Al otro lado del camino real

Erenio Ramírez Serrano propietario de una finca en la zona conocida por Jagueyes perteneciente a Buenaventura, Holguín, fue golpeado y pateado por el policía Rubén Ramírez el pasado doce de febrero. Los hechos ocurrieron cuando el buey de un vecino entró a la propiedad del agricultor y causó estragos que obligaron al dueño de la parcela a sacar el animal de allí y dejarlo en el camino.
La acción del campesino, lógica en el entorno de propietarios de parcelas de tierras, no le gustó al policía, hermano del dueño del animal y por esa razón el uniformado tomó “la justicia” por su cuenta y agredió al hombre indefenso e inocente.
Los integrantes de las fuerzas del orden y la seguridad nacional son entrenados para golpear, reducir a la obediencia y contener al oponente y en ese caso el engreído, descargó la furia contra el hombre indefenso. La arremetida del policía de cuarenta y dos años de edad contra el agricultor de sesenta y cuatro, confiado de que nadie tenía por qué agredirlo, culminó cuando los maltratos produjeron lesiones a Ramírez Serrano que transitó desde el hospital a la Unidad de la Policía más cercana a presentar el hecho.
La denuncia de la víctima fue presentada, papeles médicos en mano,ante el ‘cuartel’ de Buenaventura, Holguín, donde le dijeron que deberá esperar un tiempo indeterminado porque ‘el asunto pasará a manos de la Fiscalía Militar que se encargará de hacer la investigación pertinente. Mientras, el policía sigue pavoneándose con su uniforme y su pistola por donde viven Erenio y los vecinos que presenciaron el abuso policial desde el otro lado del camino y que han afirmado que ‘el día del juicio’ declararán a favor del inocente.
Pero el tiempo de un trámite legal en Cuba nadie lo conoce cuando se trata de incriminar a un lobo de esa camada.
El esbirro sigue en las calles del país sirviendo a la PNR. lleva uniforme y pistola y eso marca una distancia transparente entre él y las miradas de rabia de un vecindario que desde el otro lado del camino real lo describe como un abusador y un criminal.Hoy se ampara en la impunidad de una ‘ley’ que puede cambiar en un lugar donde mañana sabe a justicia y perdón pero también a venganza y odio.

Acta de advertencia para un represor

El totalitarismo, la dictadura o como quieran llamarle al engendro Revolución que llegó al poder en Cuba en 1959 no ha cambiado su naturaleza represiva y las muestras están en los informes del horror emanados de la isla cada año. Estos detallan el aumento de acciones violentas de las fuerzas policiales del régimen contra los oponentes.
Los registros de acciones violatorias del derecho ciudadano que se reportan desde todas partes del país van desde la advertencia en una oficina policial hasta la intimidación, la golpiza y el encierro en calabozos del que piensa diferente a los que ostentan el poder. La máxima del represor está en cumplir la orden de más arriba sin importarle a quien lastima o sofoca. Nadie duda que las víctimas son los que salen a las calles a expresarse libremente y que los uniformados y la policía política (no uniformada para confundirse con las turbas) son los se abalanzan sobre los inconformes a golpearlos y humillarlos.
Los sucesos de este siglo XXI cuentan con la ventaja de estar al alcance de todos ahora y mañana. Las fotos, los audios e imágenes que aparecen en internet en los últimos tiempos permiten entender que en la isla se emplean métodos violentos para sofocar a quien piensa diferente y lo exprese. Las injusticias afloran por todo el país y la tecnología permite divulgarlas en instantes.
En la frontera transparente, donde no hay jerarquías ni marcas del tiempo pasado o presente, cada cual puede publicar lo que desee sin buscarse otros problemas que los que marca la ley universal al que transgrede el orden ético o incite al crimen de lesa humanidad. Desde cualquier punto de la isla se puede enviar al ciberespacio la imagen de lo insospechado ya sea de manera anónima o con nombre y apellido real.
Así la historia del país en la última década se puede recopilar y archivar en las bitácoras estatales pero también en las personales. En ese espacio invisible pero real van quedando los rostros y gestos de los que han hecho el mal o el bien. Ellas serán el testimonio vivo que nos ayudará a la hora de hacer justicia para reconciliarnos como debe ser.

