Los “regulados” por la Dictadura

En menos de un mes he tenido acceso a una lista de personas a los que la #DictaduraCubana les impidió de forma arbitraria e ilegal salir de Cuba y les comparto un post de Lía Villares quien fue victima de una golpiza por parte de los #militarescubanos
Lía Villares (en dos ocasiones junio 19 y el 26 ),Kirenia Yalil Núñez, María Elena Mir Marrero, Wilfredo Vallín,Amado Calixto Gammalame,Boris González Arenas, Alexei Gámez, Rafael León Rodríguez, Regina Coyula, Hildebrando Chaviano, Erick Alvarez, Henry Constantin, Sol García Basulto, Joanna Columbié, Marthadela Tamayo, Juan Madrazo, Jorge Amado Robert Vera, Fernando Palacios, Berta Soler
José Daniel Ferrer, FéLix Llerena, Sayli Navarro, Yusleidy Romero (fue citada por la policia para informarle que no le permitirian viajar a México), Roberto de Jesés Quiñones (fue notificado de que no le permitirán viajar enjulio)
Otra crónica del #sinderecho
Escrito por Lía Villares horas después de que la liberaran.  

Cuando la muchacha me hizo mirar a cámara y me pidió que me echara para atrás que había un “problema” con mi pasaporte, calmadamente me cambié, saqué mis carteles y me paseé por todas las puertas de salida diciendo que era una ciudadana cubana sin derechos. “Porque no”, fue la respuesta a gritos que me dio una funcionaria de inmigración cuando pregunté reiteradas veces que me dieran una sola razón lógica que explicara la negativa a mi salida.


Habían allí más activistas, al menos cuatro, a los que habían prohibido igualmente viajar en el mismo vuelo a Cancún.
Después de “alterar el orden” a las 3 de la tarde en la terminal 3 del aeropuerto, esto es: sacar un par de carteles y gritar mis derechos civiles y políticos, ampliamente apabullados, fui empujada a la patrulla 880 de la policía aeropuertaria, por la oficial 07718, una puta disfrazada de policía o viceversa, que después de jorobarme el brazo por la espalda y montarme a la fuerza, cuando una funcionaria de inmigración le dijo “métele un tapaboca” para que me callara, se dispuso a propinarme una serie de galletazos, acompañada de una mueca de placer lésbico aberrado. Le mordí como pude la mano que me arañaba la cara con unas uñas estilizadas larguísimas y pintadas de morado y le grité “perra” esquivando las galletas con mis pies, hasta que logró metérmelos también mientras cerraba la puerta de un tirón y el policía chofer hermetizaba la ventanilla. El carro patrulla arrancó y me despedí de los presentes con el signo de Libertad con mis dos manos extendidas en el cristal. Les pregunté a los policías si habían visto la secuencia de violencia femenina hardporn que evidenciaba un abuso clarísimo de autoridad y me contestaron que me callara o yo me iba a enterar de lo que era un tapabocas de verdad.Me llevaron primero a la estación del aeropuerto, con un cartel que decía policía en varios idiomas, ruso, chino, italiano, francés… evidentemente confundidos, y después de un rato me trasladaron a la de Santiago de las Vegas (telf. 7683 2116) donde me tuvieron hasta las 8 de la noche, esperando por el agente de la 21, esta vez un completo desconocido, para darme la “libertad”. Ese lo único que hizo fue ponerme una multa de 30 pesos según el decreto 141 artículo 1 G y ni siquiera me dirigió la palabra, ni a mí, ni al jefe del calabozo, el superior 1er teniente Chaveco, que estaba desesperado porque me fuera de allí porque ya lo tenía loco conque me dejara hacer mi consabida llamada telefónica, a lo cual me respondía, impasible ante mi trágica, pero no menos cierta, autodenominación de “desaparecida” y “secuestrada”, que quienes tenían que autorizarla eran los de la CI (contrainteligencia), porque yo, los “opositores”, éramos un caso especial.

Al principio me molesté en preguntarle mi situación legal al oficial de guardia, otro derecho negado, a lo que indagué si tenía otra función en el calabozo además de comer mierda, después de haberlo visto flirtear con una presa, cogerse la corriente con un toma precario y bromear con los encerrados al respecto, de la manera más atolondrada posible. El joven se ofendió y llamó a la mayor Isabel Peña, según se identificó, jefa de instrucción penal, quien luego de conocer mi estatus de “CR” y decirle al muchacho que a ella nadie le llamaba comemierda de esa forma, y de leer en alta voz el cartel de mi blusa (el artículo 13 de la Declaración universal de los derechos humanos sobre la libertad de movimiento, con un tono altamente irrespetuoso), me hizo un despliegue fabuloso de chusmería y me dedicó a “pleno pulmón” (textual) y manoteo un repertorio de improperios, plagados del más forzado odio ideológico al estilo de “mercenaria, bandida, contrarrevolucionaria”… que ciertamente me dejaron atónita y con ganas de aplaudir semejante actuación, digna de una sala de teatro. Y salió indicándole al de guardia que si se me ocurría sacar el celular, me lo “incautara”.

Una tarde en una estación como esa da para escribir un guión dramatúrgico.

No pude ver ni un solo caso de delincuencia, propiamente. Le “ocupaban” o “decomisaban” o simplemente robaban 40 mangos a uno, 40 litros de cloro a otro. Una bolsa con las pertenencias de un homeless, pensando que también las vendía. Un “deudor” de multas “injustas”, que hizo trizas la nueva que le daban. Uno que “no hizo nada” y aún así le dejaron ir con una multa de 1500 pesos. Y la novia/asistente del joven policía de guardia, que nunca dijo por qué la tenían allí desde el viernes, siendo un lunes. Esa es la entretenida vida de un calabozo cubano: sin crímenes ni criminales.

