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Hoy escribo sobre el genocidio en Cuba, un proceso ligado a la naturaleza criminal del grupo que tomó el poder en 1959. Desde entonces, la isla ha sido escenario de prácticas y experimentos sociales que, con el paso del tiempo, han quedado expuestos bajo miradas cada vez más críticas.
Cualquier búsqueda sobre los llamados “experimentos humanos en Cuba” conduce rápidamente a información oficial que destaca «Cuba cuenta con un sistema regulatorio para ensayos clínicos, que incluye las Normas de Buenas Prácticas Clínicas aprobadas desde 1992 y revisadas posteriormente».
Si te aventuras a indagar sobre los llamados “experimentos humanos en Cuba” el buscador (o la IA) conduce rápidamente a información oficial proveniente del régimen que domina la isla.
Destacan la existencia de Comités de Ética de la Investigación Científica (CEI) y Comités de Ética y Revisión (CER), encargados —al menos en teoría— de evaluar y supervisar los proyectos de investigación en la isla.
También aparecen referencias a que la investigación médica cubana se rige por principios éticos internacionales, como la Declaración de Helsinki, que exige la protección de la vida, la salud, la dignidad y la autonomía de los participantes, además del consentimiento informado. A ello se suma la mención del Registro Público Cubano de Ensayos Clínicos, presentado como un mecanismo para garantizar transparencia y acceso a la información sobre los estudios que se realizan.
Sin embargo, la realidad práctica suele ir más allá de estos marcos internacionales y legales. El funcionamiento efectivo de estas instituciones dentro de un sistema totalitario y altamente centralizado —como el cubano— plantea serias dudas sobre su independencia, su transparencia y el cumplimiento real de esos estándares éticos.
Una búsqueda rápida sobre el tema: cuba prueba vacunas te lleva a datos que cuando analizas proceden del propio regimen criminal que por siempre ha controlado la información y la narrativa.
Las vacunas cubanas se han probado para tratar y prevenir diversas enfermedades, destacando Cimavax para el cáncer de pulmón (terapéutica) y las vacunas Abdala y Soberana contra el COVID-19, usadas en Cuba y otros países. Más recientemente, se está probando a Jusvinza para secuelas de Chikungunya. Cuba también ha investigado vacunas contra el VIH, mostrando un fuerte enfoque en la biotecnología para problemas de salud pública, aunque no todas las vacunas están disponibles globalmente.
Vacunas cubanas para tratar y prevenir:
Cimavax-EGF (Cáncer de pulmón): Es una vacuna terapéutica que no previene, sino que trata el cáncer de pulmón avanzado (no células pequeñas), buscando detener su crecimiento y recurrencia atacando una proteína clave para la reproducción de las células cancerosas.
Abdala y Soberana (COVID-19): Vacunas preventivas para COVID-19, con alta eficacia y seguridad, utilizadas en Cuba y México. Son de subunidad proteica y se han aplicado a adultos y niños.
Jusvinza (Chikungunya): Actualmente en ensayos clínicos en Cuba para tratar la poliartritis residual (secuelas crónicas) de la Chikungunya, demostrando la capacidad de Cuba para abordar enfermedades virales emergentes.
Investigación VIH: Cuba ha desarrollado vacunas terapéuticas para controlar el VIH, con pruebas iniciales en humanos que mostraron disminución de la carga viral.
Consideraciones:
Ensayos en EE.UU. UU.: Instituciones como el Roswell Park Cancer Institute han colaborado en ensayos clínicos para Cimavax, buscando validación y acceso más amplio.
Acceso: Mientras vacunas como Abdala se usaron ampliamente, otras como Cimavax son accesibles en Cuba y bajo políticas de importación personal en EE.UU. UU. para ciertos casos.
Desarrollo: Cuba utiliza su base biotecnológica para crear soluciones innovadoras, como también se vio con la vacuna Pan-Corona contra el COVID-19 en colaboración con China.
