Patente de corso

La orden está dada e indica en buen cubano que hay patente de corso para patear, arrastrar, quebrar huesos, romper cabezas y encerrar en prisiones por el tiempo que los uniformados quieran o que el General ordene.

Los hechos más recientes suman testimonios de espanto en Bayamo, Holguin, Santa Clara, La Habana… Cuba entera.

Ezequiel Morales del Movimiento Cristiano Liberación tiene una pierna enyesada debido a la fractura de 10 mm en el menisco que le produjo una golpiza propinada por los oficiales de la Seguridad del Estado en Holguín cuando intentaba llegar al juicio a Ángel Carromero.

Yoandri Montoya fue detenido en Bayamo durante cuatro días y por segunda vez en lo que va de año fue golpeado y lesionado por las fuerzas del orden en la ciudad”. Me detuvieron cuatro días, me encerraron en los calabozos, me maltrataron tanto que hasta un brazo me lesionaron. Su delito ser activista de derechos humanos.

Yoandris Gutierrez Vargas su esposa Ania Peralta y otros vecinos de Bayamo todavía tienen en sus cuerpos las marcas de los golpes que les dieron dias antes del juicio al espanol involucrado en la tragedia donde murieronn Oswaldo Payá y Harold Cepero Carromero para sacarlos de la vista de los foráneos que vistaran la ciudad en esta temporada.

Ex preso político Antúnez denunció en su cuenta de twitter que la “Policía asaltó ómnibus de pasajeros, bajó por la fuerza, golpeó y arrestó a seis mujeres que iban a misa a la iglesia en Santa Clara.

Yanisbel Valido, Alexei Sotolongo y Hanoi Almeida fueron detenidos a fuego de tonfazos en la noche del 17 de octubre en la calle Estrada Palma de Santa Clara. Los uniformados le gritaron a los jóvenes “ gusanitos” y estos en riposta gritaron “Vivan los derechos humanos y abajo la dictadura”.
Hanoi Almeida requirió atención médica de urgencia luego de la golpiza. Sus amigos fueron a la estación policial a indagar por é y hasta uno oficial de la seguridad del estado reconoció “que al policía que agredio a tonfazos a Hanoi, se le fue la mano con los golpes”.

Decenas de opositores son arrestrados por las calles cuando se niegan a convertir sus casas en celdas policiales o cuando salen a ejercer su libre derecho a viajar por el país. Pero de nada vale reclamar ni denunciar en las fiscalias de cada provincia, La respuesta siempre es que los opositores al régimen no tiene derecho a nada.

La historia de los esbirros contra el pueblo se repite, en otro tiempo pero en el mismo lugar.

Cinco décadas atrás los cubanos llamaban esbirros a las fuerzas del orden de Fulgencio Batista que salían a detener y aporrear a grupos de jovenes libertarios que se alzaron en armas, tomaron cuarteles, y distribuyeron cocteles molotov por cines y zonas públicas.

Ahora los cubanos impenitentes llaman esbirros y las fuerzas parapoliciales de Fidel y Raúl Castro cuando los golpean y humillan.
Ante el porrazo los cubanos de hoy usan la única arma que el totalitarismo les ha dejado -la voz- para decir Abajo la dictadura y Vivan los derechos Humanos.

Los golpes, las patadas, los tonfazos, las esposas, van cayendo sobre los cubanos porque la orden del general sigue en pie y los esbirros gozan de total impunidad. En medio de esa confrontación silenciosa avanza Cuba hacia un futuro donde el odio y el resquemor crece.

Represora pretende viajar definitivamente a los EEUU.

Por cortesía de Yoan David González Milanés y Maury Emilio Dupuy Arredondo, opositores residentes en Santa Cruz del Sur, afiliado al Frente Nacional de Resistencia Cívica Orlando Zapat publico este post tal y como ellos han pedido que se divulgue.

