Ya basta. Acaben de resolverlo. Metan las tropas de asalto o desembarco, cierren todo, salgan a la calle, supendan permisos de la OFAC, obliguen a los congresistas a llevar esto al piso del Confreso de una maldita vez.
EL IRRACIONAL “COMANDO LANCHERO”, LA RETÓRICA CASTRO-CANELISTA Y LA INFLADERA DE MIAMI /
El problema de la nueva historia del “comando terrorista” neutralizado por la tiranía el 25 de febrero en las inmediaciones de Cayo Falcones, Villa Clara, es otra de las tantas fábulas mal contadas que saturan esos dos polos de los cubanos enclavados a cada lado del Estrecho de la Florida.
No niego el hecho de que haya ocurrido un viaje en lancha hasta las costas villaclareñas. No seria el primero ni el último . Lo que es realmente vomitivo es la manera tan burda en que lo cuentan y la reacción no menos estúpida de quien lo consume literalmente.
El desgobierno de La Habana inmediatamente recurre a ese viejo mantra de “comando terrorista” que aniquilaron, dándose el lujo de bajar a cuatro de los diez tripulantes.
Del otro lado del charco es muy probable que los declaren héroes del exilio por su valentía al desafiar a la tiranía en su propia madriguera.
Cualquiera que domine la Teoría de las Probabilidades descubrirá que una acción así solo tiene entre 0,2 y 0,4 chances de ocurrir tal y como nos la cuentan.
Según los registros de Florida y los datos citados por medios especializados, la embarcación con folio FL7726SH es una lancha motora Pro-Line de 24 pies (unos 7 metros), construida en 1981, tipo center console, usada normalmente como lancha deportiva o de pesca costera.
En condiciones normales (2 a 6 pasajeros) puede cubrir los casi 170 kilómetros de ida, pero para el regreso ya se necesitan reservas de combustible que incrementan el peso específico de la embarcación.
Si sumamos que supuestamente llevaban material bélico y 10 pasajeros, la línea de flotación habría estado muy hundida y, por consiguiente, la proa demasiado pegada a la corriente marina del área.
Reportes meteorológicos indican que ese día el oleaje era de alrededor de 1,2 metros debido a los vientos de cuaresma que se mantienen en esta región del Caribe.
Si sumamos todos estos elementos y contratiempos, solo puede concluirse que la historia está muy, pero muy mal contada, porque nadie en su sano juicio se aventura a una acción casi suicida con cero o casi nada de probabilidad de éxito.
La otra punta del triángulo es la narrativa del exilio: se insiste en que la lancha integraba una flotilla privada para evacuar familiares desde Cuba, en un contexto en el que los cubanos, en la práctica, ya no disfrutan del viejo privilegio migratorio automático en Estados Unidos.
En Miami, una parte del ecosistema mediático convierte cualquier gesto de este tipo en materia prima para la infladera: se habla de “misión de rescate”, “patriotas”, “héroes de la libertad”, rellenando con épica lo que, desde la náutica y el derecho migratorio, se parece mucho más a un suicidio logístico.
El timing del incidente no es neutro: ocurre en medio de una escalada de tensión después de que Washington cortara el flujo de petróleo venezolano hacia la isla y endureciera sanciones, mientras La Habana intenta vender hacia adentro la idea de un país sitiado y heroico. El ataque a la lancha se convierte de inmediato en munición política para los castrocanelistas todavía en control.
Mientras, queda allá ese pueblo culpable y culposo que muere como un burro a pellizcos.
Este tipo de propaganda no ayuda. Desvía atención y presión política, entretiene como una película india de Bollywood, desgasta en dimes y diretes de redes y, al final, extiende la supervivencia de esa tiranía.
De este lado ofrece suficiente material de contenido para infla-encers y políticos de carrera o aspirantes a líderes de la oposición.
Ya basta. Acaben de resolverlo. Metan las tropas de asalto o desembarco, cierren todo, salgan a la calle, supendan permisos de la OFAC, obliguen a los congresistas a llevar esto al piso del Confreso de una maldita vez.
No sigan en este juego genocida . Dan asco