Condeno una vez más la impunidad de todos los funcionarios públicos que participan y son cómplices de esta farsa, porque no creo que deba tomarse en serio la supuesta “autoridad” de estas personas, al servicio de la tiranía más larga de la región. Algún día habrá un ajuste de cuentas, no lo sé, pero deberían hacerse responsables por los secuestros y detenciones arbitrarias desde ya.

Las organizaciones que invitan a los activistas y gastan recursos en boletos que son desechados sin respuesta por los funcionarios de inmigración deben hacer una queja formal y oficial para que las indemnicen por los pasajes perdidos y haya un coste moral al menos para esta institución y quizás un freno a la hora de este actuar impune y represivo contra ciudadanos cubanos, pacíficos, defensores de derechos humanos.

Me solidarizo como una más, con todos los activistas que están siendo impedidos de salir del país, porque sé que en algunos casos esta politica del desgaste e intimidación puede funcionar y abandonarán por frustración y soledad. Pero muchos, seguiremos dando tremendo berro.

 

El Presidio Político de Isla de Pinos: Un libro imprescindible para entender a los presos plantados de Cuba

La lectura de El Presidio Político de Isla de Pinos de Ramiro Gómez Barrueco (Manino) es imprescindible para entender por qué a pesar de los años de prisión, de torturas y de abusos del castrismo los presos políticos plantados conservan el amor por Cuba y el deseo de ver libre el país donde nacieron.

El Presidio Político de Isla de Pinos sale a la luz meses después de que Barack Obama lanzara en su precario español el jQue bolá! como frase madre de todas las conciliaciones y le pasara por encima al rastro de sangre y dolor que han dejado los hermanos Castro y su séquito de adoradores en la isla, para anunciar lo del restablecimiento de relaciones entre la Dictadura y su gobierno.

No sé si el ex presidente Obama, ni sus asesores en el tema Cuba (insisto en destacar el nombre de Ben Rhodes), ni los que se sumaron en esos años de conversaciones y mediaciones secretas para que se hiciera el “milagro”, conocen bien una parte de la Historia de Cuba que la Dictadura ha intentado sepultar.

Pero si sé con exactitud que mi generación (la que nació a finales de la década de 1950 y la que fue llegando después) no conoce la verdad de lo que hizo el castrocomunismo para llegar a donde está.

Por eso, para ambos grupos, sugiero la lectura del libro de Manino, para que profundicen en el conocimiento de los hombres que enfrentaron al Aparato Represivo y que hicieron la historia del presidio político plantado y para que entiendan del valor e hidalguía que anida en ellos.

De cuando los del 26 de julio hacían acciones violentas pero no se usaba la palabra terrorismo

Cada año la Dictadura Cubana en sus medios de prensa recuerda las acciones que los integrantes del M-26-Julio realizaron para derrocar a Fulgencio Batista y alaba los métodos empleados para enfrentar a las fuerzas del orden en el país.

En aquella época en que los del 26 de julio hacían acciones  no se usaba la  palabra terrorista  los textos publicados por el régimen castrista justifican las acciones violentas con el hecho de que era necesario derrocar el sistema.

Según la visión de los vencedores  ajusticiar a tiros, hacer explotar una bomba en un lugar público, y  volar un puente era  imprescindible para derrocar al régimen.

Fueron acciones que aún alaban y defienden los comandantes históricos que siguen en el poder y los que ya murieron.

Les comparto un texto que encontré en Cubanos por el Mundo sobre una de las “lindezas” que hacían en esa época los del 26 de julio cuando la palabra terrorismo era justificada por sus protagonitas.

La historia de Urselia Díaz Báez y su bomba que provocó su muerte

Aunque Urselia Díaz Báez solamente tenía dieciocho años de edad al momento de morir, ya había realizado varios actos terroristas en lugares públicos de La Habana, donde asistía un gran número de personas inocentes, como se muestra en el libro: “Tras las huellas de los héroes,” escrito por la investigadora Nidia Sarabia y publicado en 1980 por la editorial Gente Nueva. En sus páginas se puede leer:

tarja-urselia-diaz1“Cierto día se le dio la encomienda de realizar una misión peligrosa: tenía que hacer explotar una bomba en el edificio Bacardí. Mientras, otra compañera realizaría una acción similar en el edificio de la Manzana de Gómez

Un miembro de su célula fue detenido. Los padres de Urselia, temerosos de ser delatados, consiguieron que su hija se trasladara a la casa de un familiar, pero ella accedió con tal de llevar a cabo una misión que se le había encomendado. Se trataba de realizar un sabotaje en un bar situado en las calles Ángeles y Estrella, a pocos metros de la casa de su tía, donde se escondía. Urselia llevó a cabo el mismo y se mezcló entre el público y la policía para observar el resultado de su operación.

Otro día realizó semejante operación en el Ten Cent de la calle Obispo”.

Una tarja colocada en el cine-teatro América, ubicado en la calle Galiano, Centro Habana, recuerda que el 3 de septiembre de 1957 murió destrozada la terrorista Urselia Díaz Báez -estudiante del Instituto de La Habana e integrante de los grupos de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio-, cuando le explotó la bomba que iba a poner en el cine.