Un libro que omite una condena explícita de los 66 años de genocidio, opresión, represión, destierro y prisión bajo el régimen castrista. Muchos de los autores están en USA se codean con otra parte del exilio heroico y avanzan para cancelar las voces patrióticas y verdaderas.
En «Cuba 11J» los autores, desde una óptica predominantemente socialista, analizan el 11J como un estallido contra el sistema cubano, pero omiten un análisis crítico de los 66 años de genocidio, opresión, represión, destierro y prisión bajo el régimen socialista.
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-Introducción
El libro *Cuba 11J (Marx21, 2023) *, coordinado por Alexander Hall Lujardo y publicado el 11 de julio de 2023, reúne las perspectivas de 31 autores sobre las protestas del 11 de julio de 2021 en Cuba. Estas manifestaciones, impulsadas por demandas de cambio, surgieron en un contexto de crisis económica, social y política, agravada por la pandemia de COVID-19 y el bloqueo estadounidense. Los autores, desde una óptica predominantemente socialista, analizan el 11J como un estallido contra el sistema cubano, pero omiten un análisis crítico de los 66 años de genocidio, opresión, represión, destierro y prisión bajo el régimen socialista.
Este resumen examina su visión, sus propuestas para el futuro de Cuba, y la notable ausencia de una condena explícita a las malas prácticas históricas del régimen socialista. Muchos de estos autores están vinculados a plataformas como CubaPróxima, Cuba En Familia, Archipiélago, la Comisión Independiente de Apoyo a los Manifestantes del 15N, CADAL, desde donde realizan un trabajo similar al del libro: manipular eventos orgánicos y espontáneos, como el 11J, en los que no participaron ni pudieron controlar, para reinterpretarlos desde una perspectiva Marxista-Socialista con el objetivo de reemplazar cualquier discurso que intente mancillar el sistema político detrás del malestar general.
Estas plataformas, lideradas o integradas por los autores, intentan controlar la narrativa pública, desalentar otros movimientos, agrupar y contralar actores emergentes, y posicionarse como los arquitectos de eventos pasados, presentes, y futuros.
La idea es retomar el camino de la revolución, reemplazar parte de la clase política existente hoy, hacerse ellos, los que SI SABEN, con la nueva tarea, e impulsar un nuevo proyecto socialista preservando las conquistas de la Revolución, retomando las metas históricas de esta, y manteniendo en primera fila a los mismos responsables de la debacle actual del régimen cubano. Este enfoque refleja un esfuerzo por cooptar el descontento popular y reorientarlo hacia su visión ideológica, para continuar vendiendo un producto que no ha funcionado jamás, pero que es la base del modelo de negocio de esta clase parasitaria que vive y se alimenta de la ignorancia de los pueblos a través de la promoción y falsa implementación de sistemas condenados al fracaso, la utopía socialista.
Desarrollo
Los autores de *Cuba 11J* enmarcan las protestas del 11J como una reacción al colapso económico, la escasez, la inflación y la represión estatal, agravados por la crisis sanitaria y el bloqueo de Estados Unidos. Desde una perspectiva socialista, caracterizan el sistema cubano como un «capitalismo de Estado burocrático» liderado por el Partido Comunista de Cuba (PCC), criticando su autoritarismo y falta de democracia. Samuel Farber y Alex Callinicos señalan la exclusión de los trabajadores del control político y económico, mientras que Jessica Dominguez Delgado y Alina Bárbara López Hernández destacan el papel de jóvenes y marginados en el estallido. Alexander Hall Lujardo y Roberto Zurbano Torres abogan por un socialismo descolonial que aborde el racismo estructural, y Ailynn Torres Santana y Alina Herrera Fuentes aportan enfoques feministas y antirracistas.
Sin embargo, el libro ignora los 66 años de políticas castristas que han resultado en lo que algunos críticos consideran un genocidio físico, cultural, económico y social: encarcelamientos, fusilamientos, desplazamientos, persecución, represión sistemática, encarcelamiento de disidentes, destierro forzado de millones y una economía colapsada gracias al modelo socialista. Los autores no abordan la complicidad histórica de intelectuales cubanos que han impulsado la agenda castrista, promoviendo utopías marxistas y socialistas que han justificado décadas de violaciones de derechos humanos, censura y control estatal. Esta omisión es particularmente notable dado que están plataformas como Archipiélago, la Comisión Independiente del 15N, Cuba en Familia, CADAL y Cuba Próxima, en las que participan muchos de estos autores.