La agente informante de la Seguridad del Estado, “Saíly Freire Lachicot”, miembro activo de las represivas pandillas de Respuesta Rápida en el municipio camagüeyano Santa Cruz del Sur, pretende a discreción, realizar trámites para viajar lo más rápido posible hacia los EEUU. luego de contraer nupcias el pasado 30 de julio de 2012, con el ciudadano cubano, “Leoncio Agüero Pacheco”, residente en ese país.
“Saíly Freire Lachicot”, labora como instructora deportiva en el Combinado Deportivo Municipal, en Santa Cruz del Sur, donde junto a su hermana paterna, la también segurosa y paramilitar, “Jenny Freire Rosabal”, conjuntamente a otros reconocidos represores, se encargan de la organización y dirección de los violentos actos de repudio contra las viviendas de los opositores prodemocráticos, así como de las provocaciones verbales y agresiones físicas en la vía pública.

Como muestran las siguientes evidencias, se le puede claramente observar el pasado viernes día 13 de julio de 2012; por cierto, bien animada participando del violento acto de repudio contra la vivienda del dirigente opositor y activista de los Derechos Humanos, Yoan David González Milanés, donde radica la sede de la resistencia anticomunista en la zona, y donde reconocidos civilistas de diferentes regiones del país, se dieran cita para conmemorar el XVIII aniversario del criminal hundimiento del remolcador 13 de marzo, por órdenes de la dictadura castrista, hecho que cobró las vidas a 41 personas.

De sobra conocemos los casos de personas de esta calaña, que luego de su bochornosa complicidad y servilismo con el régimen castrista, se marchan a residir en los EEUU. como si nada hubiese ocurrido, mintiendo cínicamente a los funcionarios de la oficina de Intereses en La Habana, cuando les preguntan si pertenecen a las filas de la UJC, PCC, FMC, CDR, PNR, SE, y otras instituciones represivas de la tiranía, y si han participado en actos de represión, persecución, violencia y torturas contra las personas por motivos políticos, religiosos, raciales, etc.
Y he aquí un caso singular. De seguro la respuesta de esta joven porrista del castrato, ante el funcionario que la entrevistará en la Sección de Intereses, será: “NO”.
Conocemos el arduo trabajo que realizan los funcionarios de la Sección de Intereses de los EEUU. en La Habana, así como el respeto y la amabilidad con que tratan a los ciudadanos cubanos que acuden diariamente a esa institución diplomática; por ello, que quede bien claro, para nada estamos cuestionando sus métodos de trabajo ni nada por el estilo, pues, sabemos de sobra que no están al tanto de conocer las vidas de todas aquellas personas que solicitan visa para emigrar a los EEUU. pero, a diferencia de otras personas con situación similar, pero, sin evidencias probatorias que les incriminen, en el caso de esta joven porrista al servicio de la Policía Política castrista, si estamos suministrando amplia evidencia de su bochornoso y torcido proceder, para una valoración y posterior decisión del caso; ello sin contar, que de negar al funcionario su participación en estos actos de vandalismo y terrorismo de estado, estaría también incurriendo en el delito de perjurio.
Por favor, enviar una copia al departamento de Inmigración y Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América, para su conocimiento; luego son estas personas quienes espían, difaman y atentan contra la paz, la estabilidad y la democracia de esa gran nación.

La búsqueda de desaparecidos abre más interrogantes.

Durante el período de insurgencia contra el poder totalitario en Cuba cientos de hombres perdieron la vida en las montañas del Escambray y los restos mortales fueron recogidos por la milicia nacional revolucionaria y sepultados en fosas sin identificar, tanto en los cementerios cercanos a la zona donde ocurrieron los hechos como en fosas comunes en cualquier lugar del terreno en el macizo montañoso.

Los que sobrevivieron aquella etapa de confrontación civil en Cuba consideran que en los parajes montañosos hay fosas que jamás fueron identificadas con la más leve señal de ahí que después de tanto tiempo es prácticamente imposible determinar los lugares y encontrar los restos en caso de que existiera la voluntad de hacer la búsqueda.

