo lo cual genera mayor admiración y respeto hacia el Apóstol.

Comentó además que “la entereza del Maestro frente a los padecimientos físicos y morales, y su perdón a quienes lo envenenaron muestran la  extraordinaria y superior espiritualidad del fundador del Partido Revolucionario Cubano, comentó.

“El 16 de diciembre de 1892 ocurrió uno de esos episodios no muy conocidos que pueden cambiar el curso de la Historia: un par de asesinos que se hacían pasar por amigos, envenenaron la copa de vino de Martí. Pero al primer sorbo éste se dio cuenta que sabía raro y tras un lavado de estómago, logró salir con vida del atentado. A partir de ese momento Paulina le rogó y convenció a Martí para que cada vez que viniera a Tampa se alojara en su humilde casa, de manera que estuviera a salvo de cualquier nuevo intento de quitarle la vida. Ella y Ruperto se convirtieron en sus guardianes”.

Tomado de La casa de los Pedroso  (Blog Las cosas que me gustaría saber).

Sobre el tema del envenenamiento a Martí destacó un artículo publicado por el diario oficialista Juventud Rebelde en  2007:

El hecho ocurrió el 16 de diciembre de 1892, de regreso a Tampa con José Dolores Poyo y otros cubanos, mientras era perseguido secretamente por espías norteamericanos y españoles, cuando chequeaba el trabajo de los clubes patrióticos.

Ambos sujetos aprovecharon dos circunstancias propicias: que Martí los tomó como ayudantes personales por la insistencia de ellos y que, dado su agotamiento, el Maestro, tomaba vino de Mariani, un reconstituyente de la época.

Por la Sarcocele que padecía, no podía soportar olores demasiado fuertes, de ahí que Martí no tolerara el alcohol.

Estos personajes, vendidos a los agentes del gobierno de España, le insistieron en que tomara el vino de Mariani, ya envenenado. Martí enseguida sintió el raro sabor y avisó al doctor cubano Miguel Barbarrosa. ¡Suerte que había bebido solo un trago! El médico le pidió que vomitara, y de inmediato le practicó un lavado de estómago.

Llegó también la patriota emigrada Paulina Pedroso, en cuya casa radicaba el Apóstol, y se enteró de lo ocurrido. A los dos días regresaron ambos asesinos. Martí supo que fueron ellos y les habló durante dos horas. Salieron llorando. Martí le dijo a aquella cubana que no se extrañara si de pronto los veía incorporarse a la manigua insurrecta.

La primera vez que se escribe esta anécdota, sin muchas explicaciones, es en el libro de Jorge Mañach, Martí el Apóstol, de la Editorial Sopena, Madrid, en 1933, quizás la mejor biografía de nuestro Héroe Nacional.

A todas luces el suceso fue contado por Paulina a Gonzalo de Quesada y Aróstegui, a quien conoció en la Florida y le profesó amistad. Lo divulgó después el último médico cubano de Martí en Estados Unidos, Ramón Luis Miranda. También lo hicieron por su parte, el primo de Paulina, Rodolfo Luis Miranda, así como Gustavo y Luciana Govín.

Posteriormente el Apóstol habló del envenenamiento a Serafín Sánchez, en cartas escritas en 1892 y 1893. En una de ellas aclaró que ya tenía previa información de que esos maleantes iban a atentar contra su vida.

 

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Autor: Idolidia Darias

Periodista cubana radicada en Miami desde 2004. Estudió Lengua y Literatura en el Instituto Superior Pedagógico Félix Varela en Santa Clara, Villa Clara, Cuba. Autora del libro “Escambray, la historia que el totalitarismo trató de sepultar” y coautora de “Cuba: desplazados y pueblos cautivos”. Es autora del blog

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