EL PANORAMA EN CUBA ES TAN HORRENDO QUE EL PROPIO REGIMEN LO HA TENIDO QUE ADMITIR:
En Cubadebate—María Guadalupe Guzmán Tirado la directora del Centro de Investigación, Diagnóstico y Referencia del IPK, puso en contexto la situación epidemiológica actual de los arbovirus, enfatizando en el chikungunya, una enfermedad que hoy preocupa a la población cubana. La experta inició su explicación definiendo a los arbovirus como virus transmitidos por artrópodos, como mosquitos, garrapatas y otros insectos. El ciclo comienza cuando uno de estos insectos pica a una persona o animal infectado; el virus se replica en su interior y luego puede ser transmitido a un vertebrado, como un ser humano, en cada nueva picadura. La Dra. Guzmán alertó que, en las últimas décadas, una combinación de determinantes sociales y ambientales ha creado las condiciones perfectas para la proliferación de estas enfermedades. Entre los factores clave mencionó:
La convergencia de diversos factores sociales y ambientales ha creado una tormenta perfecta para la proliferación de los arbovirus. La urbanización descontrolada y no planificada, sumada a la alta movilidad poblacional global, facilita la rápida diseminación de estos virus.
Un post que da horror y espanto: Sigue al doctor Figueredo: Alerta médica al pueblo de cuba: lo que te están ofreciendo no es una vacuna — y no te va a proteger del chikungunya

Pueblo, escuchen esto con claridad porque lo que está pasando es grave.
El medicamento que están promocionando como “vacuna” para el chikungunya se llama Jusvinza.
Y aquí está la verdad científica que ellos jamás van a decirte:
🔬 1. JUSVINZA NO ES UNA VACUNA
Una vacuna REAL contiene antígenos del virus o información genética del virus para que tu cuerpo produzca anticuerpos específicos.
👉Jusvinza NO contiene chikungunya.
👉SIN géneros de anticuerpos.
👉NO crea inmunidad.
👉NO previene la infección.
👉NO evita contagio.
Decir que esto es una vacuna es un engaño a nivel clínico y ético.
🧬 2. ¿Qué es Jusvinza realmente?
Es un péptido inmunomodulador, diseñado hace años para tratar la artritis reumatoide y luego usado experimentalmente en la gravedad de COVID-19.
Es decir:
👉 Está hecho para inflamación MODULAR, no para crear inmunidad.
👉 NO sirve para detener un virus.
👉NO se diseñó para chikungunya.
Lo que están haciendo es reciclar un producto viejo y venderlo como “milagro”.
🧪 3. NO EXISTE evidencia científica que lo avale para chikungunya
Sin heno:
❌ Publicaciones internacionales
❌ Resultados revisados por pares
❌ Estudios de fase III
❌ Aval de OMS, OPS, FDA ni EMA
Lo único que existe son titulares de prensa, no ciencia.
⚠️ 4. ¿Qué sí sabemos del chikungunya?
La recuperación puede durar meses.
Los dolores son parte normal del proceso.
Y el tratamiento en todo el mundo es:
- Analgésicos
- Antiinflamatorios
- Hidratación
- Reposo
NO inyecciones experimentales.
🚫 5. EL PELIGRO REAL
Aplicar un inmunomodulador experimental en una persona que sigue inflamada por el virus puede:
- Aumentar el dolor
- Modificar la respuesta inmunológica
- Producir reacciones adversas
- Empeorar el cuadro
Esto NO es medicina preventiva.
Esto es riesgo clínico maquillado de propaganda.
🔥 6. ¿Por qué lo venden como “vacuna”?
Porque un país sin sufrimiento, sin antibióticos, sin mosquitos, sin ambulancias y sin control epidemiológico necesita inventar logros para justificar el fracaso del sistema de salud.
Y nada vende más que la palabra “vacuna”.
Pero la ciencia no se hace con consignas.
Se hace con datos.
Y aquí los datos NO EXISTEN.
🩺 CONCLUSIÓN COMO MÉDICO:
👉Jusvinza NO es vacuna.
👉NO protegido.
👉NO prevenir.
👉NO transmisión corta.
👉 NO tiene evidencia real en chikungunya.
👉 Y aplicarla puede ser más riesgo que beneficio.
El único objetivo de este invento es político, no sanitario.
El pueblo necesita medicamentos reales, no experimentos disfrazados de ciencia.
✋No te dejes engañar. Infórmese. Pregunta. Exige evidencia. Tu salud no es un titular.