Estrella Cuéllar, viuda de Osvaldo Ramírez asegura que a ella nunca le dijeron dónde sepultaron a su esposo que murió en abril de 1963 mientras estaba alzado en el Escambray y el cuerpo fue recogido por los milicianos y no por los integrantes de la guerrilla que estaban en la zona.
Según la viuda pese a innumerables gestiones que hicieron para conocer el destino de los restos mortales del Comandante guerrillero jamás tuvieron información confiable por parte de las autoridades militares y la seguridad del Estado que era quien se encargaba en aquellos años de esas acciones.
Destaca Estrella que cuando se difundió la noticia de la muerte de su esposo ella pidió ver el cadáver y fue citada a Cienfuegos para identificarlo, sin embargo el cuerpo que le mostraron no era el de Osvaldo Ramírez. “A él le faltaba un dedo en una mano por eso yo pude comprobar desde que entré al lugar que aquel no era mi esposo porque al cadáver no le faltaban sus dedos”, aseguró.

Tiempo después Osvaldo Ramírez Cuéllar, hijo, realizó gestiones con las autoridades del MININT en la antigua provincia Las Villas y un militar le dijo que en los archivos del MININT no encontró ninguna información del dónde habían sepultado al Comandante Guerrillero.
La familia de Ramírez que emigró a los Estados Unidos años después nunca cerró ese capítulo de dolor.
También en ese empeño del gobierno cubano de establecer control absoluto sobre los lugares donde fueron sepultados los insurgentes está el caso del Comandante Guerrillero del Escambray José (Cheíto) León que fue sepultado en la zona muy cercano al lugar donde murió en un enfrentamiento con la milicia comunista. Cuando los familiares querían visitar la tumba debían informarlo a la Seguridad del Estado dijo Ricardo Santiago Medina hijo de una hermana de José Cheíto León.

Según Medina las autoridades militares al paso de los años de morir su tío le dijeron a la familia que fue sepultado en un lugar cercano a Sopimpa pero para llegar hasta allá deben pasar por el trámite de informarlo al G-2 y esperar autorización.
Dice que él nunca ha visitado la tumba donde depositaron los restos del guerrillero porque no acepta cumplir esa trámite de pedir permiso.
En circunstancia diferente pero violatoria de los más elementales derechos del ciudadano está la familia de otro alzado del Escambray Pedro González Sánchez que sí conocen donde está sepultado el insurgente, pero tienen que pedir autorización a la Seguridad del Estado para ir al cementerio y esperar que sean los miembros del MININT quienes los llevan a una tumba pero identificada con un seudónimo.

Gabriel Miranda hermano de un desaparecido y que trabajó por un tiempo en el cementerio de Trinidad asegura que el Ministerio del Interior y la Seguridad del Estado deben tener el control de los osarios y las tumbas pero no dan la información porque no hay voluntad para aclarar plenamente todo lo ocurrido en esos años duros que vivió el país.

Hombres desaparecidos y tumbas sin identificar en Cuba

Opositores en Santa Clara luego de muchos años de búsqueda pudieron determinar que en algunos de esos osarios reposan restos de caídos en combate en el Escambray

Hombres desaparecidos, tumbas sin identificar y fosas comunes en cualquier lugar de las montañas de la antigua región Escambray forman parte de las páginas inconclusas de la Historia de Cuba de las últimas cinco décadas.

Pero la tarea de compilar las verdades para componer sin omisiones la Historia es difícil por una razón central: la falta de voluntad de los fundamentalistas cubanos para decirle a los familiares de los que murieron en combates en el Escambray o que fueron fusilados en esa región, dónde están los restos de los fallecidos.

Mario Miranda alzado contra el régimen de Fidel Castro murió en un enfrentamiento con la “Milicia Revolucionaria” en un punto conocido por El Dátil en Guanayara zona montañosa de la Región Escambray el día 4 de enero de 1961. Aún su familia no sabe dónde está sepultado. Han realizado todo tipo de preguntas y nunca han encontrado respuestas de las autoridades cubanas.