El fin es redireccionar la perspectiva del mundo libre al que también hoy se le esta vendiendo un sistema como el de Cuba, pero más maquillado. Este esfuerzo de la izquierda global junto a los siempre cómplices de la tiranía de Cuba usando a un gran porciento de los también siempre cómplices, los intelectuales y artistas, se está viendo afectado por la interpretación de la realidad que ya no se puede esconder, por el resultado de la formula, por la implementación del Socialismo en todo su esplendor.
De ahí la necesidad de reorientar la interpretación del mundo sobre lo que esta pasando en Cuba y que hoy se puede conocer y vivir a través de las redes, para tratar de salvar el mismo producto de siempre, pero hoy afectado no solo por sus criticas favorables históricas diseminadas vía los medios propagandísticos de los victimarios, sino también por las criticas irrefutables de las victimas que siendo mayoría, han puesto a temblar a la maquinaria mostrando su verdad usando la con la tecnología como herramienta.
Un punto crítico es la vinculación de algunos autores con el régimen. Carlos Alzugaray Treto e Ivette García González, ambos diplomáticos y coroneles activos de la inteligencia cubana que han ocupado roles en embajadas alrededor del mundo y prominentes instituciones de Cuba como el Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI), el Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX) y el Instituto Superior de Inteligencia Adriana Corcho Callejas. Alzugaray, coronel, diplomático activo y doctor en Historia, junto a la también coronel, diplomática, y doctora en Historia, Ivette García, representan una intelectualidad que opera dentro de la estructura de poder del régimen, lo que cuestiona la independencia de sus críticas.
Aunque tímidamente abogan por reformas —Alzugaray por cambios graduales y García por repensar el socialismo—, su silencio sobre las malas prácticas históricas y su participación en instituciones estatales que han sido y son, piezas fundamentales de la maquinaria represiva y asesina, reflejan su complicidad con la tiranía para lavarle la cara al proceso histórico, manejar la producción actual de eventos con sus actores y narrativas, y crear la ilusión de nuevos procesos emancipadores con los mismos opresores al frente hoy disfrazados de redentores.
Los autores proponen un futuro socialista renovado para Cuba, basado en la democracia, la equidad y la participación popular. Julio César Guanche y Harold Bertot Triana piden reformas legales para garantizar derechos de protesta, mientras que Miguel Alejandro Hayes y Dmitri Prieto Samsónov abogan por un socialismo descentralizado y cooperativo. Eduardo Almeida y David Karvala proponen una revolución socialista para desmantelar la burocracia del PCC, y autores como Zuleica Romay Guerra y Ulises Padrón Suárez enfatizan la inclusión racial y de género. Sin embargo, estas visiones no reconocen las consecuencias de 66 años de políticas fallidas, como la centralización económica y la supresión de libertades, ni la manipulación de movimientos espontáneos por parte de plataformas asociadas a los autores. Esta insistencia en un socialismo idealizado, sin un reconocimiento claro de la historia detrás del resultado, así como de la complicidad intelectual con el régimen, perpetúa un discurso que busca una «segunda oportunidad» para el socialismo con los mismos actores responsables de la crisis actual.
Conclusión
Los autores de *Cuba 11J* analizan las protestas del 11J como una respuesta a las fallas del capitalismo de Estado cubano, proponiendo un socialismo democrático, inclusivo y emancipador como futuro para Cuba. Sin embargo, su análisis omite una condena explícita de los 66 años de genocidio, opresión, represión, destierro y prisión bajo el régimen castrista, así como la complicidad de intelectuales que, a través de plataformas como Archipiélago, la Comisión Independiente del 15N, Cuba en Familia, CADAL y Cuba Próxima, han manipulado eventos espontáneos para alinearlos con su narrativa socialista.
Autores como Carlos Alzugaray Treto e Ivette García González, vinculados a la inteligencia cubana y a instituciones del régimen como el ISRI y el MINREX, reflejan esta contradicción al operar dentro de la tiranía mientras critican sus fallas. La falta de un examen crítico de las malas prácticas históricas y la persistencia en promover utopías socialistas sin sustento práctico, mientras intentan controlar el discurso público y apagar voces emergentes, limitan la profundidad de sus propuestas.
El futuro que avizoran —un socialismo participativo y equitativo— requiere confrontar el legado autoritario del castrismo y la complicidad intelectual que lo ha sostenido, un paso que estos autores, en su mayoría, no dan plenamente.