Douglas, un ‘tipo duro’ en Holguín

Es un policía político, me cuentan los holguineros que es un sicario con los activistas de derechos humanos, periodistas independientes, opositores y ciudadanos que no le bajan la cerviz. Se presenta en cada ocasión como el mayor Douglas, segundo jefe de enfrentamiento en la provincia Holguín.
Atendiendo a su cargo y título político- militar debía ser el que diera las órdenes para que otros subordinados la cumplan pero es tan eficiente que ordena y también ejecuta.
Ordena porque él es el nexo entre el mando superior y el mando inferior y no puede dar apariencia de débil ni permisivo. Ejecuta por si acaso alguien le va con el chisme al Estado mayor de que Douglas no ‘aplicó la mandarria’ con todo el rigor que sugirieron allá en la Habana los del Departamento 21.
Y vuelve a ejecutar para que no lo sancionen o lo trasladen a otro lugar porque los disidentes se le escaparon y marcharon por las calles, o sacaron una pancarta muy grande que decía Abajo Fidel o gritaron a pleno pulmón Vivan los Derechos Humanos.
Quiere estar seguro de que todo se hizo como le ordenó el general para al final de mes coger el estímulo que les da el MININT a los más efectivos y también disfrutar de la semanita de vacaciones en Gualdalavaca o en algún Hotel de la corporación Gaviota.
Douglas es un tipo duro en Holguín. Es bastante joven, qué bueno, porque así le quedará mucho tiempo para cuando le pidan cuentas por todos los golpes que dio, la asistencia legal no tenga que esgrimir atenuantes de que es un viejito loco, o un anciano muy enfermo al que la vida se le acaba.
Reina Luisa Tamayo y sus hijos vivos así como el asesinado Zapata Tamayo saben cuanta noche se estrujan en el interior de ese hombrecillo. Cari Caballero Batista perdió la cuenta de las veces que ese personaje la ha golpeado o ha permitido parado frente a ella que la arrastren entre dos hombres y la tiren de bruces en una celda pestilente del conocido centro de detención conocido por Pedernales. Douglas no dice nada cuando los hombres del G-2 y los serviles ayudantes golpean a mujeres: Mildrei Noemí Sánchez, Marta Díaz Rondón, Dayami Romero, Gertrudis Ojeda, Tania Montoya, Mariblanca Avila…

Zona PCR en Cuba

En Cuba el alto mando del G-2 (Ministerio del Interior) llama Zona PCR a los municipios enclavados en la antigua Región Escambray. La denominacion de ese lugar nació a partir de 1960, una vez que Fidel Castro y la élite que le secundaba entendieron que allí se gestaba una insubordinación contra ese poder que ellos, los de verdeolivo, acababan de implantar.
Es un territorio donde conviven todos los cubanos que nacieron o se establecieron en el lugar. Hombres y mujeres, viejos y jóvenes, creyentes y no creyentes, blancos y negros, filósofos y labriegos, generales y doctores, lumpens y proletarios, campesinos y obreros.
Lugar donde se puede vivir como mismo se puede hacer en cualquier parte del planeta. Pero vigilado. Geografía amplia donde se puede ser feliz, medianamente feliz, o de plano, infeliz. Pero vigilado.
El Escambray está situado en el Centro de Cuba . Carga hace más de cinco décadas con la definición Zona PCR (Zona Potencial Contrarrevolucionario ) porque fue uno de los escenarios donde más tiempo duró la insubordinación de los cubanos contra la tiranía más vieja del continente americano, esa que en 1959 encandiló a muchos que la nombraron sol refulgente.
El término Zona PCR en el Escambray no aparece en las tantas vallas situadas en las carreteras cubanas que llevan al visitante montaña arriba hasta los centros turísticos situados en Topes de Collantes; ni en las calles que los foráneos recorren al pasear por el casco histórico de la Villa Trinidad. Tampoco en las aguas de las playas del sur.
PCR sólo se usa en la voz de oficiales del G-2 (Ministerio del Interior) cuando citan a un residente del lugar, no importa si poeta, médico, profesor, estudiante o agricultor, a cualquier oficina del MININT en municipios de la región, para advertirle que está bajo vigilancia total porque la Sección 21 lo considera contrarrevolucionario y en el Escambray no puede haber elementos “Potencial Contra Revolucionario”.