Gabriel Miranda hermano de Mario residente en Trinidad, declaró que su familia denuncia al gobierno cubano por no haberle dado nunca confirmación de la muerte del insurgente, ni el lugar donde está sepultado.

“Queremos que la opinión pública conozca de esta etapa de dolor que hemos vivido desde 1960 hasta la actualidad”, dijo el expreso político que también se alzó en armas en la zona de Trinidad en 1960 y cumplió prisión en cárceles cubanas.

Según recuerda Gabriel Miranda el día del enfrentamiento en El Dátil donde estaba su hermano, murieron todos los “alzados” y la milicia lo informó así. Luego dejaron los cadáveres en el cementerio de Trinidad para que los sepultaran y aunque la familia buscó entre los muertos y realizó todo tipo de indagaciones nunca encontró respuestas de las autoridades locales.

Explica Gabriel que ante el silencio oficial decidieron hacer pesquisas por cuenta propia en el cementerio de Trinidad y lo único que pudieron conocer es que en ese lugar sí hay muchas tumbas pero no están identificadas y que en ese cementerio no existen controles que indiquen a quienes pertenecen las fosas sin identificar.

Gabriel con más de setenta años trabajó en el cementerio de Trinidad por un tiempo y dice que aprovechó la oportunidad para revisar el lugar. Tenía la esperanza de encontrar algún indicio de su hermano pero lo que ha podido confirmar es que no son la única familia que no ha cerrado ese capítulo de dolor que se escribió en Cuba en los primeros años de la llegada al poder de Fidel Castro.

“Ya sólo nos queda contar la historia de nuestra familia para que el mundo entero conozca esto que ha ocurrido dijo el expreso político cubano, alzado en el Escambray en los primeros meses de la llegada al poder de la dictadura más larga de América Latina.

Cinco décadas de silencio y dolor.

Las historias de familias cubanas que nunca han podido saber dónde fueron sepultados los restos mortales de los que fallecieron en combates o fueron fusilados en los primeros años de la llegada al poder del Ejército Rebelde comandado por Fidel Castro, es extensa.

Los nombres de aquellos que aún pueden considerarse desaparecidos porque no ha habido confirmación de la muerte también conforma una extensa lista pero durante cinco décadas el gobierno cubano ha echado paletadas de silencio sobre el tema y cientos de familias cansadas de indagar y buscar el lugar donde reposan los seres queridos han decidido dejar la página inconclusa, algunos porque se han sentido impotentes ante el silencio oficial o la evasiva de las autoridades del MININT, otros por miedo a represalias y el resto porque en han fallecido.

Cinco décadas de silencio es tiempo suficiente para que capítulos de historias no contadas, ni publicadas, corran el riesgo de pasar inadvertidas.

En los primeros años de la llegada al poder de Fidel Castro se fusiló en Cuba en cualquier lugar y después los restos mortales de los aniquilados fueron enterrados en los cementerios más cercanos a los lugares del fusilamiento. De igual manera se procedió con los caídos en combates o enfrentamientos guerrilleros en el Escambray y en otras regiones del país.

Lo más común era que las autoridades no informaban dónde habían sepultado al fusilado o muerto en combate y eso llevó a los familiares a vagar por los distintos cementerios para averiguar si sus seres queridos estaban allí. Muy pocos pudieron obtener información o localizar las tumbas de los sepultados, en ese momento.

Algunos entrevistados dijeron que al cabo de muchos años fue que recibieron información oficial de dónde estaban los restos mortales de los seres queridos y otra parte ha denunciado que nunca fue informada.

En indagaciones con familiares de fusilados y muertos en combate, han relatado que recuerdan muy pocos casos en que entregaron los restos del fusilado para que le dieran sepultura.

Con los fusilados y los que caían en los combates en el Escambray se procedía de una manera similar: los cadáveres de los insurgentes o fusilados eran recogidos en las zonas donde caían y los llevaban al cementerio, siempre en horario nocturno y allí los sepultaban. Como los sepultureros desconocían datos del muerto procedían sin identificar las tumbas lo que hace suponer que cuando eran varios los cadáveres se dificultaba mucho más determinar exactamente a quién podría pertenecer.

También existieron decenas de familia que no recibieron información del Cementerio donde sepultaron a los insurgentes hasta pasados varios años y otras fueron informadas de que en la tumba les habían incluido un seudónimo de ahí que la familia del alzado Pedro González cuando iba al cementerio rendía tributo ante una lápida que tenía otro nombre porque sencillamente la seguridad del estado les impuso esa condición: decir donde estaba pero usando un seudónimo.

Ese es uno de los capítulos de dolor que las familias implicadas en Cuba no han podido cerrar.

Y es una historia de sufrimiento que apenas conocen las actuales generaciones por el marcado interés del gobierno extremista de imponer Otra historia para justificar los crímenes, los asesinatos, y las extensas páginas de nombres de desaparecidos por haberse enfrentado al poder totalitario.

Sobre este tema y las declaraciones de Gabriel Miranda que fueron publicadas en Marti Noticias:

Muchas familias de la zona del Escambray no han encontrado aún los restos de sus familiares muertos en combate o fusilados durante la confrontación civil que tuvo lugar en la década del 60 en esta región central de Cuba.

La tarea de compilar las verdades para componer sin omisiones la historia, es difícil por una razón central: las autoridades cubanas jamás han explicado a estas familias donde están los restos mortales de quienes murieron en lo que el régimen bautizó como “lucha contra bandidos” y que en realidad fue un alzamiento popular contra Fidel Castro y su propuesta comunista.
Mario Miranda, alzado contra el régimen de Fidel Castro, murió en un enfrentamiento con la “milicia revolucionaria“ en un punto conocido por El Dátil, en Guanayara, zona montañosa de la región del Escambray el día 4 de enero de 1961. Su familia aún no sabe dónde está sepultado. Han realizado todo tipo de preguntas y nunca han encontrado respuestas de las autoridades cubanas.

Gabriel Miranda, hermano de Mario, residente en Trinidad, declaró que su familia denuncia al gobierno cubano por no haberle dado nunca confirmación de la muerte del insurgente, ni el lugar donde está sepultado.

“Queremos que la opinión pública conozca de esta etapa de dolor que hemos vivido desde 1960 hasta la actualidad”, dijo el expreso político que también se alzó en armas en la zona de Trinidad en 1960 y cumplió prisión en cárceles cubanas.

Según recuerda Gabriel Miranda, el día del enfrentamiento en El Dátil, donde estaba su hermano, murieron todos los alzados y la milicia lo informó así. Luego dejaron los cadáveres en el cementerio de Trinidad para que los sepultaran y aunque la familia buscó entre los muertos y realizó todo tipo de indagaciones, nunca encontró respuestas de las autoridades locales.

Explica Gabriel que ante el silencio oficial decidieron hacer pesquisas por cuenta propia en el cementerio de Trinidad y lo único que pudieron conocer es que en ese lugar sí hay muchas tumbas pero no están identificadas y que en ese cementerio no existen controles que indiquen a quiénes pertenecen las fosas sin identificar.

Gabriel, con más de setenta años, trabajó en el cementerio de Trinidad por un tiempo y dice que aprovechó la oportunidad para revisar el lugar. Tenía la esperanza de encontrar algún indicio de su hermano pero lo único que ha podido confirmar es que no son la única familia que no ha cerrado ese capítulo de dolor que se escribió en Cuba en los primeros años de la llegada al poder de Fidel Castro.

“Ya sólo nos queda contar la historia de nuestra familia para que el mundo entero conozca esto que ha ocurrido, dijo el expreso político cubano, alzado en el Escambray en los primeros meses de la llegada al poder de la dictadura más larga de América Latina.