La memoria mutilada

La  historia de la nación cubana ha sido mutilada  y sepultada por más de medio siglo. Desde 1959 hasta la actualidad el país ha estado gobernado por un régimen autoritario y despótico que obliga  a quien decida hablar de la historia del país en las últimas cinco décadas a tener en cuenta la llegada al poder de Fidel Castro y  el momento en que el propio hombre escudado en la  investidura de Comandante en Jefe proclamó el carácter socialista de la  revolución.

Esa proclamación fue la que puso a la nación en una disyuntiva: estar a favor de lo que  ordenara o dispusiera el Máximo Líder del país o declararse enemigo público de la Revolución.

No dejaron otra opción  y  la historia del país comenzó  a transitar  una senda donde orden y justicia perdieron el verdadero significado.  Las palabras censura, mutilación de  hechos,tergiversación de  acontecimientos, anulación de sucesos históricos reales y la superposición de otros evaluados y aprobados por los inquisidores del pensamiento,  cobraron especial distinción y marcaron los caminos de la conducta nacional a partir de la década del sesenta.

La generación que por los años sesenta apenas alcanzaba la adolescencia y los que nacieron a partir de que el ejército verdeolivo tomó el poder fuimos creciendo sin saber todas las verdades, nos contaron una historia mutilada, nos escondieron unos sucesos para imponernos otros.

Crecimos creyendo que lo injusto era justo  y que la moral puede usar antifaz. Aprendimos de inmediato que  decir lo que uno pensabas podía causar problemas si el interlocutor no lo aprobaba. Nunca nos dimos cuenta del momento exacto en que nos secuestraron el pensamiento, la herencia cultural y nos  impusieron Otra Historia, inexacta, mutilada, falseada.

Con esas dobleces que asumimos en muchas ocasiones como conducta adecuada hemos vivido por más de medio siglo. Y de vivir tanto tiempo en medio de la injusticia perdimos la noción de hasta donde el hombre es éticamente correcto y hasta donde llegan los bordes del deber ciudadano.

La frontera une y separa, dibuja y diluye, amansa y encrespa.

La memoria de la nación no tiene  cuerpo real, es un  cúmulo indefinido, transparente  que habita en  los cubanos. En la de los que han tenido la razón pero no el poder   para   demostrar que cambiar  es más justo y lícito que seguir senderos equivocados  y  la del oponente que  se sabe triunfador porque trazó un camino de golpes, disparos, mordazas y calabozos. En la memoria de los que miraron una obra artística  arrasada por el mandato de hombres vestidos de verdeolivo. Del  músico o el escritor que decidió por el exilio,  el silencio o el ostracismo ante la doblez y la simulación.  En la psique del que oyó disparos  cuando fusilaban al que no quiso seguir al tirano. En el oído del que  escuchó  el golpe  del martillo que marcó la decisión fatal contra el inocente. En la pérdida de fe del que,  creyendo en Jesús abjuró de él para no ser excluido o encarcelado.

Los cubanos como pueblo, como nación estamos en la isla  y en el mundo entero divididos sólo por  una frontera transparente.  Frontera   que no marca días ni años, no  incluye cercas ni muros. No conoce de ayer ni de hoy. En ella están los que han creído que el verdeolivo  es bueno, necesario y se han sumado por más de cincuenta años  y los que han visto el traje militar como  señal   de lo nefasto. Los que tomaron el camino del exilio al principio, los que salieron después, los que enfrentaron en la isla   la muerte real o   la muerte en vida. Los que en ella  suenan y fabrican futuro.

Allá y aquí, ayer y ahora, estamos en este empeño donde no hay tiempo ni distancia, ni pasado ni presente  Solo una frontera transparente  que bordea una  isla repartida por todas partes, inmensa y diminuta, estática y cambiante  en la que permanecemos y de la que nunca nos podemos ir cuando el límite que marca la separación es  una línea etérea, límpida, libre de   jerarquías y confines reales.

Transparencia   que une  y separa, dibuja y diluye, amansa y encrespa.